Le encanta que le dé masajes en la espalda, que le acaricie con la punta de los dedos, que presione con las manos, que apriete con los nudillos… A veces me invento caricias y movimientos nuevos, y se deshace de placer.
La verdad es que le pongo más imaginación que técnica, pero a él no solo no le importa sino que suele decirme que tengo unas manos de oro. Y se derrite de placer.
Y a mí me encanta sobarle la espalda, la encuentro una zona de su cuerpo tan sexy, tan masculina…
El caso es que, en realidad, no tengo ni idea de dar masajes, pero en El Pito Doble he encontrado unos cuantos vídeos que enseñan cómo se debe dar un buen masaje de verdad. Me los pienso estudiar con calma.
En esta entrada hablo de: amor, convivencia, Ifoxe, sexo, videos
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