Atención! En este post abuso sin compasión de las fotos.
Después de que Ifoxe se apropiara con sabadosidad y alevosía de mi habitación de estudiar, mientras yo estaba en Madrid entretenida sacándole la lengua al presidente, decidí que necesitaba con urgencia arreglar la otra habitación para mí sola, pues es una pena que estuviera muerta de asco ejerciendo de almacén de los muebles de mi pisito de soltera. Además, es la segunda habitación más grande de la casa, no tenía sentido desaprovecharla. Así que Ifo y yo hicimos un pacto: yo me quedo con la habitación grande para estudiar, me monto mi despachito allí, si él me ayuda a montar el escritorio.
Mi anterior habitación de estudiar, ahora okupada por Ifo. Conformaros con esta idílica imagen, hacedme caso: es mejor para vuestra salud mental que no veais como está ahora…
Habitación grande con los muebles de comedor de mi apartamento de soltera
Y ayer nos pegamos la gran paliza, que montar un mueble de Ikea parece fácil, pero estos suecos son muy mala gente, que os lo digo yo. Han planificado cuidadosamente un método de tortura por la vía, primero, de tratarnos como hamsters enjaulados en sus tiendas, haciéndonos recorrer toda la exposición por un camino marcado del que no nos podemos salir; después, poniendo publicidad incluso detrás de las puertas de los lavabos, que ya hay que tener mala leche, ni un momento de relax íntimo tiene una en esas malditas tiendas; después, otra tortura ingeniándotelas para meter todas las cajas en el coche, menos una, que no cabe; y, por último, la tortura definitiva: montar los muebles.
Montar unos muebles de Ikea NO es tan fácil como te cuentan
Después de la gran paliza que nos dimos ayer por la noche montando muebles (sobre todo Ifo: yo solo ejercí de competente pinche), el escritorio nuevo quedó razonablemente bien montado, y me he podido dedicar a enchufar el ordenador y sus mil gadgets, montar un lío tremendo de cables debajo de la mesa (que he conseguido arrinconar para que no molesten), poner en peligro la seguridad de todo el edificio conectando como cien enchufes en una sola toma de corriente, y llenando el espacio de trabajo, que ahora es grande y cómodo, con mil chorradas, muñequitos y peluches varios.
Y además me cabe mi querido sofá amarillo, que ha venido conmigo de casa en casa desde que me fui a vivir sola, y en el que podré tumbarme a leer a solas, o ver la tele a mi aire sin tener que compartir el mando a distancia ni pactar el canal y el tiempo de visualización. ¡Ah, la libertad está hecha de pequeñas cosas!
¿No fue Virginia Wolf quien dijo que una mujer debería disponer de su propio dinero y su propia habitación? Desde luego, mi experiencia viviendo en pareja me lleva a concluir en la misma dirección: es mucho más sano para la pareja (y para mí misma) tener mi propia habitación, conservar mi espacio vital, donde poder pensar con traquilidad, relajarme, leer, escuchar música, ver la tele, y disfrutar de mi mundo interior en soledad, algo que se agradece de vez en cuando.
Recuerdo cuando empezamos a vivir juntos, no hace tanto, en mi apartamento de 40 metros cuadrados y una sola habitación, compartíamos incluso la mesilla de noche. Era agradable y romántico, muy bonito, pero también había momentos en que me subía por las paredes, necesitaba una desconexión y no encontraba espacio donde tener un rato de soledad, y eso en mi opinión debilita mucho a la pareja: estaba nerviosa, arisca y de mala leche, y a él le costaba entender el motivo, especialmente cuando nunca ha vivido solo. Con el cambio de piso la cosa fue mucho mejor, ahora tenemos tres habitaciones y un comedor enooooorme, y un sofá mucho más grande en el que espatarrarme a ver la tele y hacerme la dueña del mando a distancia aprovechando los momentos en los que Ifo se mete en la habitación a jugar al ordenador. Pero aún así continuaba echando en falta mi espacio propio. Y ahora ya lo tengo, montado y organizado a mi gusto.
Ya solo me falta tener un cacharro wifi de esos para tener internet en mi habitación y conectarme con el mundo exterior. Creo que iremos a comprarlo esta tarde, a ver si hay suerte y ya dejo montado mi nuevo despachito. De momento, me conformo con usar el portátil para postear y subir fotos, aunque ya me lo están reclamando.
¡Por fin, ya estamos instalados en el nuevo piso! Ha sido un sábado, y en general una semana, de auténtica locura, de no parar con cajas arriba y abajo, con medio piso desmontado y el otro medio montado en otra cosa distinta, de nervios, de tiendas de muebles que fallan al traernos las cosas o las traen defectuosas, de tener las cosas a medias, de carreras, de no llego, no me da tiempo, no voy a poder, de ganas de estar ya instalados en el nuevo piso y olvidarnos de todos estos nervios de estos días…
Nuestros respectivos padres, mi hermano y mi primo vinieron a echarnos una mano con la mudanza. Ya teníamos la mayor parte de los muebles desmontados porque mi suegro se pasó la tarde del viernes desmontando y numerando armarios, y ayudándonos a tapar con masilla los agujeros. Mi madre, mi suegra y mi abuela se dedicaron a colocar cosas en armarios y muebles de cocina, con la consecuencia de que ahora no encuentro nada, y esta mañana me he tenido que vestir con lo primero que he encontrado: un pantalón pirata y una camiseta, porque no encontraba los tejanos pero, curiosamente, la ropa de verano sí la tengo localizada. Por la noche estaba ya prácticamente todo montado y colocado.
Y hoy, por fin, ya hemos pasado la noche aquí, ya estamos instalados, Ifo está jugando a la consola en el comedor (ahora ya sí tiene espacio suficiente para jugar a la wii ), y yo estoy escribiendo desde el patio, al solete, gracias a la solidaridad de los del Espai Tolrà, una especie de centro de actividades y feria de convenciones o algo así que tenemos enfrente de casa y tiene unas cuantas conexiones wifi abiertas. Creo que este sitio me va a gustar.
Como me habíais pedido unas cuantas fotos de como nos ha quedado el piso, ya pintado y amueblado, ahora que estamos ya más o menos instalados aunque aún nos quedan cosas por colocar y tenemos todavía cajas por en medio, y aunque aún hay cosas que no encuentro y otras que no sé dónde me han guardado, aprovecho para invitaros a conocer nuestro nuevo piso. Espero que os guste. Bienvenidos a Can Ifo&Pimkie.
Llevo algo más de una semana prácticamente sin aparecer por aquí. Ya os comenté que la vuelta a la normalidad está siendo durilla, con proyectos personales y profesionales de por medio que me ocupan demasiado tiempo y me tienen más estresada de lo que sería saludable.
Lo más remarcable de la semana, la fiesta de conmemoración por 30 años de lucha del viceprimer capo de The Monkey Island. Aún no me explico qué pintaba yo allí, entre los capos más capos de Catalunya, cenando entre risas como una gran familia. Me invitaron a la fiesta, solo 30 elegidos, 30 amigos representativos de su trayectoria, y entre ellos estaba yo, invitada también. Allí estaba el gran jefe indio de la casa, PZ; el capo mayor del principado, compañero Pepe M.; estaba mi admirada Manuela, presidenta del GPS; estaba también el gran capo del sindicato mayoritario en el país; euro-capos, mini-capos de ayuntamiento, capos intermedios de la chene… y servidora. En calidad de futura capo, supongo, lo que no deja de ser todo un honor, para qué nos vamos a engañar.
En el curro voy de culo, pero por fin es viernes y eso desestresa mogollón. Tenemos un proyecto importantísimo que nos va a tener liados hasta principios del año que viene por lo menos. Encima en marzo tenemos elecciones, por lo que la campaña electoral también me va a tener bastante pillada (¡¡espero!!): quiero estar en el comité de campaña, a ver si me dejan. La cosa promete.
Y por lo que respecta al nuevo piso, ya nos han traído los muebles del comedor y queda precioso, de revista de decoración (está mal que yo lo diga, pero es que tenemos un buen gusto que no nos lo merecemos). La pega es que faltan dos estanterías que vinieron defectuosas y tendrán que volver a montárnoslas la semana que viene, supongo. Lástima no poderlo tener todo listo de una tacada.
También tenemos el sofá nuevo, una pasada, queda fantástico con el color de las paredes y además es precioso, en color crema con los remates en piel marrón oscuro. Otra pega: les faltó cargar en el camión la barra metálica que va en la chaise-long (osea, ¿no?), y tendremos que ir a la tienda a buscarla. Cawentó…
La mesa y las sillas del comedor todavía no nos las han traído, porque las compramos en otra tienda distinta (lo nuestro sí son rigores presupuestarios, amiwitos, y no lo del Ministro de Economía), así que tenemos un mueble de comedor precioso pero cojo de un lado porque le faltan dos estanterías, un sofá divino-de-la-muerte pero sin barra en la chaise-long, una mesa de cámping y 4 sillas plegables. El efecto es ideal, para no perdérselo, vamos.
Las estanterías y las librerías IKEA de la habitación que hará de despacho-biblioteca también están montadas, mi suegro se pegó un curre increíble el fin de semana pasado con la taladradora de una habitación a otra. Y, ¿cómo no? la pega: en las estanterías nos faltaron una especie de calzos que van tre el soporte de la pared y la madera de la estantería, así que las tenemos colgadas pero no podemos utilizarlas hasta que tengamos ese remate que las asegura bien y las hace más estables. Y encima no nos cabe el escritorio de dos metros que tenemos en casa, por 10 centímetros escasos (¡¡puñetera columna de las narices!!), así que ya veremos si podemos arreglarlo o tenemos que comprar otro que nos quepa.
Bueno, y así con todo: avanzamos en una cosa, pero nos queda otra pendiente. Por ejemplo, las fotos que hemos hecho con los nuevos avances: cuelgo un post, pero me faltan las fotos. Y así, con todo.
Se acabó el verano, se acabó la buena vida y se acabó la jornada intensiva. Poco a poco voy volviendo a la normalidad del curro de septiembre a junio, pero me está costando mogollón adaptarme otra vez al ritmo de trabajo y casi no tengo ni tiempo para atender el blog como es debido, y menos aún de leeros a todos. Os voy leyendo a trompicones y noto que se me acumula la faena.
Es cuestión de adaptarse de nuevo y pillarle el ritmo a todo esto, pero voy a necesitar unos días hasta que le coja el pulso. Y encima con toda la movida del nuevo piso, aún voy más estresada de lo que tocaría. Este finde toca pintar y enseñarles el piso a los suegros, que estaban de vacaciones y aún no lo han podido ver; y seguir con la mudanza a plazos, que aún nos quedan mogollón de cajas por llevar antes de que llegue el gran día.
No me lo tengáis en cuenta si notáis que estoy un poco out.
Como os comenté hace unos días, Ifo y Pimkie preparan su mudanza a la urbanización. Como soy una chica previsora, ya estoy empezando a tramitar todas las cuestiones administrativas para no encontrarnos con sorpresas desagradables y tenerlo todo resuelto cuando nos instalemos. Tenemos un mes por delante, porque el día 1 de octubre ya le habré dicho adios a mi apartamento de soltera.
Contratar una empresa de mudanzas, pedir cajas de cartón en las tiendas del barrio para empaquetar los cientos de libros que cabían en 40 metros cuadrados, cambiar de titular los suministros para ponerlos a nuestro nombre… Y con la Telefonía hemos topdado.
En primer lugar, llamo al 1004 de Telefónica para saber si puedo mantener el número de teléfono en la nueva dirección. Ya me estaba haciendo a la idea de que tendríamos que dar de baja el antiguo y dar de alta uno nuevo, así que llamo con tiempo, que me conozco yo como funcionan esta gente y sus listas de espera. Sin embargo, me dicen que no, que recientemente se ha hecho una prueba piloto que ha funcionado y puedo mantener el número de teléfono aunque me cambie de población, siempre que sea dentro de Catalunya. No tengo demasiado claro cómo funcionará esto de los prefijos ahora, y si puedo mantener el número de teléfono con prefijo de Barcelona si me voy a vivir a Tarragona, pero no me importa porque no es el caso. Así que puedo mantener mi número aunque me traslade de Terrassa a Castellar del Vallés. Fantástico. Nos mudamos un jueves, y el viernes (si Dior quiere y no pasa nada) tendré al técnico de Telefónica en nuestro nuevo piso conectándome con el mundo.
Ahora toca resolver el tema del ADSL: hablar con Ya.com, a ver si se enrollan tanto como los de Telefónica, aunque la verdad es que lo dudo bastante. Llamo al número de atención al cliente, como no un 902.902.902 (recalcitrantes son, cxñx), y después de 10 minutos de “en breves momentos le atenderemos“, me informan de que por un traslado de domicilio lo que corresponde es dar de baja el actual contrato y dar de alta uno nuevo. No sé por qué me da a mí que la cosa no va a ser tan fácil como suena. Para empezar, no me pueden ir dando el alta en este momento, porque es el mismo número de teléfono: primero tengo que tramitar la baja, y una vez encomendada a todos los santos cristianos, judíos y paganos, rezar mucho y portarme bien para que no tarden mucho en concedérmela. Como no puedo darme de alta (ni con ésta ni con ninguna otra compañía) hasta que no me hayan dado la baja primero, confío en que mi primogénito sepa lo que es Internet antes de su primera comunión, pero no las tengo todas conmigo.
Por supuesto, no me iban a resolver la baja y el alta del servicio en este mismo número de teléfono, eso sería ponerles las cosas un poco más fáciles al cliente, y no es la política de la compañía. Tengo que llamar al departamento de bajas en otro número de teléfono, esta vez al 902.902.886 (ya me empieza a dar mal rollo los números que elige esta gente), y me atiende la teleoperadora más borde de todas con las que me he topado en mi vida (acabó colgándome y dejándome con la palabra en la boca, la muy zxxxa). Me lo temía: para darme de baja tengo que enviar una carta (no me dice que tengo que enviarla certificada si no se lo digo yo, así que se va a joder que le voy a enviar un burofax certificado).
Yo, que soy una chica informada que conoce sus derechos y no le gusta que se los pisoteen, le digo quela ley para la protección del consumidor ya se ha publicado en el B.O.E y que si me dí de alta por teléfono, me puedo dar de alta por teléfono también. Y la teleoperadora borde me suelta que un cambio de domicilio no es una causa imputable al proveedor de Internet, y por lo tanto tengo que pasar por el aro. Mierxx, me ha pillado en fuera de juego, voy a tener que informarme sobre este tema porque no lo tengo del todo claro, y se va a enterar la tiparraca.
También tiene a bien la teleoperadora indicarme que si no incorporo toda la documentación que me piden en la carta, se van a pasar mi petición de baja por el arco del triunfo. Todo un detalle avisarme por anticipado. La documentación que tengo que aportar es la siguiente:
Fotocopia de mi DNI
Teléfono fijo al que está asociada la conexión ADSL
Motivo por el que quiero solicitar la baja (esto solo si quiero, qué majos)
Firma manuscrita (no vale un sello, ¡jó! yo que estaba deseando estrenar mi nuevo tampón para estampar mi firma…)
Contrato de trabajo y las tres últimas nóminas
La declaración de la renta del año pasado
Partida de nacimiento
Certificado de bautismo, también con la firma manuscrita del cura de mi pueblo
Declaración notarial de autenticidad de la firma, tanto de la mía como la del señor cura
Prueba de paternidad con confirmación de ADN de los que dicen que son mis padres (porque si en el DNI hay algún dato incorrecto, como por ejemplo donde dice “hija de“, pues no tramitan la baja, que esta gente son muy eficientes y quieren asegurarse de todo)
Certificado de penales (¡uf! ¿constará en mi ficha policial lo de aquélla vez que…?)
Creo que lo tengo todo. Y la dirección a la que lo tengo que enviar es:
Ya.com Internet Factory
Apartado de Correos 1058
Código Postal 28108
Alcobendas, Madrid
Pero la cosa no acaba aquí, y es que encima, por la baja anticipada (porque no me dejan hacer el cambio de domicilio así por las buenas, ya que yo no quiero cambiarme de proveedor: solo cambiarme de casa) me van a cargar en mi cuenta 180€ de penalización por los equipos informáticos (básicamente, el router wi-fi que me enviaron), pero que si me porto bien y rezo cada noche el jesusito-de-mi-vida, alomojó me lo devuelven en la próxima factura. O también puedo dar la orden en el banco de que no paguen el recibo, y si no le pego fuego a la sede de la compañía (tengo vuestra dirección, me la habéis dado vosotros para haceros llegar la carta de baja, así que sé donde trabajais, no me provoquéis), igual no me meten en el registro de morosos. Tendré que ser una niña buena, para que los Reyes Magos me traigan una tele de plasma (mamá, sé que me lees), y para que Ya.com me den de baja sin ponerme muchas pegas y, a poder ser, este año.
Después de conseguir que me den de baja (cosa que no quiero: recordemos que solo me cambio de domicilio, no quiero cambiarme de proveedor de Internet), engañarlos para que crean que soy buena gente y me vuelvan a dar de alta tiene que ser un trámite relativamente sencillo: como 1 mes o así, si todo va bien. Ya veremos a ver cuánto tiempo estoy sin Internet y durante cuanto tiempo me marean hasta que tenga conexión en mi nueva casa.
Si me encontráis de malas pulgas (más de lo habitual, quizir), no me lo tengáis en cuenta: es que he vuelto a hablar con mi amiga la teleoperadora borde (algo que me dice que, en los próximos meses, nos vamos a hacer íntimas amigas).
Todas las parejas discuten de vez en cuando. Si alguna pareja no discute nunca, solo puede ser porque siempre ceden sin cuestionarse nada. No sé cómo se lo montarán, si en plan “la última vez cedí yo, ahora te toca a tí“, o si siempre cede uno de los miembros de la pareja, ni tampoco sé cuanto tiempo se pueden mantener estas situaciones. En cualquier caso, yo no conozco a ninguna que pueda decir que NUNCA ha tenido una discusión más o menos sonada.
Yo creo que estas discusiones, si se enfocan bien y desde el respeto mútuo, fortalecen a la pareja, nos ayudan a conocernos el uno al otro, a apreciar nuestras diferencias, a saber identificar lo que al otro le saca de quicio…
Pero hay momentos en los que todo se junta y se amontona, y las situaciones conflictivas se disparan:
los nervios por el nuevo piso, las prisas para tenerlo todo organizado para cuando llegue el día de la mudanza, los precios y los plazos en las tiendas de muebles, buscar los muebles perfectos que nos gusten a los dos y que nos podamos pagar, patearnos tiendas y tiendas de muebles y no solo IKEA, comparar precios y condiciones, cansancio, agotamiento físico y mental…
Cuando uno de los dos cree que le está poniendo mucha ilusión y no es correspondido con la misma ilusión por parte de su pareja, y en lugar de eso cree que le está forzando y que va demasiado acelerada para el ritmo que a él le gustaría…
Mi síndrome premenstrual, el hecho de estar más sensible de lo normal, que me afecte más de la cuenta el hecho de no notarle todo lo ilusionado que a mí me gustaría, que me diga que me voy a tener que portar muy bien con él para que me acompañe a mirar tiendas de muebles, como si fuese únicamente cosa mía, aunque lo diga en broma…
Y todo esto, junto y el mismo día. La crisis está servida y explota por una tontería, que encima nada tiene que ver, en el momento más inoportuno. Cuando uno piensa: ¡Joder!, ¿por qué me complica la vida? y el otro piensa ¡Joder!, ¿por qué no me escucha? Y ya la tienes liada.
A él le asusta que discutamos, porque cree que en cada discusión me pierde un poquito, nos alejamos un poquito más. Yo creo todo lo contrario, que en cada discusión le conozco un poquito mejor, nos acercamos un poquito más. Pero eso no quita para que me quede un regusto desagradable cuando discutimos, ni que me coja un bajón espectacular cuando necesito que me abrace y él me suelta que _los dos_ tenemos los mismos defectos… ¡Pues vaya consuelo!
Lo que yo necesito es que me acompañes, que seas mi compañero, que estés a la altura de lo que espero de tí en una situación como la que estamos pasando. Que tires adelante conmigo, con la misma ilusión que le pongo yo a nuestro recién estrenado status de “pareja de techo” con todos los papeles, a nuestros planes de futuro. Que si te hace la misma ilusión que a mí, me lo demuestres, en lugar de hacerme sentir como si te estuviera presionando para hacer algo que no quieres y que te tengo que compensar por el esfuerzo que te supone. Porque es muy frustrante, me quita las ganas y la ilusión. Y eso es mucho más peligroso que tener una discusión de vez en cuando como cualquier pareja normal.
¿Quieres recibir en tu e-mail cada día la última entrada de Diario Personal? Pues suscríbete aquí.
Te llegará un correo para confirmar. Revisa también la carpeta de "Spam" o "Correo no deseado", ya que si no confirmas, no podrás recibir Diario Personal en tu e-mail.
Cites la fuente poniendo un enlace, que no te cuesta nada. Si tú quieres que tus lectores reconozcan tu trabajo, yo también.
Que sea para uso no comercial. Si quieres ganar pasta utilizando mi trabajo, vamos a medias, ¿no te parece?
Y que lo compartas bajo la misma licencia ¡Qué menos! Si tú te beneficias de una licencia CC, que se beneficien también tus lectores de lo mismo, ¿no?
Que me pidas permiso antes de publicarlo. Quiero saber exactamente dónde van a aparecer publicados mis textos. No quiero sorpresas. El menoscaba o la restricción de los derechos morales deribados de mi autoría, no está amparado en esta licencia.