- Mamá, ¿cómo te pidió papá que te casaras con él?
- Pues verás, Júlia, fue un momento muy romántico. Ya habíamos hablado antes del tema, incluso de los detalles, pero la confirmación “oficial” llegó cuatro días antes del Día de los Enamorados. Él no podía esperar, estaba impaciente porque llegara ese momento aunque “el plan original ” imponía esperar hasta el 14 de febrero. Yo también le había estado pinchando durante días porque también estaba ansiosa por recibir mi regalo de San Valentín, aunque ni por asomo me imaginaba la sorpresa que me tenía preparada.
Y llegó el momento: estábamos en Canet, era un sábado por la noche, habíamos pasado toda la tarde con unos amigos. Eran las dos de la madrugada, acabábamos de llegar al camping y estábamos ya casi llegando al bungalow, y yo me había pasado la mitad del “viaje” durmiendo en el coche de lo cansada que estaba. Él me detuvo y me dijo que me iba a dar mi regalo en ese momento.
Escondió algo detrás de su espalda, se oyó crujir de papel que se rompe, hincó una rodilla en el suelo y me dio una rosa artificial. Te parecerá una tontería, pero sólo la rosa ya me pareció un regalo maravilloso y le quise hacer levantarse para darle un abrazo. No se dejó y me dijo que la abriera. Mi sorpresa fue enorme: “¿que abra la rosa? ¿por dónde? “, pensé todavía adormilada, y empecé a buscar la manera de abrirla rebuscando entre los pétalos. Al ver que no tenía éxito, él me ayudó: la rosa en realidad era la caja de un anillo de oro blanco con 12 diamantes incrustados.
- ¿Quieres casarte conmigo?
Me dijo mirándome a los ojos. La emoción me dejó sin palabras.
- SÍ, claro que sí.
Conseguí articular en un susurro. Y sólo entonces se puso de pie y nos fundimos en un abrazo emocionados.
- ¿Y cómo se lo contásteis a tus padres?
Esa es una historia divertida. Entramos en el bungalow y mi madre nos esperaba despierta, viendo la tele. Yo llevaba todavía en la mano la rosa que mi madre reconoció al instante como la caja de un anillo (según me dijo al día siguiente, ella ha recibido también alguna similar). Yo no quería decírselo a mi madre todavía, me daba nosequé, porque llevamos muy poco tiempo saliendo juntos y quería esperar a tener la fecha de la boda confirmada antes de hacerlo oficial, así que en cierta manera intentaba ocultar la mano en la que llevaba puesto el anillo, aunque sin mucho éxito. En un gesto determinado, mi madre descubrió el anillo en un dedo habitualmente desnudo y abrió unos ojos como platos, una sonrisa impresionante se pintó en su cara, aunque discreta y con buen criterio decidió no hacer ningún comentario hasta que yo lo dijera. Me reservó ese momento tan especial. Nos fuimos a la cama planeando cómo decírselo a mis padres al día siguiente. Con un anillo en el dedo, se hacía obligada la explicación, si más no, de cómo ha llegado hasta ahí.
Hora del desayuno, las 9 de la mañana en el bungalow de la Pimkie Family.
- ¡Pimkie, levántate, que se te enfría el desayuno!
- Pero si son galletas…
- Que se te enfrían las galletas
Durante el desayuno, mi madre no hacía más que lanzarme miradas a la mano derecha, concretamente sobre el dedo anular. Así que le dije que sí, que me había dado cuenta de que no hacía más que mirar el anillo, y que “es de él “, sin más. Mi madre, que esperaba una explicación algo más elaborada, me preguntó la muy puñetera: “¿Es de los enamorados? “, “Sí, por adelantado “, le dije, sin añadir nada más y ahí quedó.
Al subir al bungalow, Ifo me puso la cara de pez globo que pone cuando quiere hacerme ver que tiene motivos para estar enfadado aunque en realidad no lo esté. Él esperaba que lo hubiéramos hecho oficial en ese momento ante mis padres, pero yo todavía no había conseguido reunir el valor suficiente.
Aproveché cuando mi padre salió a buscar el coche, que mi madre estaba sola, la hicimos sentarse y entonces se lo contamos. No sabía cómo decírselo a mi padre cuando volvió, pero mi madre me ahorró el trago:
- Rafa, ¿qué tienes que hacer para junio de dentro de dos años?
- Uuuuffff… ¿y yo qué sé?
- Pues te vas a tener que comprar un traje
- Ay, diox…
- Que vas a ser el padrino….
- Ay, diox…
Pensaba que mi madre se llevaría las manos a la cabeza, pero en realidad está ilusionadísima (”Que te sientes y te calles, coxx, que no se habla de boda todos los días “, le soltó a mi padre, que empezaba a incordiar con que nos fuéramos al club náutico y lo habláramos en la terraza mientras él estaba a la suya con la barca). Ya hasta está organizando la lista de boda (se permite el lujo de decidir a quien ELLA no va a invitar, faltaría más), y estoy segura de que ha llamado a toda su agenda para contar la buena noticia.
Desde el sábado por la noche, Pimkie es oficialmente una mujer prometida.
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