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Desde hace unas semanas nos han quitado el microondas que teníamos en una mini-cocina de nuestra planta, y se lo han llevado junto con dos micros más a la nueva sala de descanso, recién inaugurada, en la sala del fondo una planta más arriba.
La sala está bien, tenemos cuatro mesas y un montón de sillas, tres microondas para minimizar las colas a la hora de la comida, un sofá y una mini-tele para poder ver Los Simpsons y Sé Lo Que Hicísteis mientras comemos. Ahora no nos dejan comer en nuestras mesas, lo cual está bien porque por un lado socializamos con los compañeros (algo que a servidora le venía haciendo falta), porque con los atascos que se producen a la hora de la comida, no te queda otra; y por otro lado aprovechamos para descansar un poco, porque no nos engañemos, si comes en tu mesa junto al ordenador, ni descansas ni te alimentas.
Pero lo peor viene con el café mañanero. Ahora el Nescafé no ya solo está al alcance de las compis de departamento, sino de ¡toda la oficina! De momento, parece que lo respetan (¿será por la sutil etiqueta con mi nombre que le he puesto?), pero habrá que estar atentas. Sin embargo, esa no es la incomodidad peor. Al tener la sala de descanso, y el microondas asociado, en la planta de arriba, significa que ahora para hacernos el café tenemos que coger el ascensor, caminar unos 100 metros en línea recta, prepararnos el café en el microondas o en la cafetera, esperar a que termine de calentarse mientras nos tocamos los huevos las narices, aprovechamos para hacer la xerradeta si nos encontramos con alguna compi en el camino (con lo cual, el número veces y el tiempo que pasamos en cada escaqueada, aumenta exponencialmente y se retroalimentan las escaqueadas de unas con las de otras…), y bajamos por el ascensor o por las escaleras con la taza ardiendo, llena hasta arriba y haciendo equilibrios para no quemarnos y para no derramar el líquido cafeinoso por el camino y ponernos la ropa perdida… Y cuando llegas a la mesa, el café está ya medio frío. Aunque siempre puedes tomártelo tranquilmante en la sala de descanso, viendo la tele… mmmmm…. ahora que lo pienso, no suena del todo mal…
Total, me parece un atraso. La productividad general se va a resentir, al tiempo. Buenas somos nosotras como para que encima nos den una excusa para escaquearnos…
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Ifo tiene orden de no meterse en nada que afecte a mi trabajo sin consultármelo primero. Y no exactamente en mi trabajo, pero rondando por los alrededores, hay un personaje que me tiene enfilada desde hace años, al que parece ser que la envidia y el odio que siente por mí, a partes iguales, no le dejan vivir tranquilo y de vez en cuando tiene que descolgarse con una bonita retahíla de insultos para sentirse mejor y reafirmarse a sí mismo.
Personalmente, creo que el odio es un sentimiento de lo más absurdo: no te permite avanzar, solo dar vueltas en círculo alrededor de algo que la pesona objeto de ese odio probablemente tenga bastante superado o incluso olvidado. Mientras la persona objeto de ese odio hace su vida tan alegremente, el que odia no puede olvidar y avanzar, se recrea en su odio imaginando quizá oscuras formas de venganza que probablemente nunca llegue a poner en práctica. En definitiva, una completa pérdida de tiempo que se podría dedicar a cosas más productivas. Y así le va, claro…
Pero ni aún pensando así os penséis que me libro de ello, qué va. Durante un tiempo odié a mi ex con todas mis fuerzas. Le odié por humillarme, por engañarme, por dejarme hacer el ridículo delante de una niñata adolescente y semianalfabeta con veleidades de estrella porno. Pensé que no se lo perdonaría mientras viviera. Pero incluso una humillación que para mí fue tan brutal, al cabo de un tiempo la olvidé. Una vida personal rica y plena dio como resultado que estuviera más entretenida en mi propia vida que en la vida de otra persona a quien, lo confieso, durante un tiempo me habría gustado destruir con mis propias manos. Pero al cabo de unos meses escasos ya se me había pasado el cabreo y ni me acordaba de todo lo que ha pasado. De hecho, ahora miro hacia atrás y recuerdo el berrinche que pillé en su momento, recuerdo el amor propio herido, pero no siento odio: siento vergüenza de mí misma, de cómo me comporté, pero el odio ya no me remueve por dentro. O soy muy pasota o mi capacidad para olvidar (que no perdonar, porque no le perdono todo lo que me hizo y cómo se comportó) es fascinante.
Después de este inciso, comentaros que hay gente que me odia desde hace años, esa misma gente que se dedica a insultarme sin piedad y a publicar mails míos en sus blogs personales o a pasar mails míos a terceros para desacreditarme y a ver si así consiguen moverme la silla. Son gente que no tiene vergüenza ninguna en copiar y pegar la misma mentira sobre mí en todos los espacios que tiene a mano (el día que se dén cuenta de que en internet, la popularidad de un blog está asociada a la dirección web de ese blog, y no al nombre de la persona, igual les da un súbito ataque de vergüenza, porque desde luego van diciendo de mí tantas tonterías que cualquiera con un poquito de conocimiento sobre el tema se da cuenta enseguida de que son falsas, me producen vergüenza ajena). Son gente que no puede entender que su adhesión inquebrantable no se premie de alguna forma debido a su propia inutilidad, porque de hecho tampoco son conscientes de su propia inutilidad. Alguien utilizó un símil que me sigue pareciendo muy acertado:
Si lo compráramos por lo que _realmente_ vale, y lo vendiéramos por lo que _él cree_ que vale, nos forraríamos.
Efectivamente, esa es la idea. Son unos inútiles que todavía no son conscientes de su propia inutilidad, y culpan a una conspiración mundial de que no les salgan las cosas bien, de que el negocio no marche y por ello su dieta se componga casi en exclusiva de Pastas Gallo. La culpa de que no les vaya bien en los negocios la tenemos desde una servidora, hasta el Secretario General de no sé qué en algún Ministerio rebautizado. El caso es quejarse y patalear, en lugar de aprender y avanzar. La culpa siempre es de los demás. Es taaaaan típico de fracasados e inútiles…
Bueno, pues como os decía al principio, Ifo tiene orden de no meterse en nada que afecte a mi trabajo sin consultármelo primero. Yo comparto aspectos de mi trabajo con él, lo que me trae de cabeza, los buenos momentos, lo que me ilusiona, lo que detesto… Y también lo que me hace gracia. Y hace unas semanas encontré algo que me pareció muy gracioso. Ifo es técnico de sistemas y se está especializando en seguridad, ha auditado la web de mi trabajo como práctica, encontró errores y agujeros de seguridad que desconocíamos y nos ayudó a presionar a la empresa para que pusieran las medidas oportunas y evitaran que se nos colaran hasta la cocina por la puerta de atrás y que personas con aviesas intenciones pudieran tener acceso a datos privados… Vamos, que no es un pringui que haya visto la trilogía de Matrix y haya flipado en 32 bits: en cuestiones de hacking Ifo sabe de lo que habla.
Bueno, pues por casualidad me encontré con uno de estos tíos, presumiendo en su blog de ser un puto hacker, por tener instalado en su web un plugin de auditoría, haber enviado un e-mail del que obtuvo respuesta y haber hecho una búsqueda en yahoo… Toooooodo un puto hacker, sí señor. No le negaré la iniciativa, ni la picardía que tuvo, ni el haber utilizado los recursos que tenía a su alcance. Me pareció muy bien, y de haber existido una relación sana entre nosotros le habría dado mi más sincera enhorabuena. Pero eso _no_ es ser un hacker. Una cosa no quita la otra.
Como sabía que le iba a hacer gracia, se lo pasé a Ifo y, para mi tragedia particular, Ifo se soltó y le dejó un comentario bastante insultante, poniéndole de vuelta y media y diciéndole precisamente que eso _no_ es ser un hacker, que no tiene ni puta idea. Cuando me dijo lo que había hecho y pude verlo con mis propios ojos, me quedé horrizada. Sin embargo, no habría pasado de ser un detalle de mal gusto sino fuera porque además tuvo la brillante idea de utilizar el apodo que uso para referirme a él en este blog, por lo que una simple búsqueda en google por “Ifoxe” da entre los primeros resultados este blog a cualquiera que se moleste en buscar. Y si te dejan un comentario insultante en tu blog, no me parece en absoluto descabellado buscar a ver si te enteras de quien ha sido…
¿Resultado? Esas personas que tanto me odian llevan semanas leyéndome, desde que Ifo metió la pata y les trajo derechitos hasta aquí, exponiéndome a sus ojos. Tampoco es que haya tenido especial cuidado en separar mi mundo personal del profesional, hay varias personas que conocen de la existencia de este blog, pero que las personas que se dedican a insultarme y a publicar mis e-mails tengan acceso a este espacio íntimo y personal, pues me hace cualquier cosa menos gracia.
Pasé varios días enfadada con Ifo por su atrevimiento, por meterse donde nadie le llamaba y encima hacerlo con una torpeza de principante que me ha dejado expuesta a la intemperio, que parece nuevo, coño. Y él está hecho polvo por haberme expuesto así por un calentón suyo. Durante _unos minutos_, barajé la posibilidad de cerrar este blog, cambiar la dirección de acceso, protegerlo con contraseña… Pero opté por mantenerlo. Total, ocultarlo no iba a servir de gran cosa, como mucho para darles motivos para buscar hasta debajo de las piedras, y una vez abierto, cerrarlo no es posible: con las herramientas adecuadas es posible acceder a todo el contenido. Y esta gente sabe cómo hacerlo, así que ¿qué iba a conseguir cerrándolo? ¿Darles pie a que pensaran que aquí había algo más escabroso que el diario de una pink-girl bastante sosa? El contenido de este blog es tan inocente, que ocultarlo por pudor o vergüenza sería una tontería, así que decidí hacer como si nada hubiera pasado y seguir a la mía. Sigo enfadada con Ifo por su tontería, le hice prometer que no volvería a meterse en mis asuntos sin mi permiso y supervisión; pero por lo que respecta a estos tipos, me da igual que me lean. Aunque encuentre por ahí comentarios que se creen muy gracios y hacen referencia a lo que posteo en este blog. Me da igual: siguen siendo un par de gilipollas, por muy temprano que se levanten.

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Estoy destrozada. En total, más de 14 horas en danza, para una reunión que apenas duró 2. Yo ya no estoy para estros trotes. Os cuento mi día:
Salí del curro a las 11:30 para coger el AVE de las 12, llegada a Madrid-Atocha a las 15:30h, correr para coger el metro, dos trasbordos, nos perdemos, nos encontramos, nos indican como llegar, y quedamos para comer con los amigos. Imposible comer con ellos, entre otras cosas porque eran más de las 4 de la tarde y el territorio estaba sembrado de minas anti-persona. Nos comemos un bocadillo cerca de la sede, y a las 5 subimos a la reunión. Los 15 minutos de espera de rigor. Un par de horitas de reunión en las que el no-tan-amigo no aportó absolutamente nada (dijo una tontería, hizo un poco el pelota en su línea habitual, y trató de hacer una aportación tan fuera de contexto que todos los presentes miraban al techo como pidiendo “señor, dame paciencia…“). Por cierto, que le ví muy desmejorado, muy delgado. Va a ser que eso de alimentarse exclusivamente de pastas gallo porque el negocio no da para más afecta seriamente a la salud…
Yo no me quedé callada como inicialmente preveía, hice varias aportaciones que creo que fueron bastante interesantes y en general creo que quedaron bastante contentos con mi intervenció, al menos yo salí de allí muy satisfecha conmigo misma.
Al salir de la reunión, a eso de las 7, nos tomamos una coca-cola en el bar con algunos amigos que vinieron a esperarnos, intercambiamos impresiones, puesta al día, nos echamos unas risas y comentamos lo que nos ha parecido la reunión a cada uno. Hubo algún alma cándida que comentó que el no-tan-amigo le daba pena. A mí, la verdad, la gente que se busca su propia ruina mientras a la vez machaca y pretende hundir a otras personas… pena, lo que se dice pena, me dan bastante poca, la verdad.
Y también hice mi primera promesa electoral:
Cuando yo sea Presidenta del Gobierno, voy a dictar un Real Decreto Ley (de esos de urgencia, que no tienen que pasar por el Congreso ni nada) en el que se prohiba la gilipollez.
Ala, ya está, prometido queda.
A las 8 salimos disparadas hacia Atocha, otra vez pateada y dos trasbordos porque a las 9 salía nuestro AVE de vuelta a Barcelona. Por suerte, el AVE de vuelta tardaba una hora menos que el de ida, al ser un tren directo sin paradas. Dos horas y media de viaje en un espacio reducido, sin poder estirar las piernas, sin poder ponerme cómoda y echar una cabezadita durante el trayecto, cansada de caminar todo el día y de arrastrar un bolso que pesaba un huevo y parte del otro (¿por qué coño no me llevaría la mochila, con lo cómoda que es?), con un sueño que me moría al haberme levantado una hora antes (en lugar de entrar a las 10, ayer entré a las 9 para adelantar trabajo, ya que iba a estar todo el día fuera de la oficina), y sin poder levantarme y caminar porque encima con el movimiento del tren a 270km/h me mareaba.
Por cierto, la cafetería del AVE, un horror: fuimos a intentar pedir algo de comer en Lleida, y no volvimos a nuestros asientos con un triste sandwich mixto hasta que casi llegamos a Calatayud. Un solo camarero atendía a decenas de personas hambrientas y cansadas, preparaba bocatas, ponía cafés, servía chuches y bollería, llenaba vasos de hielo y sacaba bebidas de la nevera. A la 1 ya no les quedaban bocatas de tortilla, no podían hacer bocatas de jamon york, solo tenían bocadillos o de serrano o vegetales…
A las 11 y media llegamos a Sants, perdí mi chaqueta supongo que en el tren, la batería de mi móvil ya no daba más de sí desde que salimos de Madrid, unas agujetas del copón empezaban a hacer notar su presencia, hacía frío y yo sin chaqueta… Ifo nos vino a recoger, dejamos a Mireia en su casa sana y salva, y a eso de la una de la madrugada llegamos a casa, me enseñó su nuevo Asus eee, nos desnudamos y nos metimos en la cama a dormir, rendidos como estábamos, hasta el día siguiente.
Y hoy estoy destrozada, me siento cansada, pastosa, me duelen todos los músculos… Sin duda, en la capital del Reino se aprenden un montón de cosas interesantes, pero yo cada vez que voy acabo para el arrastre, sobre todo si se trata de estas reuniones expréss de ir y volver en el mismo día.
Me da pena no poder estar en el Congreso (nos convocaron precisamente para aportar ideas al respecto) que se prepara para dentro de dos findes, me hacía mucha ilusión, pero esos días yo estaré navegando por el Mediterráneo en plena luna de miel, y hay cosas que tiene prioridad.
Nota final: mi madre puede estar orgullosa de mí soy una persona educada y no violenta. No le crucé la cara con un par de hostias por llamarme cerda rosa, aunque ganas no me faltaron.
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Hoy estaré en Madrid, en una reunión de capos de la mafia. Allí nos veremos algunos amigos y un, ¡ejem! digamos no-tan-amigo a quien no tengo ningunas ganas de ver. Me tendré que tragar el sapo de sentarme en la misma mesa que el tipo que me llamó mentirosa, trepa, manipuladora, y recientemente “bonita cerda rosa”; tendré que participar en la misma conversación que el tipo que va por ahí publicando mis correos electrónicos sin permiso con la intención de desacreditarme, con lo que vete a saber dónde aparecerán publicadas mañana mis palabras de esta tarde, y con qué sesgo manipulador (no quiero ni pensarlo), así que me planteo seriamente no abrir la boca en toda la tarde. No me apetece lo más mínimo volver a aparecer en portada de Libertad Digital, ni que por su culpa me cubran de insultos, la verdad.
La buena noticia es que no estará su “mami” para protegerle, como él quería (alguien que le quiera bien debería protegerle de sí mismo, porque está rodando por el precipicio y no solo parece no darse cuenta, sino que creo que le está pillando el gustillo a eso de despeñarse pendiente abajo). ¿Llorará como mujer lo que no ha sabido defender como hombre?
He quedado con Mireia para coger el AVE dentro de media hora, y la verdad es que estoy nerviosa, quiero hacer lo que tengo que hacer y estar en casa de vuelta lo antes posible, quiero que el día pase rápido. Algo me dice que varias personas no olvidaremos este día fácilmente…
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En cierta ocasión, ahora hace dos años, me ví en la obligación de denunciar a un presunto violador. Esta historia solo la conocían hasta ahora tres personas: mi futuro marido, mi ligue-fijo de aquélla época (que era Guardia Civil, falangista y gallego. Una mala noche la tiene cualquiera), y el comisario de guardia de la Policía Nacional de Terrassa. Y hoy os lo voy a contar porque he dejado de avergonzarme de ser tan ingenua y he conseguido convencerme a mí misma de que utilicé el sentido común. Solo he necesitado dos años para ello, no está nada mal.
Para empezar, os pondré en antecedentes. A mediados del 2006, me había ido a vivir sola y de alquiler, había cambiado de trabajo y mi jefa tenía la irritante manía de pagarme la nómina el día 2 o el 3 de cada mes, con un cheque sin fondos de cualquier entidad de la ciudad en la que yo _no_ tuviera cuenta. En esas estaba cuando, a través del formulario de contacto de este blog, se puso en contacto conmigo una persona que decía escribir en nombre de una pequeña productora de televisión. Me decían que habían visto las fotos de mi perfil, que habían leído lo que escribo en el blog, y que si era tan desenvuelta en persona como parecía escribiendo, les interesaría hacerme una prueba para un programa en una televisión local, y me pagarían por el tiempo dedicado independientemente de que finalmente fuera seleccionada o no. Ahora lo pienso y me horrorizo solo de pensarlo, pero en su momento pensé
¡Coño! si Fresita puede presentar un programa en la tele local, ¿por qué yo no?
En fin, que respondí al e-mail y pedí más información al respecto. Me dijeron que se trataba de una pequeña productora de televisión que había ganado un concurso público para poner en marcha la parrilla de programación para una televisión local y por lo tanto tenían financiación para pagar las pruebas a las personas aspirantes, que tenían poco tiempo y por eso pagaban por los castings, y que estaban buscando personal para los distintos programas. Que la prueba consistía en una prueba de actuación con un pequeño texto, y otra de baile y canto.
Ya la hemos jodido (pensé): mi voz no tiene nada que envidiar a la de los Bee Gees…
Y me dijeron que si estaba interesada, les diera mi número de teléfono para concretar el día y la hora de la prueba y que me pasaran la dirección de las oficinas. Eso hice, y concertamos la prueba para un día entre semana, por la tarde a la salida del trabajo. Las oficinas estaban en un piso muy alto en la Diagonal, pero no recuerdo exactamente la dirección. Como no lo acababa de ver del todo claro, le pedí a mi hermano que me acompañara. Una puede ser ingenua, pero no imbécil.
El día antes de la prueba recibí un SMS: en él me decían que, para valorar el físico sin sesgos de ropa (textual, creo que nunca olvidaré esa frase), tendría que realizar la prueba desnuda. Llamadme mojigata si queréis, pero llegados a este punto, me rajé. Si algo no me olía nada bien antes, cuando recibí este mensaje decididamente me dí cuenta de que aquí había alguna cosa rara, así que envié un e-mail diciendo que pasaba de hacer la prueba, que no me ofrecían las garantías necesarias, que todavía no sabía ni el nombre de la productora ni la televisión local a la que se referían, y que ante esta situación prefería no hacer la prueba, muchas gracias por todo.
Sorprendentemente, recibí respuesta a este e-mail: una respuesta por correo electrónico en la que el tipo con el que había hablado desde el principio me confesaba que todo era un engaño, que él era una persona normal pero hacía “esto” simplemente porque se sentía solo y no quería pagar a “profesionales”, que su intención era únicamente grabar un vídeo de una chica desnuda bailando para él en su piso y, de mutuo acuerdo, pasar un buen rato y lo que surja.
Esta confesión me puso los pelos de punta, diox, ¿dónde he estado a punto de meterme? Y más importante aún: ¿a cuantas chicas habrá conseguido engañar para subirlas a su piso, quizá encerrarlas, y vete a saber qué más? ¿Violación, inducción a la prostitución, secuestro, trata de blancas? Yo qué sé la de burradas que se me pasaron por la cabeza, porque la verdad es que el tema me parecía peligroso de verdad. Así que imprimí todos los correos electrónicos, y me planté en la comisaría de la Policía Nacional de Terrassa. Allí me atendieron muy bien, el comisario entendió enseguida la naturaleza de lo que le estaba contando, e incluso me dio su teléfono por si esta persona intentaba ponerse en contacto conmigo de alguna manera.
Cursamos la denuncia contra esta persona, pues tenía sus datos personales en el e-mail y también tenía su número de móvil y la dirección del piso en el que me habían convocado. Pero, sorprendentemente (o quizá no tanto), el policía no me dejó adjuntar los correos electrónicos que yo había imprimido como prueba de la denuncia. En su lugar, lo que hizo fue leerlos y transcribirlos de la forma más literal posible en la denuncia, pero redactados en tercera persona, como si en lugar de haberlos leído fuese yo quien le explicaba el contenido de los e-mails. Me explicó que no podía adjuntarlos a la denuncia porque yo no tenía derecho a mostrar esos e-mais a nadie sin expresa autorización de la otra persona o, en su defecto, el mandato de un juez, y por lo tanto al incluirlos en la denuncia podría incurrir en una violación de la confidencialidad en las comunicaciones. Resulta curioso que en una denuncia a un posible violador, no pueda adjuntar las pruebas en las que el propio denunciado confiesa el engaño para subir chicas a su piso y que bailen desnudas para él “y lo que surja”, pero así es la ley. Varios meses después me enteré de que habían detenido a un violador en Barcelona que tenía un “modus operandi” similar al que yo les había descrito. Si pude contribuir en algo, me alegro.
Ahora bien, si a mí la ley me impidió en su momento adjuntar a una denuncia unos e-mails en los que un presunto violador confesaba su forma de engañar a chicas ingenuas como yo para que fueran a su piso y le bailaran desnudas mientras él lo grababa en vídeo, y vete a saber qué más a continuación, ¿por qué otras personas se creen con derecho a enseñar públicamente, sin consentimiento de mi parte, e-mails privados además de lo más inofensivos? ¿Qué derecho ampara a una persona a la que yo le pido explicaciones por un error, a hacer público ese e-mail sin mi permiso? ¿Por qué alguien, para pedir simplemente perdón por un error, debe hacer un ejercicio público de autoflagelación totalmente innecesario, que nadie le ha solicitado, y que solo contribuye a generar mayor confusión? ¿No era más fácil responder, por la misma vía en la que se solicitaron las explicaciones, un
lo siento, ha sido un error, no volverá a pasar
que tener que recurrir a una explicación enrevesada y púbica, que nadie le ha pedido, y de la que de hecho no me habría enterado si no me lo cuentan terceras personas? ¿Casi mil palabras para pedir perdón públicamente por una tontería que requería apenas 10 palabras como máximo y en un mail privado, no es un poco excesivo? En serio, ¿no es complicarse mucho la vida para decirme simplemente que soy una pesada tocapelotas? ¡Si es más fácil decirlo abiertamente! ¿Todo este lío, por no sé qué asunto de poner de manifiesto la propia honradez (excusatio non petita…), ¡¡cometiendo una ilegalidad flagrante!!? ¿Es compatible demostrar que uno es honrado, haciendo algo totalmente desproporcionado e ilegal, que nadie le ha pedido?
Os confieso que hay determinadas personas que en ocasiones me superan. Pero cuando se cometen ilegalidades que me afectan directamente, no soy de las que se queda de brazos cruzados. Esta es la segunda vez que se publican en la red e-mails míos sin mi permiso. Quizá sea la última.
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Tengo una duda. Bueno, tengo varias, pero todas vienen a cuento de lo mismo:
¿Qué se le puede decir a una persona, cuando sus “amigos” le fallan en uno de los días más importantes de su vida?
¿Cómo se consuela a una persona a la que sus “amigos” han dejado tirado como una colilla en una ocasión importante?
¿Qué palabras de ánimo puedes pronunciar, cuando sabes que le han dejado colgado y solo, precisamente cuando más deseaba tenerles a su lado?
Soy consciente de que no hay palabras de consuelo que puedan aliviar su dolor, y que probablemente nunca les perdonará que le hagan esto.
Ahora está deprimido, reafirmado en su creencia de que todas las personas del mundo son egoístas, mentirosas y traicioneras por definición hasta que no se demuestre lo contrario. ¿Y cómo le sacas de ahí, cuando se la acaban de jugar bien jugada? Imposible.
¿Alguien conoce las palabras mágicas, las palabras de aliento que puedan sacarle de esa desilusión y tristeza en la que se haya sumido? Porque a mí solo se me ocurren unas pocas palabras, y son más de rabia que de aliento:
¡VAYA PANDA DE CABRONES!
Venir a casa a jugar a la consola, sí que pueden; irse de despedida con su amigo, no les viene bien. Eso deja muy claro qué clase de personas son.
A su lado, Zorri hasta parece buena gente. Al menos a ella se la veía venir desde lejos.
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Como os expliqué ayer, no pudimos celebrar la despedida de soltera en la playa por el riesgo de que lloviera y se chafara la fiesta; además, éramos menos de las previstas y faltaban algunas personas importantes debido a que mi cuñada no había confirmado y algunas personas ni siquiera llegaron a enterarse, pero no importó, porque nos lo pasamos divinamente.
Nos encontramos en el Maremagnum a las 9, delante del MacDonald’s. Al grupito de amigas que nos esperaban se las veían desde lejos, porque llevaban unas orejas de conejitas en la cabeza y estaban armando jaleo con los pitos en forma de polla. Muy típico todo. Me colocaron las orejitas de coneja, me colgaron un pito-polla al cuello, y me colocaron una banda rosa con las letras “Sexy Girls” en plateado. No me disfrazaron de nada porque en la discoteca a la que íbamos después de cenar no dejaban entrar con disfraz (de hecho, los muy bordes incluso nos pidieron que nos quitáramos las orejas).
Cenamos en un salón enorme del Maremágnum, con cerca de 500 personas, varias despedidas a la vez, y casi el doble de chicas que de chicos. Nos dio la bienvenida el tío del 11811 (y si no lo era, lo parecía) y una drag queen espectacular, con un pelucón rosa y unas botas blancas increíbles. Hablaba con la gente un rato, y luego daba la bienvenida a cada grupo al grito de:
¡Viva la novia!
VIVAAAAAA
¡Viva EL CHOCHAZO de la novia!
¡¡¡VIIIIIVAAAAAAAAAA!!!
Y si eran un grupo de chicos, pues parecido.
A cada grupo de chicas que iba entrando en el salón (nosotras fuimos las primera), Mirian iba pasando revista, por si representaban algún tipo de competencia:
Esas son muy feas
Esas son muy viejas
Esas son muy gordas
Esas son muy pijas
Y es que le había echado el ojo “al apuntador” como ella dijo, el chico que pasaba preguntando por los grupos y nos iba colocando en las mesas.
Pudimos comprobar que los chicos le echaban mucha más imaginación al tema disfraces que las chicas, en general. Pudimos ver desde un Spiderman hasta un “marido en prácticas” con chaleco reflectante, pasando por un grupo que iba de entierro por el miembro del futuro casado, una Barbie Travestorro (en palabras de la Drag Queen, que por cierto respondía por el nombre Sara), y el mejor de todos, en mi opinión: un policía con minifalda y peluca rubia con trenzas a lo Pipi Calzaslargas. Brutal. El grupo de Spiderman resultaron ser los más cachondos de la fiesta, llevaban un megáfono y le iban añadiendo “su toque” a la despedida con frases ingeniosas de vez en cuando. Las chicas, en cambio, iban disfrazadas de ángel, de hawaiana, y similares. Nosotras, de conejitas Play Boy. Lo dicho, más originales ellos, sin duda.
La cena, un montón de cosas raras de picotear, chocos con unas bolas sospechosas de primero, y dos trocitos de salchicha de segundo. Casi ni comimos, pero el pan sí que tuvo éxito. Con forma fálica, claro, no podía ser de otra manera. Las muy petardas se guardaron en el bolso varios panecillos, “de recuerdo”. Sí, ya. Que eso mañana ya no necesita ni pilas ni nada… En fin.
La sangría, obviamente, hizo sus efectos, y antes del primer plato ya íbamos la mayoría bastante perjudicadas. Sobre todo Rosi y Mari Carmen, que se zumbaron ellas solas dos jarras, mano a mano, antes de terminar el primer plato. Rosi tiró la primera copa de sangría, mojó la silla, se manchó el vestido… Un drama, aunque es cierto que aunque fue la primera copa que se cayó, no fue la última. En una de esas que fuimos al lavabo, acabó tirando a otra chica de su silla y su copa de sangría también fue a parar al suelo… No se las puede dejar beber.
De postre, claro, un pollón enorme de pastel con un piercing en la punta, ¿qué otra cosa esperabas? Estaba buenísimo, por cierto.
Nos pusieron en una mesa que estaba en un lado de la sala, desde donde casi no se veía el escenario. Pero no éramos las únicas, porque cuando empezó el espectáculo un grupo de personas se levantó y se puso en los laterales para poder ver. Mi madre, que no puede estar mucho rato de pie, sobornó a los amigos de Spiderman con una jarra de sangría, y la dejaron sentarse en su mesa a ver la actuación en primera fila. No es nadie mi señora madre.
El espectáculo consistió en varias actuaciones de la drag queen cantando canciones festivaleras, remix de los éxitos de Raffaella Carrá incluido, que bailamos pegando brincos y cantando a pleno pulmón; la drag queen, otra chica y el pelocho de la entrada haciendo una parodia rara las bandas sonoras de las series de los 80 y canciones populares de la época como leit-motiv; y de guinda final, tres strep-tease: uno masculino, otro femenino, y el último masculino también.
Para ellos, una streaper con unas tetas de silicona horribles que más bien parecía que le hubieran implantado dos globos. Ya lo veréis en el vídeo si consigo subirlo. Hubo un momentazo en el que la chica le restregó las tetas en la cara a uno de los novios, y por poco acaba haciéndole sangrar la nariz, de lo duras que las tenía. Y para nosotras, dos boys bien armados. El primero tenía más bien poca gracia, iba de Curro Jiménez y bailaba al ritmo de Bon Jovi y similares (???). El segundo, el que me tocó a mí, iba de policía del SWAT, rollo Los Hombres de Harrelson, y bailaba ritmos funky, con mucha más gracia que el primero, y además mucho más guapo, desde mi punto de vista.
Llamaron a las novias a subir al escenario en dos grupos de 12 y nos colocaron en fila, 12 para el Curro Jiménez, 12 para el policía cañón, aproximadamente. Y durante la actuación, el boy iba cogiendo una a una a las chicas que estaban en fila contemplando el espectáculo, por orden de izquierda a derecha, por lo que a la primera chica que cogía el boy todavía estaba vestido, pero cuando bailaba con las últimas estaba ya en pelotas. Fue todo bastante inocente, un bailecito sin apenas roce (para mi tranquilidad), aunque con las últimas la cosa era ya bastante morbosa, con el tío en pelotas y las chicas agarrándose al culo como si les fuera la vida en ello; y con la última chica, el streaper que llevaba ya un rato en pelotas y jugando a enseñar pero poco con un pañuelo, la hacía sentarse en la silla, le tapaba la cabeza con el pañuelo y se ponía frente a ella en plan mamada, y a la chica se la veía retirando la cabeza, con la sensación de no saber dónde meterse, la pobre. A mí tampoco me hubiera hecho ni pizca de gracia.
Viendo el panorama, cuando me tocó subir a mí en el segundo grupo, me puse al principio de la fila, la segunda, aunque mis amigas me gritaban desde el lado del escenario que me pusiera al final, que ahí no iba a pillar anda. Cabronas… En cambio, la chica de mi derecha, la que estaba la primera, me dijo que cuando acabara con ella se volvía a poner a la cola, al final… ¡Qué panda!
En primera fila, contemplando el strep-tease, había un grupo de señoras mayores que no se perdían detalle. Y por poco les da un chungo cuando vieron el trasto que tenían los boys entre las piernas. No me extraña, la verdad es que los chicos estaban más que bien dotados. Me pregunto si todo eso que les colgaba sería natural, porque me pareció una cosa desproporcionada.
Al acabar la cena y el espectáculo, nos fuimos a la discoteca, en el propio Maremágnum. La verdad es que el ambiente del Maremagnum para ir de discotecas a mí no me gusta demasiado, pero como íbamos ya bastante contentillas, como que nos dio igual. Y allí nos encontramos con lo peorcito de la noche. Coincidimos varias despedidas, y claro, había tantos buitres babosos deseando ligarse a alguna tía aprovechando la borrachera que casi no se cabía, y por supuesto bailar con un poco de libertad era algo prácticamente imposible. Mirian, Marta (mi ex-cuñi) y Soraya se tenían que quitar a los tíos de encima a manotazos. Bueno, Marta no, Marta estaba encantada. Era algo extraño ver a mi ex-cuñi allí, ligando sin inhibiciones, cuando un mes antes todavía era la novia de mi hermano. Por cierto, al final probablemente sí que venga a la boda, o al menos eso es lo que dijo. Mi hermano, preguntado antes claro, dijo que no le importaba que ella viniera. Lo que ya no sé es qué haré con el ramo, pero ya veremos.
De la discoteca nos fuimos pronto, porque estábamos cansadas (los zapatos nos estaban destrozando los pies y llegó un momento en que yo ya casi no me tenía en pie), la música era horrorosa y el ambiente bastante descorazonador, con tanto buitre pululando y sin sitio para poder escapar. Nos pasamos más de la mitad de la noche en la terraza, donde hacía fresquito, no había tanta gente y se podía bailar a gusto. La única que parecía estar pasándoselo bomba era mi ex-cuñi, que se largó por su cuenta con un tal Roberto Carlos que acababa de conocer, y cuando todas quisimos irnos, ella quería quedarse con Mirian, a la que tampoco le apetecía demasiado estar de aguanta-velas. Como no había coches suficientes, y encima ellas habían venido con el coche de mi hermano y mi madre no estaba dispuesta a prestárselo, no le quedó más remedio que volverse con el resto del grupo. Aún no he hablado con ella, así que no sé cómo le sentó, aunque imagino que no demasiado bien.
El domingo amanecí con unas agujetas hasta los sobacos, literal, no me lo explico. Casi no podía abrir los ojos, de lo que me picaban. Y el lunes, arrastrando todavía las agujetas, tuve que llevar las gafas todo el día, porque el escozor de ojos no se iba. Me hago mayor, ya no estoy para estos trotes.
En esta entrada hablo de: Amigos, boda, despedida de soltera, fotos, hermanos, idiotas, sexo
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Para resumir: Fue genial, me lo pasé bomba, y lo único que siento es que este tipo de juergas difícilmente se puedan repetir. Os cuento:
Desde bien temprano, ya preveía que el día iba a ser largo. A las 6:30h de la mañana estaba despierta en la cama y sin poder dormir, de los mismos nervios.
A las 8 menos cuarto nos sonó el despertado, y necesitamos casi tres cuartos de hora para sacarnos las sábanas encima y meternos juntos en la ducha (encima, el día anterior nos habíamos ido a dormir tarde, así, para acabar de rematar nuestro desastroso estado físico de ese día).
No obstante, a las 9 de la mañana ya estábamos listos para salir hacia Barcelona. Paramos en el Fnac de Plaza Catalunya y, con el dinero que nos han ido ingresando en la cuenta de la boda, compramos la cámara de vídeo que hacía semanas que habíamos dicho que queríamos de cara al gran día, y también para tener un recuerdo en condiciones del viaje de novios, que el vídeo que graba nuestra pequeña cámara de fotos sin zoom no da mucho de sí.
Así que nos hicimos con una JVC con disco duro de 30 Gigas (unas 7 horas de grabación a máxima calidad) y una tarjeta SD de 8 Gigas (2 horitas extras). Aunque la videocámara no es Full HDMI (porque esas se disparaban de precio, casi 3 veces más que la que hemos comprado), en el plasma de 42 pulgadas se ve de coña (osea, ¿no?). Lo único que le encuentro es que el zoom falla un poco, para alejar el objetivo hay que hacer presión sobre el botón además de moverlo, cosa que no ocurre para acercarlo, y a quien coge la cámara por primera vez le cuesta un poco. De hecho, nosotros mismos estuvimos a punto de devolverla porque no conseguíamos hacernos con el funcionamiento. Este es el motivo por el cual en el vídeo de la despedida, el momento en el que yo estoy bailando con el boy haya quedado cortado, porque quien estaba grabando se hizo un lío con el zoom. Una pena, pero no importa demasiado.
Con la videocámara en nuestro poder, y yo más feliz que una perdiz con mi juguete nuevo, nos fuimos a tomar un café al Starbucks. Todavía teníamos tiempo, puesto que no tenía hora en la pelu hasta las 12. Nos acabamos el café y buscamos la calle de la peluquería, en un barrio de Barcelona que apenas conozco. Después de dar unas cuantas vueltas y de preguntar, localizamos la pelu con 20 minutos de antelación. Llego pronto con la esperanza de que me puedan atender antes de la hora prevista, porque sé que cierran a las 2 y me tienen que hacer un tinte, lavar, peinar y maquillar, y que en dos horas no va a dar tiempo ni de coña, pero son ellas las que me han dado hora, así que… Ifo se va mientras tanto a visitar los centros comerciales de Barcelona a la caza y captura de un Asus EEE del que se ha encaprichado (búsqueda infructuosa, por cierto), y a las 2 de la tarde me espera delante de la puerta. Yo no salgo de la peluquería hasta las 3 y media, y para entonces él, pobrecito, está ya desesperado por el calor y por el agobio de la larga espera.
Como ya era tarde, pasamos por un MacAuto y pedimos hamburguesas para llevar y comemos en casa sucedáneo de comida de MacDonald’s. Como nos habíamos despertado pronto, y preveíamos que la noche iba a ser larga, mi intención inicial era echarme una siesta, aunque la cosa quedó más bien en una cabezada de poco más de una hora que me dejó el pelo chafado de un lado y la marca de un hilillo de baba en la base de maquillaje. Pues estamos bien. Al despertarme me tomo un café (¡cómo me gusta mi cafetera Nescafé Dolce Gusto!), me lavo los dientes con cuidado, y un hilillo de pasta de dientes y baba me recorre por la comisura de la boca por el otro lado. Genial, ahora parezco el conde Drácula.
A todo esto, Ifo y yo habíamos tenido una bronca antes a cuenta de los celos. Y es que empezaba a estar ya un poco harta de que me tomara por una especie de fresca capaz de liarse con el primero que se me pusiera a tiro. Bueno, en realidad no era esto lo que él quería transmitir, pero sí es la impresión que a mí me quedó, y sinceramente, no me hacía ni puñetera gracia. Entiendo que se sienta intimidado por el boy, a pesar del ascazo que me daba tocarle siquiera. A mí tampoco me hace maldita la gracia pensar que una tía buenorra le va a restregar las tetas en la cara a mi futuro marido, pero ¿qué le vamos a hacer? Me lo tomo con resignación, y lo que no se me ocurre pensar es que él vaya a tomar parte activa hasta el punto de poder considerarlo cuernos. En fin, que tuvimos una charla interesante, y al final lo aclaramos, aunque me pidió que llevara una cosa que él había elegido para estar más tranquilo. Más monoooooo!!
Así que a las 8 menos cuarto, pintarrajeada como una mona, con vestidito negro, medias negras, chaqueta negra, zapatos negros, bolso negro y bragas rosas (!!), fuimos a recoger a la hermana de Ifo y nos dirigimos al punto de encuentro. Al final no pudimos tener la despedida de soltera en la playa, porque amenzaba lluvia y nos cambiaron el sitio, y tuvimos que celebrarla en el Maremágnum, pero no importó porque lo pasamos la mar de bien, y la indeseable no se presentó. Claro que Zorri tampoco vino (no estaba invitada, y yo ya sabía que incluso antes, cuando aún no la había enviado a hacer gárgaras, tampoco iba a venir) y ahora, echando la vista atrás, me doy cuenta que eché de menos la amiga que fue cuando éramos adolescentes, habría sido genial que estuviera allí compartiendo ese momento, pero hace ya mucho que dejó de ser la amiga que un día fue.
Mi ex-cuñi, que era la organizadora, también estuvo allí. Sinceramente, estuvo muy bien montado, aunque durante estos últimos días he tenido la sensación de que lo ha hecho un poco con desgana: hubo gente que no recibió el SMS convocándolas; no confirmó asistencia con nadie, y tuve que hacerlo yo; no llamó a nadie para decirles donde sería el punto de encuentro y la hora, y también tuve que hacerlo yo… Así que al final fuimos menos de las previstas, pero tampoco me importó porque me lo pasé la mar de bien.
Y ahora, para no hacer el relato demasiado largo, lo dejo aquí y mañana os sigo contando cómo fue la despedida de soltera en sí misma. Para ir abriendo boca, aquí os dejo con unas fotos de la cena. Si puedo, mañana incluiré vídeo también.
 
 
En esta entrada hablo de: Amigos, boda, celos, despedida de soltera, fotos, Ifoxe, luna de miel, Zorri
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El momento más terrorífico de mi vida lo he vivido esta mañana. Lo iba a titular “pánico en el tren“, pero me ha parecido excesivo, porque en realidad la única que se ha acojonado he sido yo, el resto de pasajeros parece que ni se han inmutado, y de hecho me han mirado extrañados ante mi cara de susto, debía estar pálida. Os cuento:
Estaba sentada en el tren esta mañana, camino del trabajo y leyendo tan ricamente, cuando de repente, entre Plaza Catalunya y Estación de Sants, se abre la puerta que conecta el vagón de tren en el que yo estaba con el de delante, y un brazo deja caer una mochila Nike justo delante de mí. La mochila se queda abandonada en el suelo del tren, delante de mí, y la persona que la ha tirado desaparece. No he llegado ni a verle la cara porque solo he visto un brazo, la persona que ha dejado la mochila lo ha hecho desde el hueco que separa un vagón de otro.
Os parecerá una insignificancia, pero las imágenes del 11M han cruzado por mi mente en menos de dos segundos. El estupor inicial ha dado paso al terror puro, se me ha helado la sangre y cuando de nuevo ha empezado a circular por mi cuerpo, me he levantado de un salto y me he ido a la otra punta del tren, delante de la puerta, para salir disparada en cuanto se abrieran. Los dos minutos que hemos tardado en llegar a Sants y que se abrieran las puertas del tren me han parecido una eternidad. Cuando he llegado al trabajo todavía me temblaban las piernas y estaba blanca como la tiza.
Lo sé, si hubiera sido una bomba, una mochila dejada por un terrorista, no se hubiera comportado así, no hubiera dejado la mochila tirada y se habría largado, porque ha dado un cantazo tremendo (aunque creo que la única que se ha asustado he sido yo, a juzgar por la actitud del resto de pasajeros del tren, que no se han movido de sus asientos y me miraban con caras raras). Probablemente un terrorista hubiera dejado la mochila “olvidada” discretamente debajo de un asiento, sin que nadie la viera, y habría salido del tren sin dar la nota. Sí, ya, ya lo sé. Pero en ese momento, ponte en mi situación: te aseguro que la mente se bloquea, no puedes pensar con claridad ni sentido común (en el hipotético caso de que alguna vez hubiera tenido de eso) y lo único que pasa por tu cabeza son imágenes de cuerpos descuartizados saltando por los aires en una lluvia sangrienta. Como para pensar con sentido común estaba yo.
Al final, obviamente, no ha sido nada (al menos, por ahora), porque si hubiera ocurrido alguna desgracia no estaría escribiendo esta entrada. Parece ser que el tío gilipollas que ha dejado la mochila tirada estaba fumando en el hueco de los dos vagones. Cuando se ha acabado el cigarro, ha entrado en el vagón, un tío muy delgado, con una pinta de cuelgue que daba miedo, y una camiseta de Kortatu. Si en algún momento he pensado en terroristas islámicos, al ver al colgado este he pensado en etarras, y la tensión se ha aligerado un poco: estos tíos no son terroristas suicidas, así que si lleva una bomba, probablemente no explotará mientras él también esté en el tren salvo error involuntario, y en la próxima parada yo me bajo…
Estaré atenta a las noticias de esta noche, por si ha ocurrido una desgracia de la que me he librado por los pelos. Espero que solo sea producto de mi imaginación sobreexcitada, pero el mal rato que he pasado no me lo quita nadie. Ojalá que todo se quede solo en eso.
No me puedo imaginar lo que debe ser vivir con este terror constante, y que en cualquier momento puedas ser tú quien pague el pato de vete a saber qué movidas que pasan por la cabeza de una panda de tarados con demasiado apoyo social. Hay que tener madera de héroe para vivir con ese miedo en el cuerpo todos los días.
En esta entrada hablo de: idiotas, mala suerte, odio, política, Sociedad
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Hace unos días os comenté que mi hermano y mi cuñi lo habían dejado. En realidad, ha sido _ella_ quien le ha dejado a él, después de 2 años y medio de relación, de la noche a la mañana, sin dar más explicación que el clásico “necesito tiempo” porque “se estaba agobiando“. La semana antes de dejarlo, era ella quien le estaba metiendo prisa a él para mirar pisos, irse de casa, tener hijos… Solo tienen 20 años.
Resulta que mi ex-cuñi ha empezado a trabajar hace un mes en un curro nuevo (es otra a la que los trabajos no le duran ni 3 meses, porque se agobia, está a disgusto, y los deja antes de tener otra cosa). Hace 3 semanas que lo dejó con mi hermano. Y a mí, por las explicaciones que mi hermano me dijo que le había dado (que me trajeron recuerdos nada agradables de cuando mi ex me dejó), me pasó por la cabeza que tal vez habría conocido a alguien en el trabajo. Mi madre, que trabaja en la misma empresa (sí, a eso se le llama enchufe) pero en otro turno, me dijo que eso era imposible porque no había ningún compañero ni siquiera medio potable. Muy convencida no me dejó, pero así quedó la cosa.
Y, mientras tanto, veía a mi hermano humillarse y hacer el capullo igual que yo lo hice en su momento, con la intención de recuperar algo que ya era a todas luces (al menos para mí) irrecuperable. Claro que yo lo veía desde la perspectiva de alguien que ha pasado por una situación similar, y se ha encontrado con reacciones similares de la otra parte. Lo tenía clarísimo: mi ex-cuñi está con otro, y está intentando quitarse de encima a mi hermano como puede, y por mucho que mi hermano haga no la va a recuperar, porque el motivo de que su relación se haya roto no está en él, sino en ella, en que ha conocido a otra persona.
Se da la circunstancia además de que mi ex-cuñi pade un desorden alimenticio, que no es solo un desorden alimenticio sino también una enfermedad psicológica. Seguro que sabéis a qué me refiero, lo cual no hace sino agravar la situación.
Y hace unos días me llamó mi madre para darme la noticia: hay sospechas de que mi ex-cuñi pueda estar liada con un compañero de trabajo, está haciendo total dejación de sus funciones en el curro (no da ni golpe, vamos), y siempre se la ve muy arrimada a un compañero con el que tiene más roce que con el resto. Ella lo niega, evidentemente, pero sus excusas suenan a un falso que lo flipas.
Que te dejen sienta fatal. Pero sienta peor que te dejen y encima te mientan, porque la cara de gilipollas no se te quita en una buena temporada. Me duele que mi hermano tenga que pasar por lo que yo pasé, sangro por dentro cuando lo veo destrozado y llorando la pérdida como un niño pequeño. La pregunta más difícil de responder en estos casos siempre es
Y si me quiere, ¿por qué me hace esto?
Mi hermano estuvo ahí cuando mi ex me dejó y me ayudó a superarlo, aunque sus lealtades estuvieran algo confusas. Y ahora se me parte el alma a mí de verlo así de deshecho.
En esta entrada hablo de: amor, familia, hermanos, mentiras, mi ex-novio, trabajo
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