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Es algo que tengo asumido desde hace tiempo: abre boca - mete pata, es mi sino. Y este fin de semana, como no podía ser de otra manera, volví a meter la pata de una manera importante, delante del gran jefe, Pepe Zeta. Os cuento:
Como el fin de semana nos tocó trabajar, el sábado por la noche nos invitaron a cenar en una barbacoa al aire libre, junto a la piscina, en plan fiesta con toda la gente que había querido venir. Colocaron tres barbacoas, una en cada esquina de la piscina, y en la cuarta esquina pusieron el bar. Como no habían sillas para poderse sentar, y yo estaba destrozada de todo el día de aquí para allá, Ifo y yo nos sentamos en una especie de bordillo con nuestros platos, junto a una de las barbocas, charlando animadamente con la gente que se nos acercaba.
En una de esas estábamos, charlando con mi jefa y contándole que había intentado fichar a Ifo explicándole los mecanismos de democracia interna, y que su reacción en aquel momento había sido preguntarme:
¡¿Eso significa que yo me puedo presentar al cargo de Pepe Zeta?!
¿Adivináis quien estaba detrás de mí, justo mientras yo explicaba esta simpática anécdota, de mi marido queriéndole disputar el cargo a mi gran jefe?
Efectivamente, si una mete la pata, la mete pero bien. El gran jefe, Pepe Zeta, estaba detrás de mí. No sé qué parte escuchó, qué entendió, ni qué conclusión sacó, pero yo me quería morir de la vergüenza. No recuerdo que en mi vida haya sentido con tanta fuerza esa horrible sensación de ¡tierra, trágame!
Al menos mi jefe tuvo el buen gusto de hacerse el sueco, actuar como si no hubiera oído nada aunque la sonrisa rocarrona le delataba, y bromear conmigo a cuenta del olor de la barbacoa, yo le respondí que me tiraría a la piscina y se me quitaría el olor a barbacoa, a lo que él me retó con un
¡No hay huevos!
(lo juro) antes de darse cuenta de que llevaba puesto el bikini debajo del vestido. ¡Que en nuestro mundillo hay que estar preparado en cualquier momento para todo lo que pueda pasar, Pepe, que pareces nuevo! Tenía que haber aprovechado para jugarme un aumento de sueldo antes de que se diera cuenta. Otra oportunidad perdida. Cawentó lo que se menea.
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El adiós de una mujer
se llevó la paga, el vino y el placer…
Se trata de un verso de una canción de Duncan Dhu, Una calle de París, que en este momento adquiere un sentido totalmente diferente del original. Nunca el despido de una mujer había provocado tanta frustración en varios hombres de una subvención pagados…
Ayer expliqué que en mi trabajo todo seguía igual o mejor incluso que antes de este fin de semana. Para mí y para mis compañeras, claro. Porque hay otras personas que habían puesto sus esperanzas, y no sabría decir si incluso su futuro profesional, en el nombramiento de esta persona que al final, contra todo pronóstico, se quedó fuera. Unas ganan y otros pierden, así es la vida. Y si la persona que se ha quedado fuera lo ha aceptado con deportividad y savoir fer, sus aliados parece que no se han tomado su derrota igual de bien y ahora andan refunfuñando por los rincones y lanzando advertencias veladas.
Y a mí, mientras tanto, después de los navajazos recibidos, de que me llamaran trepadora, de que pidieran mi expulsión, de que dijeran que no pertenezco al “grupo oficial” o algo así… esta nueva victoria me sabe a gloria bendita y tengo en la cabeza el estribillo de una cancioncilla de Los Suaves, Dolores se llamaba Lola, que se me repite sin que yo pueda hacer nada por evitarlo, me pregunto por qué será…
Las vueltas que da la vida,
el destino se burla de tí.
¿Donde vas, bala perdida?
¿Donde vas, triste de tí?
Ahora dicen que soy soberbia. No es soberbia, sino alivio. Ya dije ayer que no es divertido hacer leña del árbol caído, no disfruto con la caída en desgracia de la que podía haber sido mi jefa: he estado en un tris de ser yo, de hecho pensaba que la que caería sería yo, así que no me lo estoy pasando bien por el hecho de que sea ella quien se ha estrellado. La sensación ha sido más bien la de un suspiro de alivio por lo que podía haber pasado y afortunadamente no pasó: ni estoy en el paro, ni tengo como jefa a una persona con la que, por decirlo de forma diplomática, no creo que congeniara demasiado bien…
Ahora bien, una cosa es que no me alegre de la caída en desgracia de una persona en concreto, que no me alegro. Y otra bien diferente es que me alegre de que quienes me han estado puteando, y aspiraban a mejorar su posición a mi costa con el nombramiento fallido, ahora vean frustradas sus ambiciones. De eso sí me alegro.
El adiós de una mujer
se llevó la paga, el vino y el placer…
Me alegro de que quienes me putearon en su momento, ahora no puedan ver sus aspiraciones colmadas. Se lo merecen, por mala gente. Y es que el mal karma siempre vuelve.
Quizá les habría sido muy útil recordar el estribillo de aquélla vieja canciónn de Estopa, Vino Tinto:
Fíjate un objetivo distinto,
que soy como un vino tinto,
que si me tomas en frío engaño
y con los años me hago más listo,
cariño…
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Este fin de semana podían haber cambiado muchas cosas, empezando por mi jefa. Este fin de semana podría haber cambiado de jefa, y con ello podría o bien haber mejorado mi posición profesional o bien haberme quedado en el paro. En cualquiera de los dos casos, habría empeorado mi calidad de vida, y sinceramente, no sé cual de las dos situaciones me habría dejado peor parada. De un día para otro, cualquier cosa era posible.
Por suerte, las conspiraciones de jardín no triunfaron y, aunque hacía semanas que dábamos casi por hecho que habría cambios y que una persona determinada pasaría a ser la nueva jefa de departamento (y también que el departamento ganaría en status), el domingo por la mañana me llevé la gran sorpresa: no habría mejora del status del departamento (por ahora), pero ¡¡tampoco habría cambio de jefa!! Es la mejor noticia que me han dado en años, si me llego a encontrar al gran jefe en ese momento, creo que le planto un beso en los morros. ¡Grande, Pepe, eres grande!
Esta mañana, de camino al curro, luchaba conmigo misma sobre la conveniencia o no de comprar una botella de champán en la bodega de la esquina y celebrarlo aunque fuese en vasos de plástico, porque la ocasión lo merece: El boicot que le estaban haciendo a mi jefa no ha funcionado, la persona que le estaba haciendo la cama para quedarse con su puesto (pero con más galones) no se ha salido con la suya y, en definitiva, la vida sigue igual. Bueno, sigue igual para mí: para otras la vida ha mejorado increíblemente.
No soy la única que esta mañana tiene motivos para estar contenta. Evidentemente, mi jefa tiene sus propios motivos. Y mi querida Eigí, está que lo tira: la que hasta ahora era su jefa no será mi nueva jefa, pero tampoco seguirá siendo su jefa de ahora en adelante. He ido a buscarla para felicitarla y susurrarle al oído unos versos de Amaral:
Ya no tendrás que soportar
a la imbécil de tu jefa
ni un minuto más…
Es lo que tiene ser un pelín déspota con los subordinados: que nadie te quiere de jefa, y si te echan, los demás aplauden.
No es divertido hacer leña del árbol caído. Pero me he quitado un gran peso de encima. Si por algo dicen aquéllo de “Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy…“
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Boicot. Y si no lo es, se le parece mucho. Es que no se me ocurre otra palabra para describir lo que nos están haciendo (sobre todo a mi jefa) unos compañeros de trabajo de otro departamento. No tengo toda la información, no sé qué es lo que se cuece en las “altas instancias“, pero veo lo que ocurre a mi alrededor y cada día alucino más.
Desde hace ya no sé ni cuanto tiempo (creo que llevamos toda la vida metidas en harina) estamos trabajando en un proyecto muy importante, que reflejará nuestra imagen de cara al exterior, y que implicará cambiar la forma de trabajar de más de 500 personas, muchas de ellas voluntarias. El trabajo es abrumador, y hay 4 personas, de dos departamentos diferentes: mi jefa y yo, y dos personas de otro departamento, para sacar adelante el proyecto. Más todo el equipo en las diferentes empresas contratadas especialmente para desarrollarlo y ponerlo en marcha. Nos estamos dejando las pestañas para coordinarlo, para que los diferentes equipos funcionen como un reloj… y mientras tanto lo único que nos encontramos es una zancadilla tras otra.
No puedo asegurarlo, pero creo que ayer mi jefa se fue a casa llorando de frustración y de impotencia. Y es que la situación ha llegado a un límite en que no es para menos. Ayer yo me sentía como si estuviera en el camarote de los Hermanos Marx, y a ella las miradas asesinas la delataban.
Nosotras dos somos las que hemos estado en todas las reuniones de seguimiento del proyecto, yo me he encargado de la redacción de las actas y de controlar las tareas pendientes; y ella se lee los documentos que yo le paso, los compara con sus apuntes, lo comentamos y corregimos lo que toque. Como podéis imaginar, tenemos bastante controlado lo que se acuerda en las diferentes reuniones y los temas pendientes que corresponden a cada equipo. Sin ninguna duda, lo tenemos todo mucho más controlado que aquéllos que ni siquiera tienen la decencia de venir a las reuniones, claro.
Porque la otra mitad del equipo se pasa por el forro más de la mitad de las reuniones; es habitual que, cuando se deciden a venir a una reunión a la que estaban convocados, se marchen a la mitad y nos dejen a medias, o ni siquiera se presenten aunque saben que les necesitamos para poder avanzar en el proyecto. Y cuando finalmente se deciden a honrarnos con su presencia, nos cambian los acuerdos que ya habíamos cerrado en reuniones anteriores, con lo que tenemos que volver a empezar. Obviamente, esto hace que vayamos muy mal de tiempo, que las empresas contratadas se mosqueen con esta dinámica de trabajo tan caótica y porque no se cumplan los plazos que a ellos sí les exigimos con puntualidad británica, y que nosotras dos nos encabronemos con nuestros compañeros, que no nos lo ponen nada fácil.
Como ya hemos detectado que se escaquean con sorprendente regularidad (de cada 4 reuniones, vienen a 1 y media), hemos optado por acorrarlarles en su departamento y tener reuniones preparatorias, al menos para poder seguir avanzando aunque ellos no estén. Y en esas reuniones preparatorias si no nos hemos acabado tirando de los pelos es porque somos gente diplomática y preferimos insultarnos, que queda más digno. Como os decía antes, tenemos controlados los acuerdos a los que llegamos en cada reunión, porque los tenemos por escrito, y tenemos documentados también los cambios de criterio que se producen de una reunión a otra. Bueno, pues si les hacemos notar que eso no fue lo que acordamos, nos encontramos con sonrisas sardónicas y frases del tipo:
¿Cómo no va a ser eso lo que acordamos? Os veo un poco despistadillas, ¿eh?
Dan ganas de matarlos. Nos miramos la una a la otra y con la mirada nos preguntamos:
¿Qué prefieres? ¿Homicida o cómplice?
También nos hemos encontrado con tapones a la hora de conseguir información. Necesitamos que nuestros compañeros nos pasen información, y se tiran días para dárnosla, nos dicen que eso que les pedimos es muy complicado y que van de culo y no tienen tiempo, con lo cual el proyecto va todavía más retrasado aún. Pero lo que pasó ayer es que clama al cielo. La información que nos habían estado pasando con cuenta-gotas, a trozos y con días de retraso… resulta que no es fiable. Y se dan cuenta ahora. Ayer por la tarde fue algo caótico intentando cuadrar los datos de los distintos ficheros que nos habían ido pasando y obtener algo mínimamente coherente. No estoy muy segura de que lo hayamos conseguido.
En cualquier caso, ayer el boicot fue ya evidente. Y que es imposible trabajar con este grado de bloqueo por parte de nuestros propios compañeros.
No sé qué ocurrirá después del verano, mi jefa está convencida de que ella no continuará, y de que todo esto probablemente tenga consecuencias para nuestro departamento (sí, encima somos nosotras las que nos vamos a comer el gran marrón), lo que me implica a mí personalmente. No sé si se cargarán nuestro departamento, y qué pasará conmigo en ese caso. Y me jode, me jode mucho porque el curro me encanta, cuando entré aquí ya dije que esto era el Trabajo con mayúsculas. Aún no estoy en el área, con las funciones y la responsabilidad que me gustaría, pero tengo un gran futuro por delante, y además me encanta mi trabajo, me encanta mi jefa (tan diferente de otras que he tenido, por cierto…), me encanta lo que hago, me encantan las condiciones de trabajo, me encanta la gente con la que trabajo y me encanta trabajar aquí.
Lo último que me apetece es volver de luna de miel, y encontrarme con que estoy el paro, la verdad, y todavía me jode más que sea por culpa de unos incompetentes que nos están haciendo la vida imposible en este proyecto, en el que nos estamos teniendo que comer un marrón detrás de otro que ni siquiera son responsabilidad nuestra, dando la cara por ellos, y que nos la jueguen de esta manera.
La vida es injusta, y el mundo laboral todavía más.
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- Que hables más y trabajes menos
- Perdón, ¿cómo dices?
Os juro que esa ha sido (en pocas palabras) la recomendación que me ha hecho la jefa de recursos humanos de The Monkey Island. Aún estoy que lo flipo. Ya en agosto (hicimos vacaciones en julio) me llamaron la atención para que por favor saliera a las 3 en punto y no me quedara más rato, porque el vigilante salía tarde por mi culpa. Lo nunca visto:
- Pimkie, por favor, no hagas horas extras por el morro, ya terminarás el trabajo al día siguiente, que es que el vigilante se me queja de que sale siempre tarde por tu culpa…
Bueno, vale…
Pues ahora también me dice la jefa que trabaje menos y hable más con los compañeros, que haga más vida social. Y yo es que lo flipo. No me extraña que Ifo esté como loco por trabajar aquí (la petarda de mi amiga Zorri no sabe lo que se perdió, por idiota). Y es que hoy me he enterado de que, además del mes de vacaciones en verano, además de todos los puentes por decreto, además del convenio de 35 horas semanales, además de la jornada intensiva los viernes… además de todo eso, en Navidad tenemos una semana extra de vacaciones.
Y ahora me dicen que trabaje menos, que salga de mi burbuja, hable más con los compañeros y haga más “vida social” en el trabajo. Si es que tengo un chollo que no me lo merezco.
Lo que me recuerda que todavía no sé quien me ha tocado con el rollo del amigo invisible, y el viernes tenemos la cena de empresa… A ver si me entero.
Actualización: Vale, aclarado el tema del amigo invisible. No se personaliza. Compra algo bonito de menos de 5 leuros, que irá al saco a quien le toque. Genial, así no me tengo que romper la cabeza buscando qué chorrada comprarle a alguien a quien, si no es de mi planta, probablemente ni conozco.
[Nota: ¿he conseguido poneros los dientes largos con este post?]
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Hay cierta gente lamentable y patética que encima va de sobrada por la vida.
Una crea su blog porque le han dicho que eso es una cosa que mola mucho, y no lo actualiza en casi dos años. Vale, hasta aquí, bien.
Luego una quiere desactivar su blog, porque total, después de dos años sin escribir ni coma tampoco sirve de mucho, y no sabe cómo hacerlo. No pasa nada, llama a atención al usuario de la casa, que allí te ayudarán. ¿Qué es lo primero que te piden? Evidentemente: tu usuario y tu contraseña. Pero no los recuerdas.
- Bueno, tampoco pasa nada, para eso está el “Recordar contraseña“: a ver, dime la dirección de e-mail con la que te registrarte para crear tu blog
- Tampoco me acuerdo
- No importa, sabiendo la dirección de tu blog, y te enviarán un e-mail a la cuenta de correo que utilizaste al registrarte. Dime la dirección de tu blog.
- No me la sé
- ¿Cómo que no te la sabes? Es esa que pones en la dirección del navegador de internet. www.loquesea.blogspot.com
- Es que no me acuerdo de cual era…
- Bueno, no pasa nada, seguro que es algo con tu nombre y tu apellido. A ver, voy a probar: nombreyapellido.blogspot.com… ¡Bingo! Ahora te enviarán un e-mail para recuperar la contraseña al correo que utilizaste para registrarte. A ver… @institucion-publica.cat
- Pero es que a esa dirección era de mi anterior cargo y ahora ya no lo tengo. No puedo entrar en esa cuenta de correo, que me envíen la contraseña a otra.
- Eso no puede ser, es por seguridad. Si no, a cualquiera le podrían enviar la contraseña de otra persona.
- Sí, eso lo entiendo, pero tienes que darme una solución.
- Te estoy dando DOS soluciones: una, acceder a tu cuenta de correo antigua; dos, que recuerdes tu usuario y tu contraseña.
- Pero ninguna de las dos me vale. Tienes que darme otra solución.
- No puedo, no depende de mí, depende de blogger, y estas son las dos soluciones que propone, yo no puedo hacer más.
- Pues tienes que buscar otra solución, porque las que me das no me sirven.
- Es que no hay más soluciones que esas dos.
- ¿Entonces, qué? ¿Se tiene que quedar eso así por los siglos de los siglos?
- Mientras no te acuerdes de tu usuario y de tu clave, me temo que sí…
- Eso no puede ser, busca otra solución.
10 minutos de conversación absurda después, se me ocurre una solución alternativa:
- ¿Y qué pretendes? ¿Que hackeemos blogger y les tiremos sus servidores para que tu blog (en el que no has escrito nada en dos años) desaparezca…?
A grandes males, grandes remedios. Sí, señor, con un par… Pero parece que la doña no entiende el sentido del humor informático, y se me mosquea.
- Bueno, ya hablaré con tu jefa, porque veo que no sirves para nada.
Es decir: _ella_ no se acuerda de la dirección de su blog, no escribe nada en dos años, no sabe como borrarlo, no se acuerda de su usuario y de su contraseña, no puede acceder al correo con el que se registró… ¡Y la que no sirve para nada _soy yo_!
Hay inútiles tan inútiles que son incapaces de reconocer su propia inutilidad, y encima van de super-sobrados por la vida… Lo que hay que aguantarles a algunos, que se creen que por haber tenido un cargo pueden andar tratando a la gente a patadas. Gente así desprestigia las instituciones, pero es que es más que eso: es un problema de educación y de respeto hacia las personas, habilidades de las que esta personaja carece por completo.
Luego dicen de la juventud de hoy en día, que no respetamos nada. Con según qué ejemplos lamentables, precisamente de quien debería dar ejemplo a la sociedad, no sé qué esperan…
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A veces, hablando con mi niño sobre nuestros respectivos historiales delictivos curriculums profesionales, él se lía con facilidad y confunde a un jefe capullo con otro, y se sorprende de la cantidad de impresentables que he tenido que aguantar a lo largo de mi carrera profesional. Y es que los últimos 8 años dan para mucho, pero quizá lo mío ha sido una mezcla de mala suerte y poca paciencia, no estoy segura. Os resumo la película:
En septiembre del 99, unos meses después de cumplir 18 añitos, y desengañada porque la nota de corte de la selectividad no me había alcanzado para estudiar la carrera que quería (periodismo, quizá por eso me gustan los blogs que me gustan), encontré trabajo de cajera en Supermercados DIA. Tres meses duré, currando de 9 de la mañana a 10 de la noche de lunes a sábado, con mi madre rogándole a todos los dioses cristianos, ateos y paganos para que me despidieran y volviera a estudiar. Alguno de ellos (no sé cual) escuchó su plegaria y me echaron del trabajo más glamouroso en el que he estado, pero me dio tiempo de coleccionar algunas anécdotas sobre las jefecillas que me desvirgaron en esto de los jefes capullos.
Para empezar, la primera cajera era una soplapollas. Así de simple. Sin rencores, pero era más tonta que pegarle a un padre la noche de Reyes. Cobraba lo mismo que el resto de cajeras, tenía las mismas responsabilidades y el mismo contrato, pero un cierto “status” de cara al resto de compañeras (o eso creía ella), y por ese reconocimiento creía que valía la pena pisotear a quien viniera detrás, pues pretendía que ser “primera cajera” le daba la posibilidad de ser algún día encargada de tienda. Pobre ilusa.
La tercera en discordia, una rubia salidorra (que explicaba sus andanzas sexuales a gritos), tampoco era mejor que la soplapollas de la primera cajera. Era una ambiciosa de tres pares de narices, y ya hace falta tenerlos bien puestos para ser rubia salidorra y ambiciosa trabajando de cajera de DIA, donde de la inspectora para abajo todo eran mujeres y no había pollas que chupar a la vista, que era lo que a ella le iba para ascender en el escalafón (no me lo invento, lo afirmaba ella sin despeinarse siquiera). A falta de jefes a los que mamársela, optaba por la puñalada trapera, que es otro método que al parecer también le daba un buen resultado, como cuando cogió mi nómina y fue a enseñársela, ofendidísima, a la encargada de la tienda y a la primera cajera.
Que esa es otra: yo fui la última en entrar en esa mafia empresa, pero gracias a la nueva política retributiva, cobraba apenas 10mil pelas menos que la encargada de la tienda, y más que mis compañeras (es un decir) con años de antigüedad, porque a mí me pagaban un plus de transporte de 60 leuros y un plus de comidas de 240, que ellas no cobraban. Se rebotaron conmigo como si yo tuviera la culpa y decidieron boicotearme a conciencia, las muy perras. Aún recuerdo la cara desencajada de la encargada cuando me echó la bronca por cobrar lo que cobraba (!!!), diciéndome “¿tú sabes lo que me jode a mí que, sin tener ni una puta responsabilidad, cobres solo 10mil pelas menos que yo,?“. ¿Y yo qué culpa tengo? ¿Me lo quieres explicar, pero despecito, para que lo entienda?
Por culpa de esa nueva política retributiva de la mafia directiva de DIA (se conoce que les costaba encontrar personal para sus tiendas ideales), entre otras cosas, las cajeras más antiguas de la empresa decidieron convocar una huelga y bajar las persianas de los supermercados un día entero. Afortunadamente, a mí ese día me pilló en mi día libre (sí, tenía un día libre entre semana, ¡¡yupiiiii!!), porque lo que a mí me pedía el cuerpo, en solidaridad con mis compañeras (las del resto de la empresa, no las perras de mi tienda, se entiende), era unirme a la huelga; pero si se me hubiera ocurrido no asistir ese día al trabajo, no me quiero ni imaginar la que me hubiera esperado con mi encargada: aterrorizada me tenía. Y es que la encargada de la tienda en la que yo trabajaba era una trepa de mucho cuidado (como la primera cajera soplapollas y la “ambiciosa” rubia chupapollas, es decir, la misma fauna en realidad). El resto de compañeras de mi tienda no iban a hacer huelga, en parte para hacer méritos (porque nuestra tienda había sido seleccionada y estaba inmersa en el proyecto tienda ideal, juas!), y en parte porque también estaban acojonadas por la actitud de la encargada. Estaban de acuerdo con las reivindicaciones del resto de compañeras de la empresa, pero no iban a hacer huelga para reinvindicar sus derechos porque tenían expectativas, y en su lugar preferían atizarme a mí, pobre imbécil de 18 añitos que acaba de romper el cascarón del huevo y que no tenía culpa de nada pero, para ellas, era un objetivo a abatir, el enemigo. Terrible.
Suerte que me despidieron antes de navidades, y en enero ya había encontrado trabajo en una oficina: de auxiliar administrativa para una ETT subcontratada por una empresa de servicios que prestaba los idem a Gas Natural, pero de la fauna que allí ví os hablaré otro día.
En futuras entregas de este tratado de capullología os iré contando más sobre los jefes que he tenido a lo largo de mi trayectoria profesional.
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Yo quiero tener el trabajo de un funcionario, el sueldo de un ministro y las vacaciones de un maestro de escuela.
Ella lo tiene claro. Con razón dice mi novio que mi madre se las sabe todas…
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Venir a trabajar con unas anginas de la hostia es genial.
Además de sentirte bien contigo misma porque:
1. La jefa te ha hecho ver que puedes venir a trabajar sin problemas, porque hay unos proyectos importantes que dependen de tí para su puesta en marcha, y si no salen le costarían a la jefa unos cuantos miles de leuros, que tú no verás ni por Navidad (¿no habíamos hablado ya del concepto “timing”? Parece que no quedó muy claro…). Total, al fin y al cabo, el único SÍNTOMA que TÚ tienes es el que ELLA puede detectar por teléfono: una ligera afonía. La tos seca que no te deja dormir por las noches y que te ha puesto unas agujetas terribles en el estómago, el picor de garganta, las toneladas de kleenex que gasto al cabo del día, la nariz irritada, el hecho de que mi dieta se componga casi exclusivamente de mocos… Todo eso no son más que tonterías. “Aunque estés así con la voz afónica, tú vente a la oficina y terminas lo que tienes pendiente.” me ha soltado con todo su morro. ¿Hola? ¿Pelochos? El teléfono del sindicato más cercano, por favor.
2. Tu compañera de trabajo, ¿qué digo tu compañera? ¡tu subordinada! ha tenido el morro de decir a grito pelado “¡¡Más le vale a Pimkie estar aquí mañana a las 9 de la mañana para solucionar esto!!” Y tú, claro, te sientes bien por aceptar órdenes de una petarda que lo que tendría que hacer es ¡cumplir las tuyas y no dártelas! Porque, a ver, para empezar, petarda: ¿QUIEN te crees que eres TÚ para decirle A TU JEFA a qué hora tiene que entrar? ¿Cuándo fue la última vez que me viste llegar a las 9 en punto de la mañana? ¿Y más me vale, de qué, imbécil?
3. Tienes la oportunidad de mandar a la mierda a aquélla personita tan dicharachera que tuvo el valor de decirle a mi futuro marido, mientras yo estaba en cama con fiebre: “Tú ahora te estás comiendo este marrón porque Pimkie en su momento no hizo su trabajo“. Ole, ole y ole. ¿Quien quiere analizar los motivos de los fallos cuando puedes cargarle el muerto a alguien que no está presente? Como diría MalaPuta: Los compañeros de trabajo, esa fauna.
4. Con un poco de suerte, consigues infectar de virus la oficina, poner a todo el personal en cuarentena griposa, tu compañera se siente tan asquerosamente mal físicamente como tú, la jefa se abre las venas y todos felices.
Además de sentirte bien contigo misma por todo lo anterior, lo mejor de venir a trabajar con gripe es cuando te enteras de casualidad de algo que no tendrías que saber.
Me he enterado de que van a contratar al que fue mi jefe en la empresa en la que trabajé anteriormente, un cabrón que me puteó durante meses hasta el punto de tener que dejar la empresa porque la situación se hacía insostenible. Aquí expliqué en su momento la liberación que sentí cuando me largué de allí. Bueno, pues este personaje ahora va a ser contratado por mi jefa, en mi mismo puesto, cobrando EL DOBLE de lo que yo gano, con su categoría laboral reconocida (no como yo, que en mi contrato dice pringada a jornada completa), con plaza de parking, móvil de empresa y los viernes a las 3 de la tarde a casa (yo no he conseguido, en un año, salir una triste hora antes el viernes, ¡y eso que lo marca mi contrato!).
Si a eso le añado que la jefa de la que llevo despotricando durante meses trabajaba con los dos en aquélla compañía de la que tuve que irme harta de este personaje, y que además mi actual jefa estaba al corriente de la situación en mi departamento… entenderéis que mi situación es, cuanto menos, delicada en este momento.
Así que me largo. Tenía otra oferta y la he aceptado. Ya no la aguanto más. El día 5 de marzo, Pimkie perderá de vista definitivamente a la pedorra de mi jefa… Y probablemente empezaré a despotricar sobre otr@ jef@ más obtus@ todavía si cabe. El principio de Peter, ya sabéis: “En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia“. ¡Ay de mis subordinados el día que llegue yo a ese nivel! Porque pienso vengarme …
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En días como hoy, entiendo la ansiedad de los fumadores: hasta yo, que no fumo, estoy estoy como loca por pillar un cigarro y llevármelo a los labios.
Cualquier día acabo haciendo una locura. O mato a la jefa, o hago una locura.
Pensaba que era yo quien se estresaba cuando iba sobresaturada de trabajo, pero he descubierto que no: lo que ocurre es que me estresan. En concreto, la jefa me estresa.
Los instintos asesinos hay veces que me pueden y no sé si seré capaz de controlarlos durante mucho tiempo. Es fácil de entender si os digo que levantarse para beber un vaso de agua está mal visto cuando hay una incidencia. Debe ser que la deshidratación del personal contribuye a la rápida solución de los problemas informáticos. No sé, digo yo.
La rapidez de quien tiene el mando en extraer conclusiones precipitadas (con la consecuencia de cargar las culpas de cualquier problema y de todos los problemas al que más a mano tiene, aunque no tenga ninguna responsabilidad en el asunto) me saca de quicio. A ver, bonita: antes de decirme que llame a “alguien” y LE PEGUE LA BRONCA por “algo“, ¿por qué no te aseguras de que ese “alguien” es responsable de ese “algo“? No sé, por variar de vez en cuando, más que nada. Para salir de la monotonía, vaya…
El acumular proyectos en fechas que se solapan es otra de las cosas que me saca de mis casillas: No hay tiempo para preparar cada proyecto, una vez terminado uno, ya tenemos que tener resultados del siguiente con un día de margen con suerte (aunque el proyecto en cuestión implique más de una semana de trabajo). Dejamos listo para arrancar un proyecto un lunes, pues el martes ya tenemos que tener ¡¡resultados!! del siguiente. ¡Que hay que prepararlo! ¡Que hay trabajo por hacer! ¡Que esto no es una pxxx cadena de montaje! No importa, le da todo igual. Y encima tiene el morro de decirme: “cuando tengas tu propia empresa, ya me lo contarás“. ¡Jodxx, que no podemos cumplir los plazos que nos estás marcando! ¡Que nos estás apretando las tuercas demasiado y va a llegar un momento que nos pasarás de rosca! ¡Que los días tienen sólo 24 horas, y algunos tenemos la mala costumbre de dormir de vez en cuando! Hemos tenido una charla entretenida sobre el asunto: ya hasta vocaliza correctamente el concepto “timing“, ahora sólo me falta que lo entienda. El día que consiga que lo aplique, correrá el Dom Perignón por la oficina, y estáis todos invitados.
Y ya la rehostia es distraerme y entretenerme preguntando giglipollecxs que a estas alturas debería saber (jodxx, ¡la empresaria es ella! Si como gestora no vale una mierxx, lo mínimo es ser especialista en el tema, ¿no?), o relacionar conceptos que no tienen nada que ver para tomar decisiones que sólo pueden tener consecuencias catastróficas. ¿Un ejemplo? Cuando puedas -es decir: para ya mismo-, reduce la velocidad, que he notado que el tocino está caducado. ¿Porqué no te compras un euro de desierto y lo barres, bonita? A ver si allí, por lo menos, dejas de dar por saco.
Necesito un cigarro urgentemente. No puedo más. O salgo un rato a fumar un cigarro, y que el humo se lleve todas las malas vibraciones, o cualquier día la mato, y encima tendremos un disgusto.
Post-escriptum: Es definitivo, dejo salir a la pequeña ordinaria que habita en mi, pego unos cuantos berridos, suelto media docena de tacos, y me quedo como nueva. Me voy a comer.
En esta entrada hablo de: idiotas, trabajo
En capítulos anteriores...
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