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- Cámara de vídeo: cargada y guardada en su funda
- Batería extra: cargada a tope, y guardada en la funda también
- Cámara de fotos: cargada, limpita y guardada en su funda
- Tiritas, plantillas transparentes, compeed ampollas: en el bolso
- Zapatos planos extras para cambiarme: preparados
- Anti-inflamatorio en crema: preparado
- Medias blancas de recambio para emergencias: preparadas
- Mis piernas: suaves como el culito de un bebé
- Votos matrimoniales: escritos y preparados
- Lecturas de los hermanos y del padrino: preparadas y enviadas hace días
- Los anillos: los trae mi hermano
- El coche: viene de camino
- Las flores: a punto, listas para ser colocadas mañana a primera hora
- El fotógrafo, el cámara, la peluquera, el disck-jockey, los camareros… todos saben lo que tienen que hacer en cada momento
- Los detalles para los invitados, los regalos para las abuelas… todo a punto
- Las maletas para la luna de miel: hechas
- Los pasaportes: guardados en la maleta, junto a los billetes
- El seguro de casa: contratado
- La casa: limpia como una patena
- Los amigos: todos tienen la dirección de casa, de la Iglesia, del restaurante…
- Mi vestido de novia: colgado en el armario, guardado en su funda, junto a los zapatos
- Mis padres: se quedan a dormir esta noche en mi casa
- El novio: de los nervios, esta noche duerme en casa de sus padres
Creo que no falta nada. Estamos listos para casarnos.
En esta entrada hablo de: boda, hermanos, Ifoxe, luna de miel
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Se me ocurren unos cuantos. Veamos:
Es domingo, estás tumbada en la cama y tienes los ojos abiertos como platos. Miras el despertador y son las 9:30 de la mañana. A pesar de que te acostaste a las 3 de la madrugada, y de que es muy temprano para levantarse un domingo, no puedes pegar ojo.
Tan temprano y ya estás completamente empapada de sudor en la cama porque no has conseguido convencer todavía a tu futuro marido de quitar las mantas y las sábanas de franela (tendrás que hacerlo en un momento de descuido) y poner ropa de cama de verano. Total, solo estáis a veintitantos de junio…
Se acerca el mediodía. El termómetro en la calle marca 35 grados. La piscina es una tentación a la que no te has podido acercar en los últimos dos meses de lluvia casi ininterrumpida, y estás deseando darte un baño. Por algo llevas desde septiembre viviendo en una urbanización pija con piscina en la que estás deseando remojar tu cuerpo serrano y ponerte morena. Pero tú tienes que fastidiarte, asfixiarte de calor y llevar pantalones largos porque el jueves tienes cita en el centro de estética para una depilación integral, por lo que el domingo tus piernas y tus ingles están lejos de ofrecer el aspecto ideal para ir a la piscina. Al menos, fuera de las fronteras de Suecia… Intentas convencerte a tí misma de que podría pasar por una rebelión en contra de la concepción femenina de la belleza impuesta por los cánones machistas, pero lamentablemente no funciona.
Con la intención de que se te haga menos duro el suplicio, te acercas a la piscina con pantalón largo y todo, y piensas que si al menos el agua está helada, eso te consolará. Pero el agua está a la temperatura ideal para darse un chapuzón, y a tí te espera un laaaaargo puente de cuatro días, en el que verás la piscina pero no la catarás. 4 interminables días durante los que tendrás que conformarte con el ventilador de pie, tumbarte quietecita a la sombra en el balancín del patio y ponerte ciega a horchatas y limonada casera para pasar el calor. Ni siquiera te queda el consuelo de la manguera del patio para remojarte, porque se estropeó hace meses y aún no la habéis arreglado.
10 meses esperando para disfrutar de la piscina: cuando hace sol, el agua está helada y no hay quien se bañe sin arriesgarse a exponerse a la hipotermia; cuando se acerca el verano, llueve sin parar. Y cuando por fin llega el momento, estamos en verano, hace sol, no llueve y la temperatura del agua es la ideal… ¡no me puedo depilar y mis piernas parecen las de un futbolista de la selección! Y no puedo depilarme a lo tonto en casa porque cuando llegue la boda y la luna de miel posterior no quiero tener que preocuparme de unos incómodos pelitos, quiero estar perfecta y tener las piernas suaves. La vida es muy injusta.
¿Es o no es como para despertarse de mal humor un domingo?
Por cierto, el Sant Joan lo pasamos cenando en casa de mis suegros, y después haciendo explotar petardos en la calle: en mi tiempos, los petardos llevaban mayor carga de pólvora y duraban más rato, pero es que ayer era realmente frustrante ver las pequeñas fuentes de colores de pirotecnia y que no duraran ni 15 segundos.
 
 
En esta entrada hablo de: boda, cabreo, decepción, feminismo, fotos, Ifoxe, luna de miel, mala suerte, mujer, piso, vacaciones
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Pocas veces he tenido que moderar comentarios en este blog, y cuando lo he hecho es porque la persona que lo dejó sabía que su comentario era deliberada y pretendidamente insultante, así que no tenía derecho a reclamar su permanencia. Si vienen a mi casa a insultarme, estoy en mi derecho a cerrarles la puerta en las narices. En los casos más recalcitrantes, en los que la persona insultadora pretendía continuar erre que erre en su actitud, he llegado a banearles la posibilidad de comentar mediante su IP. Una de las cosas que me encantan de wordpress, es tener la oportunidad de cortarles el paso a los insultadores para que no me llenen el blog de mierda mientras yo no estoy de guardia.
Otro tema es la actitud, excesivamente vehemente para mi gusto, de algunas personas al exponer su opinión. Será que soy muy sensible, pero tiendo a sentirme acosada fácilmente ante una actitud vehemente en exceso, y en esos casos me retiro fácilmente de la lucha cuerpo a cuerpo; como mucho, replico un par de veces para que quede constancia de mi posición, pero no tengo ni energía ni ganas para mantener un rifi-rafe que, por otro lado, no llevará a ninguna parte. Hay ocasiones en que, probalemente sin que la otra persona lo pretenda (o quizá sí, vete a saber), me siento insultada y menospreciada con la actitud de la persona con la que se supone que estoy dialogando, aunque la otra persona no haya escrito un solo insulto.
Esto último es lo que me ocurre desde hace algunos días con Caótica. Su vehemencia me abruma, me hace sentir mal, y no me siento con fuerzas para entrarle al trapo. Tiene unas posiciones maximalistas en algunos temas, y su forma de expresarse da a entender que ella tiene la razón y el resto del mundo, o comparte su posición, o está totalmente equivocado, o al menos esa es la sensación que a mí me queda después de leer sus comentarios. Un par de ejemplos:
Cuando hablamos del tema del boy, dije que me daba mucho asco sobarle. Y ella me respondió en los comentarios (las negritas son mías):
Pues yo, mujer sin pareja estable y con necesidades sexuales como cualquier ser humano sano que se precie, no voy pidiendo un informe de historial sexual a todo tio que me guste. Para eso siempre llevo un buen surtido de condones en el bolso.
No lo dice, pero da la sensación de que su respuesta me deja a mí como una pámfila reprimida y puritana que en nada se corresponde con mi manera de ser. Es simplemente que me da mucho asco tocarle la polla (menos aún chupársela) a un tío que no conozco y con un trabajo de alto riesgo. ¿Tan raro es? ¿Debería llevar condones en el bolso para que no me dé asco tocarle la espalda sudada a un tío? Lo siento, querida Caótica, pero no van por ahí los tiros. Sinceramente, creo que te pasas de lista, cariño.
Otro comentario que me ha dejado mal cuerpo es en el que ella decía que no entendía cómo nos podían gustar las despedidas de soltera, yo le contestaba que al menos la propia es una experiencia para vivirla, y ella me ha respondido lo siguiente:
Yo no se si algún dia me casaré, pero lo que si tengo claro es que de despedida de soltera nada, me da urticaria solo de pensarlo. Así que en mi caso, la propia, no la voy a vivir.
Primero, por que mis amigos son personas, independientemente de su sexo. Y no me imagino a mis amigos hombres con orejitas de coneja, y comiendo pan en forma de polla. Segundo por que no voy a mandar a mis amigos hombres a la despedida de mi chico, por que mis amigos son “mios”. Tercero por que nunca me ha hecho falta excusa alguna para hacer la loca, lo he hecho cada vez que me apetece. No necesito hacer ostentación de simbolos fálicos, los disfruto cuando cuadra, pero no necesito endiosarlos. Hablo de sexo, de pollas, de orgasmos y de lo que sea cuando me apetece, por lo tanto, no necesito excusas para poner meterme una polla de plástico en la boca.
Y por último, si algún dia me caso, no necesitaré despedirme de nada, por que seguiré sintiendome tan libre como siempre, o esa es la única manera en la que yo, podré ser feliz.
Esto ya ha conseguido cabrearme de verdad. Para empezar, posturas maximalistas a mí, las justitas. Y todo lo dicho anteriormente queda muy bien a nivel retórico, incluso puedo compartirlo, pero cuando sales ahí fuera, al mundo real, ¡sorpresa!, no todo es blanco o negro. Muchas veces, una posición preconcebida, una convicción muy sólida, puede acabar pulverizada por la realidad cuando te encuentras en situación de ponerla en práctica. Quizá un poco más de humildad para con las personas cuando se encuentran en posición de HACER y no de OPINAR pueda ahorrarte algún que otro mal trago si te ves en un futuro próximo ante la misma situación.
O quizá soy yo, que no soporto los radicalismos (me curé de esa enfermedad con la edad), me considero una persona flexible, que no comulga con criterios absolutos y que intenta contemplar las circunstancias y los matices antes de emitir un veredicto que no admite apelación posible. Por eso no admito veredictos inapelables tampoco sobre mí, porque creo que nadie tiene derecho a juzgarme desde una posición meramente contemplativa de la situación. ¿Has pasado por una situación parecida? Admito tu opinión, y tu punto de vista. ¿Hablas de oídas, sin haberte visto en una situación parecida? Pues entonces, maximalismos los justos, los o todo o nada no me sirven, no ayudan, no aportan nada.
Claro que en un país con 45 millones de seleccionadores nacionales, y donde el contemplar los toros desde la barrera es un deporte nacional, no me extraña en absoluto que haya personas que se permitan el lujo de juzgar a los demás a partir de criterios absolutos en los que el mundo es solo blanco o negro. Me pregunto cómo reaccionarían esas personas de tan sólidas convicciones, cuando se vieran en la tesitura de ponerlas a prueba… Llámalo relativismo si quieres.
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¡QUÉ FUERTE-quéfuerte-quéfuerte!
¡Me caso en tres semanas!
Los nervios se me están empezando a instalar de forma permanente en el estómago, aún no me lo acabo de creer, estoy en una nube.
Y esta noche, me voy de despedida de soltera. Deseadme suerte, y que no me obliguen a meterle mano al boy.
Ifo ha pasado por varias fases en relación con mi despedida:
- La fase no quiero ni que tengas despedida, no me hace ni puñetera gracia y no pienso acompañarte a comprar el vestido
- La fase no me importa que vayas, pero yo no quiero saber nada, no quiero ni me enseñes el vestido que te compres
- La fase te llamaré durante la noche para comprobar que va todo bien
- Y por último (de momento), la fase quiero saberlo todo, quiero que lo grabéis en vídeo y quiero verlo
Es normal, a mí tampoco me hace ni puñetera gracia su despedida de soltero, y probablemente ese día (la semana que viene) me quede en casa aprovechando para ver Pretty Woman en DVD. Lo que ya no puedo prometer es que le espere despierta. Y él no sé qué hará esta noche, si me esperará despierto, si se quedará en casa o si saldrá con sus amigos a tomar algo. Pobrecito mío, no quiero que lo pase mal por los celos. Antes de salir de casa, le haré un regalito para que se quede más tranquilo 
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No solo son los nervios y las dudas previas a la boda. Dicen que todas las novias adelagazan antes de la boda, porque con los nervios comen menos. Bueno, pues a mí la ansiedad me da hambre, me da por comer porquerías, chuches, bollería y demás, y me estoy poniendo pelín ceporra.
Tanto que en la prueba del vestido del viernes, los corchetes de la espalda casi no cerraban y yo por poco me quedo sin respiración mientras la modista intentaba abrochar el vestido. Al final lo logramos, con la firme promesa de no engordar ni un gramo más de aquí al día de la boda. ¡Como si fuera tan fácil!
Al final va a tener razón el niño repelente de la Wii-Fit, y me va a tocar ponerme a dieta. Peor para él, porque va a sufrir los saltos y las acrobacias aeróbicas…
Por el momento, quedan oficialmente abolidos el chocolate y picar entre horas. Madre mía, qué duro es esto de casarse.
P.D. Ifo, que no pierde una, ha propuesto que hagamos juntos la dieta del cucurucho: ya sabéis, comer poco y follar mucho. Además, me ha dicho que en casa no va haber ni una tableta de chocolate, y que no le pida compasión. ¿Qué voy a hacer con este hombre?
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- Vestido de novia: 900 €
- Peluquería y maquillaje: 380 €
- Conjunto de ropa interior: 150 €
- Crucero por el mediterráneo: 2.700 €
- Botella de Chardonnay y fresas: regalo del capitán
Darme cuenta de que estaré con la regla el día de mi boda y la mitad de mi luna de miel… no tiene precio.
mierdamierdamierdamierdamierda…
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¿Cuantas cosas se pueden torcer a última hora cuando estás preparando una boda? Hagamos un breve recuento:
1. Mi cuñi, que era quien se encarga de organizar la despedida de soltera, ha cortado con mi hermano. Se sigue encargando de la organización, y sé que a la despedida vendrá, pero a la boda no lo sé. En cualquier caso, es una situación bastante rara. Y mi hermano, claro, está bastante jodido.
2. Mi madre ha invitado por su cuenta y riesgo a la despedida de soltera a una impresentable a la que no tengo ningunas ganas de verle la cara.
3. Ifo está histérico pensando en su despedida de soltero. No quiere tener despedida, dice que eso no va con él, y está acojonado perdido pensando en la que le pueden montar, y sobre todo en las putadas que le tendrán preparadas sus amigos.
4. La florista se niega a hacerme el ramo de novia como yo quiero, porque no le da la gana, simplemente. Se empeña en que no quedará bonito. Yo lo quiero de rosas blancas, y con las rosas abiertas, que no tengan forma de capullo cerrado sino que se las vea bien. Y la borde de la florista dice que parecerá que están pansidas y que no quedará bonito. ¿Acaso estas flores parece que estén pansidas? No, y a mí me gustan así. Pero a ella no, y dice que si no le gusta cómo queda, no me las va a poner. ¡Pues vaya! Puedo aceptar que me diga qué tipo de flor aguantará más o menos, en el coche, en el portal, o donde sea, pero críticas estéticas no acepto. Además, quería ponerle a Ifo en el ojal una rosa roja o una orquídea rosa (con todos mis respetos, el efecto quedaría demasiado gay para mi gusto) para diferenciarlo del resto de hombres de la familia. No me da la gana, mi novio no va a llevar una orquídea rosa en el ojal; y mi padre, mi hermano y mi abuelo tampoco. Bueno, pues a la florista no le hizo gracia. Ya veremos cómo sale la cosa, porque es amiga de mi suegra, y ya me ha estado enviado indirectas, como que tengo a la pobre florista preocupadísima por el tamaño de las rosas de mi ramo. En fin, ya veremos.
5. Además, está el tema de que yo quería partir el ramo y darle la mitad a cada cuñada. Ahora ya no puedo porque solo tengo una cuñada, y ya le he encargado a la florista que me lo monte en dos partes y cogido por un clip para poder separarlo. Si al final viene Mari Carmen, como le había prometido una rosa del ramo, igual le doy la sorpresa de darle la mitad, porque ahora me da palo dárselo a mi ex-cuñi, aunque ya se lo había prometido, y seguro que se lleva un chasco (eso, suponiendo que venga a la boda…). ¡Ay, qué mal rollo, no sé qué hacer!
6. La música del restaurante: tenía previsto enviar hoy por fax el documento con la música de cada momento especial, y la que queremos que suene durante el baile, pero ¡no lo encuentro! Suerte que aún tengo un par de días de margen, pero ese documento tiene que aparecer como sea.
7. La organización de las mesas es como hacer el cubo de Rubik, y mi suegra todavía no me ha confirmado a más de la mitad de los invitados. Lo peor es que voy a tener que pillarla por banda en un par de semanas máximo, porque la veo muy dispuesta a esperar hasta el último momento, y no tengo ganas de ir con nervios y con prisas a última hora.
8. El viaje de novios lo hemos contratado en la agencia de viajes para la que trabaja Ifo, pero aún no está pagado porque se encarga su madre de eso. Ya tenemos el pasaporte y el DNI electrónico (a pesar del policía borde), pero el viaje propiamente dicho está bastante en el aire. Digamos que hay bastante mal rollo en el trabajo, no está muy claro que no los mande a la mierda antes de la boda, y tal y como está el patio es probable que nos hagan LA PUTADA de anular el viaje, si se ponen en plan cabrón (cosa que no me extrañaría lo más mínimo). Así que, a un mes de la boda, estamos buscando otra agencia de viajes. Genial, como os podéis imaginar.
9. Nos llamaron para hacer el cursillo prematrimonial hace unas tres semanas, pero no pudimos concretar cita con la pareja de acogida que nos tocó, y aún no nos han vuelto a llamar nos ha llamado hoy para hacer el cursillo el miércoles. Menos mal, porque se nos echa el tiempo encima, y hasta que no hayamos pasado por este trámite el cura de nuestro pueblo se niega a darnos el expediente para que nos podamos casar en la iglesia que nosotros hemos elegido y donde ya tenemos fecha.
10. Mis uñas están hechas una pena. Estoy probando el método Maripuchi para dejar de morderme las uñas, que consiste en pintármelas de colores cantosos para que me dé cosa mordérmelas y las deje en paz durante un mes. Parece que funciona, al menos esta semana está funcionando, veremos si aguanto lo que me queda hasta la boda. Aún así, me parece que un mes es un plazo demasiado corto para que mis uñas se regeneren y mis dedos tengan un aspecto aceptable. En cualquier caso, tendré que hacerme la manicura unos días antes.
11. Mi peluquera es imbécil. Cuando tuve la última prueba del vestido, fui el día de antes a la peluquería, para hacer la prueba del peinado. Le recalqué que quería que el peinado me durara hasta el día siguiente, que ya me las ingeniaría yo para que se mantuviera por la noche, pero que tenía al día siguiente la prueba del vestido y quería verme con el peinado. Le llevé hasta el tocado para que pudiera hacerme la prueba con todos los complementos. ¿Y qué hizo la tipa? Me alisó el pelo, me hizo unas ondas con las tenacillas, no me puso ni laca ni nada, ¡y me cogió una coleta! Me dijo que más o menos así es como me vería. Pero, a ver, ¿no te he dicho que quiero que me hagas un peinado semi-recogido, que me dure hasta el día siguiente? ¿PUES-QUÉ-COÑO-ES-ESTO? Estoy planteándome seriamente cambiar de peluquera, necesito una que venga a casa bien temprano y que nos peine y maquille a mi madre y a mí. De momento he encontrado esta donde parece que son especialistas, pero a ver lo que cobran por el desplazamiento, porque están en Barcelona, y la sección de maquillaje no me convence lo más mínimo. Buscaré también en Sabadell y en Castellar, porque este viernes tengo la prueba con el vestido y se me echa el tiempo encima. Además, tengo que teñirme el pelo, y de esta tía no me fío.
12. Necesito unas bailarinas blancas como repuesto de emergencia por si los zapatos me matan el día de la boda porque tienen bastante tacón, pero no las encuentro por ningún lado.
13. Y, para colmo de males, no deja de llover. Se ha pasado todo el finde lloviendo, y me temo que el viernes, cuando tengo la prueba del vestido y del peinado, llueva también. Mi idea original era ponerme los zapatos durante todo el día, para ir haciéndome a ellos y que no me hicieran daño el día de la boda (o que me hicieran lo mínimo posible), pero si no deja de llover no va a poder ser (no sea que mis fantásticos zapatos de novia acaben en un charco), y ya veremos qué ocurre con el peinado, porque si también llueve ese día llegaré a Pronovias hecha una piltrafa.
14. Y, por si fuera poco, bola extra: me peleo con mi mejor amiga (???) apenas un mes antes de mi boda. Es cierto que ella se estaba portando como una auténtica imbécil, y ni siquiera tenía muy claro que viniera (no: tenía clarísimo que NO vendría), pero joder, empiezo a sentirme ligeramente desbordada por la situación.
No sé si queda algo más que pueda salir mal. Lo que sé es que quedan 33 días para la boda, y la lista de cosas que tengo bajo control es bastante más corta.
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Ayer leí un post en el blog de Florci sobre el “bullying” o acoso escolar, que me puso los pelos de punta: por la viveza con la que explicaba lo que sentía, lo que había vivido… Y también porque me recordó las humillaciones que yo misma padecí en el colegio cuando solo era una cría. Sí, yo también sufrí acoso escolar en mi infancia, desde los 8 ó 9 años hasta los 13 en que mis padres lograron cambiarme de colegio.
Lo recuerdo como una época en la que la salida del cole era un momento terrorífico, donde cada día tenía que preparar un plan de fuga como fuera si no quería llegar a casa con moratones, con escupitajos en el pelo y en la ropa, con chicles enganchados en el pelo, con la mochila pisoteada y las libretas destrozadas…
Y en clase la cosa no mejoraba. En la hora del patio los matones de clase pasaban bastante de mí y me ignoraban, no así en la hora del comedor cuando también aprovechaban para torturarme; y en clase no era extraño que chulearan a los profesores y me hicieran a mí la vida imposible delante de ellos sin contemplaciones, como ponerme la zancadilla cuando me hacían salir a la pizarra, darme empujones a la que tenían ocasión, pegarme chicles en el pelo o escupirme, esconderme la mochila o pasársela de unos a otros, boicotearme a gritos cuando los profesores me hacían hablar…
A Florci la acosaban por tener un acento diferente y por ser pelirroja. A mí me acosaban por tener capacidad de retención y facilidad para recordar, lo que hacía que me fuera muy fácil obtener buenas notas. Resumiendo: me pillaron gato por ser “la empollona” de la clase, con todo lo que eso comporta. Y dejar de estudiar no sirve de nada, porque no es un “motivo” sino una excusa como cualquier otra la que estos impresentables utilizaban para acosarme. Podría haber sido cualquier otra cosa, podría haber sido cualquier otra persona, pero me tocó a mí sufrir el maltrato de estos bestias con tan pocos añitos.
En mi caso también se dio el famoso “triángulo del bullying”: la persona acosada (en este caso, yo), los acosadores (varios chicos y una chica, que era la cabecilla del grupito de matones), y los que observaban y animaban a los acosadores. Se da la circunstancia, además, de que puesto que todos me consideraban una víctima de maltrato escolar, había personas que en un momento determinado, para sentirse mejor ellas, optaban por humillarme también de alguna forma, uniéndose al coro de los acosadores. La gorda Daniela me lo hizo pasar fatal muchísimas veces, iba de amiga y cuando ella se sentía mal consigo misma me humillaba a mí delante de todo el mundo, se las daba de dura pero ella también sufría por su sobrepeso, aunque a ella nadie la torturaba ni la humillaba como a mí; y la gorda Toñi, aunque ni siquiera iba a mi clase sino que estaba un curso por encima, también aprovechaba las horas del patio y del comedor para hacerme la vida imposible. Toñi es la indeseable que mi madre ha invitado a mi despedida de soltera.
Mi madre ya no sabía que hacer: si me venía a recoger a la salida del colegio, al día siguiente me daban el doble en la hora del patio; si no venía a recogerme, me las tenía que apañar yo solita para librarme del acoso de esa gentuza; si iba a hablar con los profesores o con el director, malo; si hablaba con los padres de las fieras, peor… En aquélla época no había la información que hay ahora, nunca se nos ocurrió denunciarlo, solo tratamos de que los profesores pusieran de su parte (unos más que otros) y los padres se implicaran un poquito en la educación de esos animales que tenían por hijos (también con éxito desigual).
Si os soy sincera, quizá es la parte correspondiente a la responsabilidad de los padres la que más me sorprende. Se habla de los adolescentes y los niños de hoy, pero ya hace 15 años había críos a los que sus padres se veían incapaces de controlar. Si a esas edades tan tempranas los niños y las niñas (una en concreto sobre todo) ya van de ese palo, ¿qué les puede esperar en el futuro? Nada bueno, está claro.
Todo aquello terminó cuando mis padres consiguieron cambiarme de colegio en 8º de EGB, con lo que se acabó aquélla tortura. Del colegio público me consiguieron plaza en un colegio concertado a varios kilómetros de casa, en el que estudiaba mi hermano, y solo por enchufe, porque mi madre conocía a una de las profesoras (curiosamente, tener a mi hermano estudiando en ese centro me perjudicó más que ayudarme, porque vaya pieza que estaba hecho también el enano… y en el cole no querían arriesgarse a tener a otra gamberra como él, pero en la clase de los mayores).
Hace un par de años o tres saltó a los medios de comunicación el caso Jokin: un chico se había suicidado tirándose desde un muro, porque ya no podía seguir aguantando el acoso al que le sometían sus compañeros de instituto. Lo dramático del caso, parece ser que fue lo que consiguió que las administraciones públicas se pusieran las pilas e investigaran este tema a fondo, desde entonces se empezó a acuñar el término “bullying” y el acoso escolar dejó poco a poco de ser considerado “cosas de críos” para ser tratado como algo más serio, como lo que es de hecho: terrorismo infantil. A los menores acusados de provocar la muerte de Jokin se les impuso una pena de 18 meses de libertad vigilada. Amos, hombre, nomejodas. ¿Libertad vigilada? ¿Por quien? ¿Por sus padres? ¡Venga ya, cachondeíto el justo! ¿Por las autoridades? ¿Les pondrían un policía en el culo? No estaría mal, abriría un bonito precedente para las mujeres víctimas de malos tratos… pero me temo que va a ser que no. ¿Entonces qué coño es eso de libertad vigilada?
Os confieso que nunca tuve el valor suficiente para hacer lo que realmente me pedía el cuerpo en aquella época, e incluso años después. Son muchas veces las que he soñado con la cabecilla de la panda de terroristas infantiles que me acosaban, tirada en el suelo, y yo saltándole encima de la cabeza, bricando encima de su barriga, destrozándole la boca, saltándole los dientes… Después de lo que me hicieron pasar durante años, ¿qué esperábais? Ya no me quedan mejillas que poner, y aunque me quedaran, ¡¡no me da la puta gana!!
He podido saber un poco qué ha sido de la vida de estos terroristas escolares. Uno de ellos es boxeador. ¡Claro! ¿Qué si no? Me lo dijo todo orgulloso, ¡hasta había salido por la tele alguna vez! Mira que bien, de algo te sirvieron los puñetazos que me dabas cuando era una niña, desgraciado. La gorda Daniela trabajaba de cajera en el supermercado de delante de casa de mis padres, se casó y tuvo al menos un hijo. Y a la cabecilla de la panda me la encontré cuando yo trabajaba en el aeropuerto, una vez que cambié el turno y en lugar de ir de mañana me tocó ir de noche. A las 11 de la noche, a punto de cerrar la oficina, la ví entrar a ella, con su bata de limpadora y un mocho viejo: trabajaba limpiando las oficinas del aeropuerto por las noches. Creo que no llegó a sacarse el graduado escolar. La satisfacción que sentí cuando la ví, la sonrisa que me iluminó la cara ante aquella situación tan desigual, creo que pudo aplacar un poco las ansias de empalarla con el palo de la fregona. Pero solo un poco. Todavía conservo las mismas ganas de romperle la cabeza y bailar una rumba sobre su estómago que tenía hace 15 años. De hacerle sentir solamente una vez lo que ella me hizo sentir a mí durante años. Y es que estas cosas, por muchos años que pasen, difícilmente se olvidan. Que te marquen más o menos, depende de cada una, pero olvidarse no se olvida nunca.
Cuando oigo algo relativo a la “tierna infancia” todavía me descojono: Ni yo, ni Florci, ni nadie que haya sufrido acoso escolar a esa edad puede considerar “tierna e inocente” la infancia. Los niños pueden ser extremadamente crueles.
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27 años y un día. Llevo semanas mentalizándome, y me sigue sonando igual de duro. En cuanto me descuide, estoy más cerca de la treintena que de los veinticinco.
Decían que el cumpleaños crítico, el que marca de verdad, es el de los 25, la crisis del cuarto de siglo. Yo esa ni la noté: me acababa de ir a vivir sola a mi apartamento de soltera apenas un mes antes, estaba intentando superar la crisis de que mi ex novio me dejara tirada como una colilla después de todos los planes que habíamos hecho juntos, había cambiado de curro dos o tres meses antes embarcándome en un nuevo proyecto que parecía ser increíble y resultó ser un bluf… Vamos, que como para crisis existenciales por la edad estaba yo, con veinticinco años y llena de energía para superar lo que me pusieran por delante.
Pero ahora es distinto. Ahora son ya veintisiete las velas que he soplado; tenemos la boda prácticamente encima, solo nos queda cerrar los últimos detalles; en el curro estoy asentada y las novedades a la vista son pocas (salvo una probable subida de sueldo en septiembre, cruzad todas los dedos por mí); estamos haciendo planes para tener hijos en breve… En fin, que ahora sí noto que me hago mayor a marchas forzadas. Lo llevo relativamente bien, aunque creo que es porque todavía no me hago a la idea, y en realidad la boda me provoca bastante más nervios que el cumplir años. ¡Qué poquito nos queda!
A todo esto, Ifo me regaló la Wii Fit, el trasto de la Wii para hacer ejercicio y ponerme en forma. Me lo regaló la semana pasada, como un regalo de cumple por anticipado. Llevo casi toda la semana haciendo ejercicio, y no he bajado ni un gramo, así que de momento podemos decir que los resultados son, ¡ejem!, bastante discretos.
Encima, el trasto es de un impertinente que lo flipas: dice que estoy algo pasada de peso, y que tendría que perder un par de kilos para estar en mi peso “ideal”. Yo sé que para estar _ideal_ tendría que perder unos cuantos kilos más, por lo menos unos ocho, pero que un trasto con voz de crío malcriado me diga que estoy ceporra no sienta precisamente bien. Por decirlo un poco menos finamente: no hace ni puñetara gracia. Y me niego a empezar cada entrada de este blog como si esto fuera el Diario de Bridget Jones:
Kilos: chopocientos
cigarros: perdí la cuenta
bono-lotos: perdí la esperanza
Sinceramente, no es plan. Además, los ejercicios de Aeróbic son bastante escasos, tiene mucho más de Yoga, tonificación y equilibrio (lo que tampoco está nada mal, pero unos cuantos más de Aeróbic y steps, que son con los que mejor me lo paso, no vendrían mal). Por cierto, mi equilibrio es patéticamente bajo, pero los ejercicios de Yoga están bien para terminar la sesión.
Y ayer por la tarde, a Ifo le tocó trabajar mientras yo aprovechaba el puente para hacer limpieza general en casa (nota mental: nunca vuelvas a mezclar amoniaco y lejía, ni siquiera para limpiar los baños. Joder, todavía tengo ataques de tos si respiro profundamente…). Y cuando llegó a casa, antes de lo previsto, se presentó con mis suegros, y cargado con una cafetera Nescafé Dolce Gusto (que habían comprado a medias), una auténtica Coffee Shop molona que hace unos capuccinos y unos latte machiato que ni en el mejor Starbucks, y encima en casita. Lo que es difrutar del café dulzón y con mucha espuma, como nos gusta en casa. ¡Mi niño sí que sabe lo que me gusta! mmmmmmm…
La pega es que cada cápsula (esas tarrinas que se ponen en la cafetera) vale 0,50 €, y hay que utilizar dos (una para la leche y otra para el café), es decir, que cada café de Dolce Gusto te sale por 1 leuro, casi como en el bar. Solo que más ricos. Y teniendo en cuenta que el mismo café, en un Starbucks, te sale por casi 4 euros, todavía me ahorro una pasta… Bueno, pensándolo mejor, no: no me ahorro nada, porque si antes me tomaba uno, ahora me podré tomar cuatro, sin necesidad de ir a la tienda, pero vamos que igualmente el café me sigue pareciendo caro para estar hecho en casa.
Ahora solo me falta saber dónde comprar las tarrinas de café, cosa que no sé si será fácil, porque en la web www.dolce-gusto.com, lo primero con lo que me encuentro es con una página para seleccionar mi país… Y las opciones son para echarse a llorar: Alemania, Suiza, Reino Unido y ¿Schweiz? ¿Ande coño está Schweiz? ¿Será uno de esos paraísos fiscales, como Liechestein? Pincho ahí más por curiosidad que por otra cosa, y ¡oño! Resulta que es la página web de Nescafé Dolce Gusto en España. Vaya tela. La sorpresa es agradable: puedo comparar en el Carrefour y el Consum. Genial. La próxima vez que mis padres vengan a hacernos una visita, les sorprenderé: a mi madre con un Chococino (chocolate con leche calentito) y a mi padre con un doble Espresso. Lo van a flipar.
¡GRACIAS, CARINYU!
En esta entrada hablo de: familia, hijos, Ifoxe, ilusión, mi ex-novio, mujer, suegra, trabajo
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El sábado, mi hermano y mi cuñi vinieron a casa a comer, a lagartijear un rato en la piscina y a enseñarnos la pedazo de moto nueva que se ha comprado.
Para comer preparé unos macarrones a la boloñesa, que me salen de muerte. Y se me ocurrió la brillante idea de hacer unos huevos duros para acompañar, en el microondas. Normalmente pongo un solo huevo unos 5 minutos, y como esta vez puse dos, pues programé el microondas el doble de tiempo. Y me olvidé de los huevos mientras seguía cocinando.
Craso error. Todo. En general.
Los huevos duros explotaron cuando apenas quedaban unos segundos para que se acabara el tiempo marcado, con tanta fuerza que abrieron la puerta y mancharon la pared de enfrente de la cocina y la puerta cristalera de salida al patio. Una salvajada. Mi cuñada, que estaba cerca, en dos saltos y un grito se plantó el puerta de la cocina, en el otro extremo de donde estaba. Los huevos prácticamente se desintegraron, no quedó de ellos ni la cáscara, y toda la cocina se inundó de un pestazo a huevo podrido que tiraba de espaldas.
Media hora nos pasamos Ifo y yo limpiando trocitos de huevo desintegrado por toda la cocina.
Ahora el microondas no funciona. No calienta. Así que por la tontería de los huevos hervidos en el microondas, no nos va a quedar más remedio que ir al Media Markt (por cierto, ¡qué web más mala! aquí no hay ni diox que encuentre precios) a por un microondas nuevo, con la gracia que me hace: como si no tuviéramos ya miles de gastos con la boda inminente.
Por supuesto, el cachondeíto sobre los huevos va a durar una buena temporada… Ahora ya sabemos lo que pasa cuando metes los huevos en el microondas.
Queda abierta la veda. No seáis muy crueles.
Nota: mi drama personal con los microondas viene de lejos. Todavía recuerdo aquélla vez que intenté descongelar unos canelones, que… Bueno, en fin, mejor dejemos el tema.
Por cierto, sigo sin saber quien era la misteriosa señora besucona del coche oficial…
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