Ayer tuvimos cita con el gine, básicamente para recoger los resultados de la última citología (todo bien), informarle de que ya llevo tres semanas tomando el suplemento de ácido fólico que me recetó, y resolver algunas dudas, entre ellas algunas relacionadas con el diagnóstico prenatal.
Ya os comenté que me empezaba a sentir algo rarilla últimamente, y la opinión generalizada de las que habéis pasado por un embarazo recientemente es que es demasiado pronto para notar ningún síntoma, y que lo más probable es que sea de tipo psicosomático por las mismas ganas que tengo de quedarme embarazada, y seguro que tenéis razón. Aún así, como hasta final de mes no me tiene que venir la regla, y aún entonces es conveniente esperar una semana más para estar segura, es demasido pronto para empezar a agobiarse: hasta dentro de dos semanas por lo menos, si no me ha venido la regla antes, no tendré que hacerme el primer test de embarazo, así que pensar en el tema a estas alturas es ridículo.
Lo que sí tengo claro es el asunto del diagnóstico prenatal. Por suerte, el seguro que hemos contratado con Sanitas nos cubre tanto la biopsia de corion como la amniocentesis para detectar posibles anomalías genéticas, lo cual es una suerte porque, aunque la segunda prueba al menos la hacen en la seguridad social, tengo entendido que suelen retrasarse bastante en dar los resultados, y en el privado cuesta alrededor de unos 800 euros. Una pasta, vamos. Además, la amniocentesis se hace entre las 15a y las 18a semana de embarazo, y tardan un mes en darte los resultados (en la clínica privada, que en la pública aún tardan más), por lo que entre una cosa y otra, te plantas en mitad del embarazo sin tener la garantía de que el bebé vendrá sano o con algún tipo de anomalía genética como por ejemplo síndrome de Down. En cambio, la biopsia de corion es una prueba que se realiza antes, entre la 10a y la 14a semana de embarazo, y los resultados se obtienen en 48 horas. Y claro, no es lo mismo que te digan que el bebé tiene una malformación congénita o un defecto genético cuando todavía ni siquiera le has dicho a nadie que estás embarazada (ya que hasta el 3er mes no se recomienda anunciarlo, dado el elevado riesgo de aborto que existe en los primeros meses), que enterarte cuando ya toda la familia y amigos lo saben, se te nota la tripita, incluso le has empezado a comprar ropita… No, estoy segura de que es mucho más duro cuanto más tarde te enteres.
La amniocentesis se practica con la ayuda de un ultrasonido, y consiste en introdcuir una aguja delgada y hueca por el abdomen y el útero para extraer una muestra del líquido amniótico. Y la biopsia de corion te la realizan mediante una punción a través del cuello uterino o del abdomen. Ambas son pruebas bastante invasivas, más la segunda que la primera, y además conllevan un cierto riesgo de aborto (nuevamente, más la segunda que la primera).
Así que, visto lo visto, me decanto por la biopsia de corion, a pesar de que a Ifo le da bastante miedo por el riesgo de aborto que conlleva. Pero pasar por la ansiedad de estar hasta la mitad del embarazo sin saber si tu bebé viene bien o no, creo que es aún más peligroso, ya que los bebés son como una esponja y pueden sentir la ansiedad de la madre. Yo lo tengo claro: quiero un diagnóstico prenatal lo más precoz posible, cuanto antes mejor.
Y vosotras, chicas, ¿os hicísteis algún tipo de diagnóstico prenatal? ¿Por la seguridad social o por alguna clínica privada? ¿Cómo fue la experiencia? Gracias a todas por compartir vuestras vivencias: son de gran ayuda.
Y tú, ¿por qué te casaste, si ahora ya no hace falta?
Empiezo a estar hasta los cojones de que la gente que me conoce, y sabe lo que opino (o lo que opinaba hace taaaantos años) sobre el matrimonio, me pregunte contínuamente que por qué me casé, y añada esa coletilla de “¡si ahora no hace falta!“. “Puedes registrarte como pareja de hecho”, me dicen. Y me parece una broma de mal gusto, me dan ganas de escupirles un inmenso ¡JA!en plena cara. No tienen ni puta idea de lo que están diciendo, hablan de oídas, y no hay cosa que me rebiente más que la gente que da consejos o te dice lo que tienes que hacer con tu vida sin tener ni puta idea de lo que hablan, que hablen de oídas y se crean con derecho a decirte que haces bien o haces mal. Si no tienes ni zorra de lo que hablas, métete tus consejos en el culo, no los necesito para nada.
¿Que por qué me casé? Porque soy de la opinión de que me la jugarán una vez, pero no dos. De los errores se aprende y yo he aprendido de los míos. A palos, pero vaya si he aprendido.
Ha aprendido que para registrarse como pareja de hecho hacen falta dos personas, pero para des-registrarse solo hace falta una. He aprendido que los funcionarios del ayuntamiento se fían de la palabra y la buena fé de una persona que acaba de dejar tirada a otra a la que una vez amó, y corre al ayuntamiento a desregistrarse para que no quede ni rastro. Llamadme desconfiada, pero a mí me parecería al menos sospechoso.
En mi caso, la cosa fue más o menos así (yo no estaba, la funcionara me lo contó):
- Hola, que vengo a anular una pareja de hecho
- ¿Y la otra persona ya lo sabe?
- Sí, sí
- Vale, pues firma aquí (para dejar a tu ex-pareja con el culo al aire, desprotegida y sin los derechos que la amparaban cuando se registró).
La otra persona era yo, y me enteré tres meses después, porque me dio por preguntar en el ayuntamiento (él me lo negaba, y yo era gilipollas perdida). Intuición femenina, lo llaman. Intuición femenina por la parte de los cojones, diría yo.
Y una vez firmado ese papel por UNA sola de las DOS personas que componen la unión, resulta quepierdes todos los derechos que te amparaban cuando te registraste, te quedas con el culo al aire, la que era la vivienda familiar ya no lo es y te pueden dar una patada en el trasero y decirte: “Ala, bonita, ¡con dios!” Y digo yo, si es tan sencillo que te quiten los derechos que adquiriste al registrarte como pareja de hecho, y encima sin que tú te enteres, ¿para qué coño sirve? ¿Para qué coño nos registramos como pareja de hecho, si después se demostró que no sirve para NADA, que no te protege de nada, que puedes perder tus derechos en un momento, sin tu consentimiento y sin que tú te enteres? Sirve para engañar a niñatas ingenuas como yo, y hacerlas creer que tienen una cierta seguridad que es FALSA.
¿Sabes una cosa? No sé si mi matrimonio será para siempre o no lo será (espero que sí, con esa intención me casé), pero si en algún momento se rompe, al menos ME ENTERARÉ. Por mi marido o por su abogado, no lo sé, pero si quiere divorciarse no me enteraré cuando ya lleve tres meses de soltería living la vida loca. Es un salto cualitativo importante, no te creas. Llámame cínica si quieres, pero me la jugaron una vez, y no me la volverán a jugar.
Lorz, supongo que ahoras entiendes por qué no te felicito por tu nuevo “status”, pero te deseo mucha suerte. Como dice Zarajota, más vale eso que nada. Y tiene razón. Mientras dura. Cierto que nadie piensa que se va a separar algún día de la persona a la que justo se acaba de unir en pareja de hecho ante un funcionario del ayuntamiento, por supuesto, pero ¿y si pasa? Por desgracia, en una relación entran en juego aspectos mucho menos etéros que los sentimientos. Y cuando una persona te abandona, ya es capaz de hacer cualquier cosa. Ha dejado de quererte, quizá incluso quiere a otra. Una vez que te han dejado, pensar que esa persona se comportará de forma leal es como creer en las hadas y los duendes: una mera cuestión de fé. Y si no hay ninguna ley que proteja tus derechos, date por vendida porque nada le impide comportarse como un cerdo.
Así que tú, sí, tú, que me conoces y te metes donde no te llaman, tú que das consejos sin saber de la misa la media, la próxima vez que me preguntes que por qué me casé si me podía haber registrado como pareja de hecho, no me culpes si te meto un zapato en la boca para que te calles de una puta vez.
Nota a pie de página: No estoy diciendo que para casarse sea necesario tampoco organizar un bodorrio como el que montamos nosotros. No. Es perfectamente posible hacerlo de forma sencilla, en el ayuntamiento también o en el juzgado, y no montar toda la parafernalia. O incluso casarse por lo civil de forma sencilla con la familia más cercana, y organizar un bodorrio por la Iglesia un tiempo después, cuando a la pareja le vaya mejor o cuando le dé la gana. Pero mientras no mejoren la ley, lo de registrarse como pareja de hecho no se lo recomiendo a nadie.
P.D. Mi ex aún me debe 11.000 leuros más intereses de demora, y el día que se me gire la pinza me presento en el juzgado de guardia con el papelito que tengo firmado y se lo reclamo vía judicial. Y entonces se le van a quitar las putas ganas de irse de vacaciones a un spá _Y_ a hacer descenso de barrancos con el dinero que todavía me debe.
Cada vez que la protagonita de una novela rosa chorri-libros, o chick-lit se folla a su ligue mujeriego sin condón, deseo que le pegue sífilis o algo. De ser historias medianamente verídicas, se lo merecerían, por idiotas. No se porqué sigo leyendo estas cosas, si cada vez que me encuentro con este tipo de situaciones reflejadas en un libro como “¡¡ohhh, qué ideaaaal!!“, me pongo de mala leche.
Como te lo cuento. Esta es una de las búsquedas que hacía alguien en google, y sorprendentemente, le llevaban hasta mi blog: “mi novia es demasiado feminista“.
Diplomatic OFF:
Un buen par de hostias te daba yo, para que llores con motivo.
De verdad que no me lo explico. ¿Y no se te ha ocurrido pensar que quizá es que tú eres demasiado machista, querido? No, probablemente eso ni se lo plantea. Compadezco a la pobre novia, de verdad.
Cuando volvimos de la luna de miel, le explicamos a mi madre una anécdota ocurrida durante el viaje. Resulta que para contratar las excursiones en cada puerto, tuvimos que rellenar un formulario con nuestros nombres y otra información. Pues en el espacio para los nombres y apellidos, a Ifo, que es un poco antiguo el pobre para según que cosas, le hacía gracia que pusiera mi nombre, mi primer apellido, y en lugar de mi segundo apellido, la fórmula “de…” y su primer apellido. En algún lugar lo había visto, y le hacía gracia. Días después le enseñé este post de Chapi Escarlata sobre este tema, pero él no sabía entonces que se trataba de la fórmula que utilizaban las mujeres casadas durante el franquismo:
Cuando estéis casadas, pondréis en la tarjeta vuestro nombre propio, vuestro primer apellido y después la partícula de, seguida del apellido de vuestro marido. Por ejemplo, Carmen García de Marín. Es la fórmula más agradable, puesto que no perdemos nuestra personalidad, sino que sigue siendo Carmen García, que perteneceal señor Marín…
Se trata de un extracto de los libros de la Sección Femenina de Falange Española de las JONS, que tenían que aprender las niñas en el colegio. Aún así, pese a que yo ya sabía esto y me parecía aberrante, como me puso esa carita suya de cachorrito que ha hecho una trastada, y él no sabía esto, sino que era una fórmula que había visto y le hacía gracia, accedí sin darle mayor importancia y puse mi nombre, mi primer apellido, la partícula de, y su primer apellido. Le dí el capricho, sabiendo que no iba a consentir que ese detalle tuviera mayores consecuencias. Y al volver, le expliqué a mi madre toda la historia. Su consejo fue de los que no dejan lugar a dudas:
Ni un paso atrás, ni para tomar impulso.
Probablemente, si mi marido fuese este chico, habría buscado en internet esa misma noche: “mi suegra es demasiado feminista y resulta una mala influencia para mi mujer“. En cuanto al chaval que buscó en google “mi novia es demasiado feminista“, solo se me ocurre darle un consejo: háztelo mirar. No estoy segura de si lo tuyo se cura o es de por vida, pero al menos tu novia vivirá más tranquila. Eso, si no te deja antes por capullo machista.
Ayer Ifo y yo estuvimos hablando sobre infidelidades, en realidad sin acabar de llegar a ninguna conclusión concreta (obviamente, no tenemos las respuestas puesto que ni él ni yo manejamos ninguna encuesta sociológica al respecto). Nos preguntábamos quien es más infiel, si los hombres o las mujeres.
He preparado un pequeño cuestionario anónimo (10 preguntas súper-rápidas) a modo de juego, donde podréis exponer vuestras respuestas sobre el tema, a ver qué os parece.
Por supuesto, cada pareja es un caso y cada persona es un mundo, y aquí hoy no pretendo generalizar ni mucho menos, pero en mi opinión, todavía hoy en día, en pleno siglo XXI, son más infieles los hombres. Entre otras muchas cosas por una cuestión de oportunidades: desgraciadamente, todavía somos mayoritariamente las mujeres quienes nos encargamos de la casa y de los hijos, además de la jornada laboral normal. No hay más que ver las horas que le dedicamos a las tareas del hogar hombres y mujeres: ellos, una media de 2 horas semanales (!!!!!), y nosotras una media de 8. Y a eso hay que sumarle el cuidado de los niños, que de eso no hablaba el estudio anterior… Vamos, que una mujer trabajadora, con marido a su cargo e hipotéticos hijos, no tiene mucho tiempo que digamos para andar pensando en amantes. En cambio, en mi opinión, los hombres tienen más tiempo y por tanto mayores posibilidades para ser infieles, debido a los roles de género que todavía arrastramos en nuestra sociedad.
Más aún, creo que tanto entre hombres como entre las mujeres, llegados a cierta edad, la autoestima empieza a caer en picado, ya no nos vemos como cuando éramos jóvenes, hemos perdido lustre… Supongo que debe ser hacia la típica depresión de los 40 en ellos, y en nosotras alrededor de los 30. Y cuando se acerca peligrosamente esa fecha, el hecho de sentirnos atractivas/os para el sexo opuesto se convierte en una prioridad mucho más alta de lo que lo había sido unos años antes. Y ahí pisamos terreno peligroso. Sin embargo, cuando más tiempo pasa desde que una relación se consolida, más peligrosa creo yo que es la posibilidad de ser infiel, pues factores como la monotonía, el aburrimiento, las diversas crisis de pareja, etc. hacen que los especímenes de nuestro alrededor sean mucho más atractivos a nuestros ojos que lo que tenemos en casa. Es por esto que creo que a los 40 es más fácil ser infiel que a los 30, y por eso creo que los hombres son potencialmente infieles con mayor frecuencia que las mujeres.
Más aún, cuando la mujer ronda los 30-35 o incluso los 40, tiende a replegarse en sí misma, utilizar cremas anticelulíticas, antiarrugas y anti-edad en general que (lamento decirlo, chicas) para nuestra desgracia colectiva, no obran milagros. Sin embargo, cuando el hombre ronda los 40, el hecho de que _todavía_ resulte atractivo para las féminas de su alrededor, y cuanto más jóvenes mejor, se convierte en un elemento que le sube la autoestima como no podría hacerlo nada más.Y ahí es fácil caer en la tentación.
En cambio, la teoría de Ifo se resume básicamente en dos puntos:
- Si una mujer quiere sexo, tiene a cualquier hombre a tiro, solo tiene que proponerlo y caerá a sus pies babeando.
- Las mujeres tienden a ocultar mejor las infidelidades. Si una mujer le pone los cuernos a su pareja y no quiere que este se entere, el hombre no se entará nunca.
¿Y vosotras qué pensáis? ¿Son más infieles ellos o nosotras? ¿Quien tiene más posibilidades de poner los cuernos, y quien lo hace con más frecuencia? He preparado un pequeño cuestionario para tratar de sistematizar vuestras respuestas y vuestras opiniones, así que si queréis participar (es completamente anónimo, por supuesto) podría ser interesante, y una vez que tengamos un número significativo de respuestas expondré en el blog los resultados.
Y si quieres que las personas que leen tu blog también participen, puedes enlazar al cuestionario utilizando la siguiente dirección: http://www.polldaddy.com/s/AAD0DF73B976EA2C/
¡Y cuantas más personas colaboren, mejor!
Ayer por la tarde, en la piscina, fui testigo de una escena que por poco me quita las ganas de ser madre y me llevó a contemplar con cierto cariño la posibilidad de ligarme las trompas con los cordones de los zapatos. Os cuento:
Ayer por la tarde, entre otras personas, había en la piscina una niña de unos 5 ó 6 años (quizá incluso menos) y su hermano que no tendría más de 7, jugando en el agua. Su madre estaba fuera, en la toalla. Yo voy a la piscina casi todos los días, un par de horitas por la mañana y una hora o así por la tarde (ya sabéis que llevo bastante mal el calor), y a esta familia era la primera vez que la veía.
En esta época del año, en la piscina de la urbanización a partir de las 4 de la tarde empieza a hacer sombra porque el sol se oculta detrás de mi edificio. Se va ensombreciendo poco a poco, de tal manera que sobre las 5 de la tarde la parte que más cubre está en sombra y toca el sol de media piscina en adelante hacia la parte que menos cubre, hasta aproximadamente las 7, cuando ya no toca el sol ni en la piscina ni en el césped.
Pues a eso de las 6 de la tarde, la madre se acerca al borde de la piscina y les dice a los niños que salgan, que se van a casa. El niño sale de la piscina en silencio, se va a la toalla y empieza a secarse sin decir palabra. En cambio, la niña empieza a soltar unos chillidos que ponían los pelos de punta. Al principio no entendí por qué chillaba, parecía que la estuvieran matando, pensé que se habría hecho daño o algo, porque esos gritos no eran normales, si me apuran no eran ni siquiera humanos: más bien eran algo parecido a los de un cerdo agonizante, cualquiera que haya visto alguna vez la matanza de un cerdo sabrá a qué me refiero. Al cabo de un rato entendí que lo que la niña repetía como un mantra era
No quiero ir a casa no quiero ir a casa no quiero ir a casa no quiero ir a casa…
en toda la gama de agudos que su garganta y sus pulmones le permitían. De hecho, aunque no estoy en condiciones de asegurarlo, diría que alcanzaba tonos que solo los perros podían oír. Toda la piscina al completo estaba horrorizada por los aullidos de la niña, era algo espantoso. Yo aún estoy alucinada, no había visto una rabieta igual en mi vida.
¿Y qué hizo la madre? Se acercó al bordillo de la piscina con el gesto severo, la miró fijamente y le dijo, bajito pero con un tono de voz suficientemente firme, algo así:
Escúchame. No te quiero volver a sentir. Sal de agua y vamos a casa. Ya.
Y se dio media vuelta y volvió con el otro niño. Le ayudó a secarse y se encaminaron hacia casa. En total, la escena habría durado unos 15 o 20 minutos. Probablemente menos, pero esos gritos hicieron que el rato se me hiciera eterno e insoportable.
El caso es que en cuanto la niña perdió de vista a su madre y a su hermano detrás de los setos que rodean la piscina, ella solita salió del agua y el “no quiero ir a casa no quiero ir a casa” se transformó en un “mama mama mama mama” también a grito pelado. Cogió la toalla y las xancletas, y salió corriendo todo lo rápido que sus piernecitas daban de sí detrás de su madre, que la había dejado sola en el agua. ¿No decía que no quería ir a casa? ¡Pues ahí tienes!
La verdad, es que no sé si la madre reaccionó bien o no. Y no estoy segura de si yo sabría manejar una rabieta de esa magnitud. Cuando Ifo y yo hablamos del tema, él suele decir que no descarta un guantazo puntual en un momento determinado en que el crío se pase mucho de la ralla. Yo, a priori, sí que descarto esa opción, no contemplo la posibilidad de ponerle una mano encima a un hijo mío, ni que él se la ponga tampoco, ni siquiera un cachete en el culete con pañal y todo; siempre he creído que, como padres, no podemos permitirnos el lujo de perder los nervios ante nuestros hijos, y un guantazo es el efecto de perder los nervios, y creo que duele más la humillación y el miedo que provoca ese guantazo que el propio dolor físico provocado. Sin embargo, esa no era mi hija y de buen grado me habría acercado y le habría dicho:
A tí tu madre nunca te ha dado una buena hostia cuando te la merecías, ¿verdad guapa? Porque con gusto te la daba yo ahora mismo, ¡niña insoportable!
Si hubiera sido mi hija, no sé qué habría hecho, la verdad. Lo que sé es que no era mi hija, y la tentación de darle un buen sopapo era enorme. Además, creo que encima eso ahora está prohibido, ¿no? Os confieso que ayer por fin entendí lo que Querida Enemiga quería decir con el tema de los hijos, y lo valientes que somos por querer traer uno al mundo. Estoy pelín acojonada, no sé si sabré manejar una situación así.
Este sábado es mi despedida de soltera, y claro, Ifo está de los nervios. No le hace ni pizca de gracia la idea, creo que porque ha visto demasiadas despedidas en webs porno, y teme que la mía degenere en algo parecido a una orgía en la que 9 tías se tiran al boy por turnos mientras otra lo graba en vídeo (supongo que con la intención de subirlo a una web de porno amateur y forrarse, mientras pone de los nervios a los maridos en ciernes de otras novias), o la novia le mete mano al tío mientras hace el streap-tease… Vamos, estoy segura de que sabéis de lo que hablo. Para colmo, puesto que la organizadora es mi ex-cuñi, Ifo no se fía un pelo de la que pueda liar. Si se fiaba poco mientras estaba saliendo con mi hermano, ahora confía todavía menos. Claro que mi hermano le organiza a él la suya, así que no sé quien de los dos debería tener más miedo, si Ifo o yo…
En fin, el caso es que la despedida es este sábado y no sé con qué me voy a encontrar. Lo único que sé es que será en la playa, y mi madre me ha dicho que no me compre ropa nueva, lo que me da que pensar que igual me van a vestir con algún vestido temático o vete a saber qué. Os confesaré que estoy nerviosa, ilusionada pero a la vez aterrada. Es mi primera despedida de soltera, no he ido a ninguna anterior y no sé cómo van estas cosas. Ya es mala pata que la primera despedida a la que voy tenga que ser precisamente la mía.
Así que ando algo preocupada. Ya he hablado con mi madre, que también se encarga de la organización de la despedida junto a mi ex-cuñi, para que tengan en cuenta que no pienso tocar al boy, y mucho menos sobetearlo. Me muero de asco solo de pensarlo. Vamos, es que si me ligo a un tío en una discoteca, y me dice que trabaja de streaper, creo que paso. En serio, si pensáis que es una vacilada, preguntaos por cuantas manos, por cuantas bocas, por cuantas bragas habrá pasado ese tío, y luego decidme, sinceramente, si no os da un repelús de muerte. ¿Que eso se lava y se estrena? Sí, ¡ja! Gracias, pero que pruebe otra, que yo paso. ¿Acaso ese tío puede garantizarme que ha practicado sexo seguro sin excepción durante los últimos 5 años, como mínimo? Pues eso. Ante la imposibilidad de pedirle un certificado médico que garantice su perfecto estado de potabilidad antes de ponerle una mano encima (y no digamos cualquier glándula de mi cuerpo), prefiero aplicarme eso que me decían de pequeña:
Le leí en el blog de Jessika, y después me encontré con un post similar en Semilla en la tierra. Ambos hablaban sobre los celos, y sobre invadir la intimidad de tu pareja: leerle los mensajes del móvil cuando tu novio no está presente, entrar en su cuenta de correo o fisgonear en su cartera. Ambos admitían haberlo hecho.
Ifo me preguntó abiertamente si yo alguna vez le había leído el correo electrónico. Mi repuesta fue rotunda:
NO, nunca lo he hecho.
No se lo creyó. No entré en matices con él, aunque lo pensé: No descarto que lo haga algún día, llevada por un impulso irracional de celos; y quizá influya en que nunca le haya mirado el correo el hecho de que tenga una contraseña difícil de recordar, con lo que ya tendría que pensármelo dos veces y él podría alegar premeditación y alevosía, y además el saber que en su bandeja de entrada hay más de 400 e-mails sin leer de boletines a los que está suscrito, que ni lee ni borra, ¡uf, qué pereza!
Tampoco le he leído nunca los mensajes del móvil a escondidas. Alguna vez le he cogido el teléfono y me he puesto a cotillear en su agenda y en sus mensajes, pero siempre delante de él, y si alguna cosa me ha chocado, le he preguntado abiertamente
Y esta tal XXXXX, ¿quien es?
Y punto. Ni me avergüenzo ni me escondo. ¿Por qué? Si tiene algo que esconder, debería ser él quien se escondiera y se avergonzara de ello, no yo, ¿no crees?
Y tú, ¿alguna vez has leído el correo, los mensajes del móvil o has fisgoneado la cartera de tu pareja? ¿Y tu pareja te lo ha hecho a tí alguna vez?
Tengo una duda importante: me caso por la Iglesia el 28 de junio de este año, es decir, dentro de poco más de 3 meses, y no sé si después de haber pasado por el altar me estará permitido apostatar o no.
Sí, ya sé lo que me váis a preguntar: si quieres apostatar, ¿por qué cxxo te casas por la iglesia? De hecho, Mireia fue la primera en decirme que eso es perpetuar una instituación en la que no crees y que además es altamente perjudicial para la independencia de la mujer, y lo tengo muy presente.
Pero casarse es cosa de dos, como todo en pareja, y en ocasiones cede una parte y en ocasiones cede la otra, y en otras ceden ambos para llegar a un punto intermedio. Sobre la boda, él no contemplaba otra alternativa que por la Iglesia (supongo que porque asociaba casarse por lo civil a hacerlo en un despacho gris del ayuntamiento o del registro civil, y en eso tiene razón, a mí tampoco me hace gracia, pero ¿y en el jardín del restaurante, al aire libre? eso ya es otra cosa…), y tengo que admitir que a mí toda la parafernalia del asunto me hace gracia, así que ¿por qué no? La verdad es que me lo estoy tomando con mucho humor, no consigo disociarlo de la preparación de un carnaval o una gran fiesta, y me lo estoy pasando bomba.
Pero las consecuencias que tendrá esto para los que viven del negocio de la fé me preocupan. Consolarme pensando que un grano no hace granero no oculta la profunda incoherencia de lo que voy a hacer, partiendo ya de la base de lo asimétrico de los planteamientos de ambas partes: para el cura que me casa, es una muestra de mi fe que le permitirá engordar el censo de cristianos católicos del que pervive la idea de que la religión católica es la más numerosa en España; para mí, es una especie de carnaval, una fiesta con una parafernalia curiosa, y también un convencionalismo social y una forma de darle una alegría a mi madre, que se emocionó al verme vestida de blanco por primera vez.
Me cabrea que se aprovechen de mí para obtener beneficios, que presupongan por qué hago algo (vale, sí, ya lo sé, no es excusa), así que estoy planteándome dejar claro que NO comulgo con la Iglesia católica y sus postulados reaccionarios, apostatando. Pero, eso sí, después de la boda, para poder darles el capricho a mi novio, a mi familia y a la suya. ¿Incoherente? En parte sí, para ser coherente conmigo misma no debería prestarme a ese juego y directamente decir que NO, que no me caso por la Iglesia porque me parece una institución retrógrada que discrimina y humilla a la mujer (y ya veremos cuando nos toque pasar por el cursillo prematrimonial…). Pero como dije más arriba, la pareja es cosa de dos, y en ocasiones toca que ceder, y ser razonablemente coherente. A ver cómo me las apaño para cuadrar ambas cosas.
He encontrado al hombre con el que soñamos todas las mujeres.
El hombre perfecto. Y ahora que lo tengo… no sé qué hacer con él. ¡Es demasiada responsabilidad! Es como tener una cámara digital con autofocus y zoom incorporado… Que si la foto sale mal, ¡está claro que es culpa tuya!
Por no hablar de lo humillante que es salir con el hombre perfecto: no bebe nunca; con lo cual, yo parezco Massiel. Come menos que yo; con lo cual, yo parezco… Massiel. Y baila de puta madre, con lo cual yo parezco… Massiel.
¡Y encima está buenísimo! Yo, para arreglarme, necesito tres horas. Y salgo hecha un asco. Él, en cinco minutos, se ha duchado, se ha puesto perfecto y me ha limpiado el baño. Que entro yo pensando que me lo voy a encontrar todo hecho un desastre… y me lo encuentro impoluto… Que me dan ganas de decirle:
“¡Pero bueno! ¿Dónde me has puesto los pegotes de maquillaje que había dejado yo aquí, en el lavabo?”
Oye, ¡que no hay forma de enfadarse con él! No saben cómo echo de menos esas reuniones con mis amigas poniendo verdes a nuestros novios… Ahora ya ni voy. ¡Para no poder ni abrir la boca…! El otro día fuimos a cenar a casa de unos amigos y ellos se pusieron a discutir. Y yo le dije a mi novio:
- ¡Ayyyy… qué bonito! Cariño, tú y yo nunca hacemos esas cosas…
Os recomiendo que lo leáis entero porque vale la pena. El caso es que aunque Ifoxe no quiera reconocerlo, ¡yo le encuentro muchísimos puntos en común con el hombre perfecto que describe Palito! Un ejemplo: lunes por la tarde, después de un día duro de curro, cuando llegamos a casa me mandó directa a la bañera para que me relajara mientras él preparaba la comida del día siguiente y limpiaba la cocina. ¿Es o no es un amooooor?
Excepto por lo del lavabo: en cuanto encuentre la manera de que no lo deje perdido… igual me aburre por ser demasiado perfecto. ¿Sabes? Me parece que ya me importa un poco menos que deje los calzoncillos tirados en el lavabo… Y es que Palito tiene razón: la perfección puede llegar a ser cargante.
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