Es domingo, estás tumbada en la cama y tienes los ojos abiertos como platos. Miras el despertador y son las 9:30 de la mañana. A pesar de que te acostaste a las 3 de la madrugada, y de que es muy temprano para levantarse un domingo, no puedes pegar ojo.
Tan temprano y ya estás completamente empapada de sudor en la cama porque no has conseguido convencer todavía a tu futuro marido de quitar las mantas y las sábanas de franela (tendrás que hacerlo en un momento de descuido) y poner ropa de cama de verano. Total, solo estáis a veintitantos de junio…
Se acerca el mediodía. El termómetro en la calle marca 35 grados. La piscina es una tentación a la que no te has podido acercar en los últimos dos meses de lluvia casi ininterrumpida, y estás deseando darte un baño. Por algo llevas desde septiembre viviendo en una urbanización pija con piscina en la que estás deseando remojar tu cuerpo serrano y ponerte morena. Pero tú tienes que fastidiarte, asfixiarte de calor y llevar pantalones largos porque el jueves tienes cita en el centro de estética para una depilación integral, por lo que el domingo tus piernas y tus ingles están lejos de ofrecer el aspecto ideal para ir a la piscina. Al menos, fuera de las fronteras de Suecia… Intentas convencerte a tí misma de que podría pasar por una rebelión en contra de la concepción femenina de la belleza impuesta por los cánones machistas, pero lamentablemente no funciona.
Con la intención de que se te haga menos duro el suplicio, te acercas a la piscina con pantalón largo y todo, y piensas que si al menos el agua está helada, eso te consolará. Pero el agua está a la temperatura ideal para darse un chapuzón, y a tí te espera un laaaaargo puente de cuatro días, en el que verás la piscina pero no la catarás. 4 interminables días durante los que tendrás que conformarte con el ventilador de pie, tumbarte quietecita a la sombra en el balancín del patio y ponerte ciega a horchatas y limonada casera para pasar el calor.Ni siquiera te queda el consuelo de la manguera del patio para remojarte, porque se estropeó hace meses y aún no la habéis arreglado.
10 meses esperando para disfrutar de la piscina: cuando hace sol, el agua está helada y no hay quien se bañe sin arriesgarse a exponerse a la hipotermia; cuando se acerca el verano, llueve sin parar. Y cuando por fin llega el momento, estamos en verano, hace sol, no llueve y la temperatura del agua es la ideal… ¡no me puedo depilar y mis piernas parecen las de un futbolista de la selección! Y no puedo depilarme a lo tonto en casa porque cuando llegue la boda y la luna de miel posterior no quiero tener que preocuparme de unos incómodos pelitos, quiero estar perfecta y tener las piernas suaves. La vida es muy injusta.
¿Es o no es como para despertarse de mal humor un domingo?
Por cierto, el Sant Joan lo pasamos cenando en casa de mis suegros, y después haciendo explotar petardos en la calle: en mi tiempos, los petardos llevaban mayor carga de pólvora y duraban más rato, pero es que ayer era realmente frustrante ver las pequeñas fuentes de colores de pirotecnia y que no duraran ni 15 segundos.
27 años y un día. Llevo semanas mentalizándome, y me sigue sonando igual de duro. En cuanto me descuide, estoy más cerca de la treintena que de los veinticinco.
Decían que el cumpleaños crítico, el que marca de verdad, es el de los 25, la crisis del cuarto de siglo. Yo esa ni la noté: me acababa de ir a vivir sola a mi apartamento de soltera apenas un mes antes, estaba intentando superar la crisis de que mi ex novio me dejara tirada como una colilla después de todos los planes que habíamos hecho juntos, había cambiado de curro dos o tres meses antes embarcándome en un nuevo proyecto que parecía ser increíble y resultó ser un bluf… Vamos, que como para crisis existenciales por la edad estaba yo, con veinticinco años y llena de energía para superar lo que me pusieran por delante.
Pero ahora es distinto. Ahora son ya veintisiete las velas que he soplado; tenemos la boda prácticamente encima, solo nos queda cerrar los últimos detalles; en el curro estoy asentada y las novedades a la vista son pocas (salvo una probable subida de sueldo en septiembre, cruzad todas los dedos por mí); estamos haciendo planes para tener hijos en breve… En fin, que ahora sí noto que me hago mayor a marchas forzadas. Lo llevo relativamente bien, aunque creo que es porque todavía no me hago a la idea, y en realidad la boda me provoca bastante más nervios que el cumplir años. ¡Qué poquito nos queda!
A todo esto, Ifo me regaló la Wii Fit, el trasto de la Wii para hacer ejercicio y ponerme en forma. Me lo regaló la semana pasada, como un regalo de cumple por anticipado. Llevo casi toda la semana haciendo ejercicio, y no he bajado ni un gramo, así que de momento podemos decir que los resultados son, ¡ejem!, bastante discretos.
Encima, el trasto es de un impertinente que lo flipas: dice que estoy algo pasada de peso, y que tendría que perder un par de kilos para estar en mi peso “ideal”. Yo sé que para estar _ideal_ tendría que perder unos cuantos kilos más, por lo menos unos ocho, pero que un trasto con voz de crío malcriado me diga que estoy ceporra no sienta precisamente bien. Por decirlo un poco menos finamente: no hace ni puñetara gracia. Y me niego a empezar cada entrada de este blog como si esto fuera el Diario de Bridget Jones:
Kilos: chopocientos
cigarros: perdí la cuenta
bono-lotos: perdí la esperanza
Sinceramente, no es plan. Además, los ejercicios de Aeróbic son bastante escasos, tiene mucho más de Yoga, tonificación y equilibrio (lo que tampoco está nada mal, pero unos cuantos más de Aeróbic y steps, que son con los que mejor me lo paso, no vendrían mal). Por cierto, mi equilibrio es patéticamente bajo, pero los ejercicios de Yoga están bien para terminar la sesión.
Y ayer por la tarde, a Ifo le tocó trabajar mientras yo aprovechaba el puente para hacer limpieza general en casa (nota mental: nunca vuelvas a mezclar amoniaco y lejía, ni siquiera para limpiar los baños. Joder, todavía tengo ataques de tos si respiro profundamente…). Y cuando llegó a casa, antes de lo previsto, se presentó con mis suegros, y cargado con una cafetera Nescafé Dolce Gusto (que habían comprado a medias), una auténtica Coffee Shop molona que hace unos capuccinos y unos latte machiato que ni en el mejor Starbucks, y encima en casita. Lo que es difrutar del café dulzón y con mucha espuma, como nos gusta en casa. ¡Mi niño sí que sabe lo que me gusta! mmmmmmm…
La pega es que cada cápsula (esas tarrinas que se ponen en la cafetera) vale 0,50 €, y hay que utilizar dos (una para la leche y otra para el café), es decir, que cada café de Dolce Gusto te sale por 1 leuro, casi como en el bar. Solo que más ricos. Y teniendo en cuenta que el mismo café, en un Starbucks, te sale por casi 4 euros, todavía me ahorro una pasta… Bueno, pensándolo mejor, no: no me ahorro nada, porque si antes me tomaba uno, ahora me podré tomar cuatro, sin necesidad de ir a la tienda, pero vamos que igualmente el café me sigue pareciendo caro para estar hecho en casa.
Ahora solo me falta saber dónde comprar las tarrinas de café, cosa que no sé si será fácil, porque en la web www.dolce-gusto.com, lo primero con lo que me encuentro es con una página para seleccionar mi país… Y las opciones son para echarse a llorar: Alemania, Suiza, Reino Unido y ¿Schweiz? ¿Ande coño está Schweiz? ¿Será uno de esos paraísos fiscales, como Liechestein? Pincho ahí más por curiosidad que por otra cosa, y ¡oño! Resulta que es la página web de Nescafé Dolce Gusto en España. Vaya tela. La sorpresa es agradable: puedo comparar en el Carrefour y el Consum. Genial. La próxima vez que mis padres vengan a hacernos una visita, les sorprenderé: a mi madre con un Chococino (chocolate con leche calentito) y a mi padre con un doble Espresso. Lo van a flipar.
El sábado, mi hermano y mi cuñi vinieron a casa a comer, a lagartijear un rato en la piscina y a enseñarnos la pedazo de moto nueva que se ha comprado.
Para comer preparé unos macarrones a la boloñesa, que me salen de muerte. Y se me ocurrió la brillante idea de hacer unos huevos duros para acompañar, en el microondas. Normalmente pongo un solo huevo unos 5 minutos, y como esta vez puse dos, pues programé el microondas el doble de tiempo. Y me olvidé de los huevos mientras seguía cocinando.
Craso error. Todo. En general.
Los huevos duros explotaron cuando apenas quedaban unos segundos para que se acabara el tiempo marcado, con tanta fuerza que abrieron la puerta y mancharon la pared de enfrente de la cocina y la puerta cristalera de salida al patio. Una salvajada. Mi cuñada, que estaba cerca, en dos saltos y un grito se plantó el puerta de la cocina, en el otro extremo de donde estaba. Los huevos prácticamente se desintegraron, no quedó de ellos ni la cáscara, y toda la cocina se inundó de un pestazo a huevo podrido que tiraba de espaldas.
Media hora nos pasamos Ifo y yo limpiando trocitos de huevo desintegrado por toda la cocina.
Ahora el microondas no funciona. No calienta. Así que por la tontería de los huevos hervidos en el microondas, no nos va a quedar más remedio que ir al Media Markt (por cierto, ¡qué web más mala! aquí no hay ni diox que encuentre precios) a por un microondas nuevo, con la gracia que me hace: como si no tuviéramos ya miles de gastos con la boda inminente.
Por supuesto, el cachondeíto sobre los huevos va a durar una buena temporada… Ahora ya sabemos lo que pasa cuando metes los huevos en el microondas.
- Puleva calcio con isoflabonas de sofa… Pero esto es leche de vaca, ¿no?
- Pssssé… supongo. La verdad es que no lo tengo muy claro. Lo único que sé es que estaba en los estantes con las otras leches y que era la más barata del súper…
Llevo unos días algo agobiada, y no acabo de encontrar un motivo. Solo sé que necesito estar sola, que quiero espatarrarme en mi sofá amarillo, cerrar la puerta y leer un rato a solas, que necesito paz interior para calmarme y no soy capaz de encontrarla.
Ifo se da cuenta enseguida de este estado de ánimo, y curiosamente en esos momentos en los que yo más necesito estar sola, más necesita él que esté encima suyo, que le mime y le cuide más que de costumbre, que le diga que le quiero más a menudo y que esté más por él. Es como si necesitara reafirmar que, a pesar de que necesite mis momentos de soledad, le sigo queriendo igual y no es de él de quien quiero alejarme.
Por supuesto que no es de él de quien quiero alejarme, ¡faltaría más, si nos casaremos en apenas 2 meses! A él le cuesta entender que sea tan independiente que en ocasiones no quiera estar con él y que necesite momentos de intimidad para estar sola, y a mí me parece algo tan obvio que no encuentro argumentos para explicarlo sin que se sienta ofendido.
Nota: él tiene una teoría alternativa, que consiste en que cuando _él_ está de bajón y necesita más caricias, besos y mimitos, es a mí cuando me coge el rollo independiente y quiero estar sola. De lo que deduzco que cuando yo esté en este estado de ánimo, no debería callarme y esperar algunos días a decírselo, porque entonces se cree que és él quien se lo ha pedido primero.
Hay días en que te apetece encerrarte en tu habitación, tumbarte en el sofá con una manta y escuchar música de cuando tenías 18 años.
Cada vez que escucho Princesa se me ponen los pelos de punta: Y cuéntale a otro que la vida te ha maltratado, que lo nuestro no va bien, que sería mejor dejarlo…
Escuchame princesa
que la lluvia no molesta.
Que mi mente esta mi ceca
del colapso.
Si quieres dar el paso
solo tienes que mirarme,
no tienes que decir nada,
para darlo.
¡Y cuentale a otro que,
la vida te ha maltratado,
que lo nuestro no va bien
que sería mejor dejarlo!
¡Y date la vuelta,
que aquí hay tres taxis parados!
Finge que no estas contenta,
¡Y dejame aquí tirado!
Escuchame princesa
olvidaré tu ultimo beso
solo dame algo de tiempo
solo eso.
No intentes consolarme
con tu amistad eterna,
no te inventes mas historias
de novelas.
¡Y cuentale a otro que,
la vida te ha maltratado!
¡Que lo nuestro no va bien
que sería mejor dejarlo!
¡Y date la vuelta,
que aquí hay tres taxis parados!
Finge que no estas contenta,
¡Y dejame aquí tirado!
¡Escucha!
¡Escucha y no digas nada!
¡Que ya va haciendo frío
y en tu casa faltas tu!
¡Despide a Bobby en mi parte!
¡Ya me darás los discos
cuando tengas ocasión!
¡No jures
que algún día me quisiste!
¡Que nunca me engañaste
pero el tiempo te cansó!
¡Solo dame un abrazo
y deseame lo mejor!
¡Que no me caeré atrozos
ni me volare los sesos!
¡Solo dame un abrazo
y deseame lo mejor!
¡Que no me caeré atrozos
ni me volare los sesos!
Y algunas no tan antiguas. Ahora mismo suena Soldadito Marinero, de Fito & Fitipaldis, y me estoy poniendo más tontorróna…
Él camina despacito
que las prisas no son buenas
En su brazo dobladita,
con cuidado la chaqueta
Luego pasa por la calle
dónde los chavales juegan
Él también quiso ser niño
pero le pilló la guerra.
Soldadito marinero
conociste a una sirena
de esas que dicen te quiero
si ven la cartera llena
Escogiste a la más guapa
y a la menos buena
Sin saber como ha venido
te ha cogido la tormenta
Él quería cruzar los mares
y olvidar a su sirena
la verdad, no fue difícil
cuando conoció a Mariela
que tenía los ojos verdes
y un negocio entre las piernas.
¡Hhay que ver, que puntería!
No te arrimas a una buena.
Soldadito marinero
conociste a una sirena
de esas que dicen te quiero
si ven la cartera llena
Escogiste a la más guapa
y a la menos buena
Sin saber como ha venido
te ha cogido la tormenta
Después de un invierno malo,
una mala primavera
dime por que estas buscando
una lágrima en la arena
Atención! En este post abuso sin compasión de las fotos.
Después de que Ifoxe se apropiara con sabadosidad y alevosía de mi habitación de estudiar, mientras yo estaba en Madrid entretenida sacándole la lengua al presidente, decidí que necesitaba con urgencia arreglar la otra habitación para mí sola, pues es una pena que estuviera muerta de asco ejerciendo de almacén de los muebles de mi pisito de soltera. Además, es la segunda habitación más grande de la casa, no tenía sentido desaprovecharla. Así que Ifo y yo hicimos un pacto: yo me quedo con la habitación grande para estudiar, me monto mi despachito allí, si él me ayuda a montar el escritorio.
Mi anterior habitación de estudiar, ahora okupada por Ifo. Conformaros con esta idílica imagen, hacedme caso: es mejor para vuestra salud mental que no veais como está ahora…
Habitación grande con los muebles de comedor de mi apartamento de soltera
Y ayer nos pegamos la gran paliza, que montar un mueble de Ikea parece fácil, pero estos suecos son muy mala gente, que os lo digo yo. Han planificado cuidadosamente un método de tortura por la vía, primero, de tratarnos como hamsters enjaulados en sus tiendas, haciéndonos recorrer toda la exposición por un camino marcado del que no nos podemos salir; después, poniendo publicidad incluso detrás de las puertas de los lavabos, que ya hay que tener mala leche, ni un momento de relax íntimo tiene una en esas malditas tiendas; después, otra tortura ingeniándotelas para meter todas las cajas en el coche, menos una, que no cabe; y, por último, la tortura definitiva: montar los muebles.
Montar unos muebles de Ikea NO es tan fácil como te cuentan
Después de la gran paliza que nos dimos ayer por la noche montando muebles (sobre todo Ifo: yo solo ejercí de competente pinche), el escritorio nuevo quedó razonablemente bien montado, y me he podido dedicar a enchufar el ordenador y sus mil gadgets, montar un lío tremendo de cables debajo de la mesa (que he conseguido arrinconar para que no molesten), poner en peligro la seguridad de todo el edificio conectando como cien enchufes en una sola toma de corriente, y llenando el espacio de trabajo, que ahora es grande y cómodo, con mil chorradas, muñequitos y peluches varios.
Y además me cabe mi querido sofá amarillo, que ha venido conmigo de casa en casa desde que me fui a vivir sola, y en el que podré tumbarme a leer a solas, o ver la tele a mi aire sin tener que compartir el mando a distancia ni pactar el canal y el tiempo de visualización. ¡Ah, la libertad está hecha de pequeñas cosas!
¿No fue Virginia Wolf quien dijo que una mujer debería disponer de su propio dinero y su propia habitación? Desde luego, mi experiencia viviendo en pareja me lleva a concluir en la misma dirección: es mucho más sano para la pareja (y para mí misma) tener mi propia habitación, conservar mi espacio vital, donde poder pensar con traquilidad, relajarme, leer, escuchar música, ver la tele, y disfrutar de mi mundo interior en soledad, algo que se agradece de vez en cuando.
Recuerdo cuando empezamos a vivir juntos, no hace tanto, en mi apartamento de 40 metros cuadrados y una sola habitación, compartíamos incluso la mesilla de noche. Era agradable y romántico, muy bonito, pero también había momentos en que me subía por las paredes, necesitaba una desconexión y no encontraba espacio donde tener un rato de soledad, y eso en mi opinión debilita mucho a la pareja: estaba nerviosa, arisca y de mala leche, y a él le costaba entender el motivo, especialmente cuando nunca ha vivido solo. Con el cambio de piso la cosa fue mucho mejor, ahora tenemos tres habitaciones y un comedor enooooorme, y un sofá mucho más grande en el que espatarrarme a ver la tele y hacerme la dueña del mando a distancia aprovechando los momentos en los que Ifo se mete en la habitación a jugar al ordenador. Pero aún así continuaba echando en falta mi espacio propio. Y ahora ya lo tengo, montado y organizado a mi gusto.
Ya solo me falta tener un cacharro wifi de esos para tener internet en mi habitación y conectarme con el mundo exterior. Creo que iremos a comprarlo esta tarde, a ver si hay suerte y ya dejo montado mi nuevo despachito. De momento, me conformo con usar el portátil para postear y subir fotos, aunque ya me lo están reclamando.
Ikea: no es ciudad para niños (¿qué clase de degeneraos llevan a sus hijos pequeños a Ikea un sábado por la tarde? Mala gente, sin duda)
Y hoy retomo la idea para explicarlo más detalladamente. El sábado por la tarde (el sábado fue un día duro en general, os iré explicando la historia en diferentes posts), fuimos a Ikea a comprar mi escritorio nuevo, después de que Ifo ocupara vilmente y a traición _mi_ habitación de estudiar, con sabadosidad y alevosía, aprovechando que estaba en Madrid sacándole la lengua al Presidente del Gobierno, y en justo castigo por intentar ligar con Juanra, de Caiga Quien Caiga (supongo).
El caso es que necesitaba un escritorio para poder estudiar, y ya que el sábado estábamos liados con mil historias, se nos ocurrió hacer la penúltima parada en Ikea. Mala idea. Ir a Ikea un sábado por la tarde _siempre_ es mala idea. A menos, claro, que te encanten las grandes aglomeraciones de gente en espacios reducidos, caminar durante horas por el camino marcado cual manada de borregos, y no tener salida a tu alcance en caso de una crisis de ansiedad más que probable. Y, a pesar de todo, allí nos metimos, dispuestos a hacernos con mi escritorio nuevo, sorteando toda clase de peligros, y meter los paquetes en el Ifo-coche como fuera.
Lo que no podía imaginar ni por un momento es que nos encontraríamos con montones de familias, matrimonios jóvenes (apenas treinteañeros) con niños pequeños, incluso en cochecito. Si para un adulto ya es duro pasar por la experiencia de recorrerse Ikea a la caza y captura del escritorio deseado un sábado por la tarde entre millones de personas que hacen la misma peregrinación hacia el almacén, armados con lápiz y papel, por un camino tan estrecho… no me quiero ni imaginar cómo lo deben pasar las pobres criaturas, atadas durante horas al carrito, sin poder moverse, con peluches y cosas chulas a su alrededor que desean tocar, y gente que pasa a su alrededor como puede, estresada y de mala leche. No lo entiendo. Hace falta ser degerano y mala gente para hacer pasar a tus propios hijos pequeños por una ginkana claramente poco adecuada para su edad y sin premio final, y para más inri una experiencia que no deseas ni para tí misma.
Me pregunto si esos padres que llevan carritos con niños en Ikea un sábado por la tarde estarán poniendo en práctica algún tipo de castigo promovido por un método pedagógico que desconozco. No es normal tanto padre con tanto crío en un día y lugar tan poco adeacuado para ellos. Pero me fijo un poco mejor y ¡veo que los padres incluso están disfrutando! Los veo parados en corrillos, provocando atascos entre la marea de gente que no puede avanzar, parados en determinadas zonas del recorrido (¿o debería decir laberinto para hamsters?) comentando en grupitos lo ideal que es esa cocina o qué combinación tan divina para una habitación, mientras los pobres críos berrean aburridos y agobiados de cochecito y de gente. ¡Serán sádicos! No deberían haberles permitido tener hijos, ¿para cuando un test psicotécnico para poder ser padre?
Finalmente, y no sin esfuerzo, llegamos al almacén con todas las referencias anotadas: mi escritorio Galant, una cajonera y un sillón-director para Ifo y su espalda. Mientras Ifo se lleva la grúa de a leuro que hemos cogido en la entrada del almacén y la hoja con las referencias apuntadas, yo me pongo a hacer cola pacientemente para el punto de información, donde _creía_ que me iban a dar un papelito para recoger los tableros en una puerta grande. Craso error. Llego allí, le doy la referencia de mi escritorio, y el chico primero no la encuentra en el ordenador y después me manda devuelta arriba, a la sección de escritorios, a hablar con el encargado de esa sección, que me tiene que hacer el pedido. Cawenikea, ¿y eso no me lo podían haber dicho antes? El chico, todo encanto y buen hacer, me da dos opciones: o dar la vuelta y enfrentarnos a la marea de gente, alcanzando nuestro objetivo nadando contra corriente como un kilómetro más o menos, o volver a entrar y realizar de nuevo todo el recorrido infernal. Logro controlar mis instintos asesinos porque estoy demasiado cansada y el chaval tiene pinta de que opondrá resistencia, y yo no estoy para esos trotes.
Optamos por volver a hacer el recorrido. Gracias a la orientación fuera de serie de Ifo, podemos atajar más de 3/4 partes del recorrido, colándonos por los recovecos de la exposición y esquivando a esas familias de padres sádicos e hijos que en la adolescencia probablemente emularán al asesino de la katana o algo parecido (luego, los medios de comunicación llorarán la desgracia y culparán a los juegos de rol, sin darse cuenta de que la tragedia familiar se mascaba desde la más tierna infancia). Llegamos, conseguimos encontrar una empleada libre en la sección que nos interesa que Ifo pilla por banda y no la soltamos aunque la cola de gente que quiere preguntar tras nosotros crece. Parece que no tenemos muy claro (sobre todo yo) las piezas que componen la mesa que necesito, y la chica con sus prisas por quitarnos de enmedio rápidamente tampoco ayuda. Al final logramos aclararnos y nos hace el pedido.
Volvemos por donde nos hemos colado y en un santiamén nos plantamos de nuevo en el punto de información del almacén, otra vez a hacer cola (por suerte ahora no hay apenas gente esperando), y nos mandan a la línea de cajas con unas instrucciones bien sencillas: primero haz cola en caja para pagar, después vuelve a hacer cola para que te preparen el pedido, después haz otra cola para que te entreguen el pedido, y luego, si eso, ya te daremos la mesa, suponiendo que hayas conseguido llegar hasta el final de la ginkana infernal y no hayas fallecido en el intento. Genial. Me encanta este sistema sueco pensado para hacernos la vida más fácil. ¿Se imaginan todo esto con niños menores de tres años?
Inasequibles al desaliento a pesar de todos los contratiempos, de los recorridos maratonianos por la tienda, de la avalancha de gente, de las largas colas y de las insufribles esperas, finalmente nos llevamos nuestro escritorio a piezas. Y la pieza grande no nos cabe en el coche. Mi hermano no puede echarnos una mano porque va camino de una despedida de soltero, mi padre no puede ayudarnos porque el todoterreno no tiene pasada la ITV y se han llevado a Canet el coche pequeño, llamamos un taxi monovolumen (unas 15 veces a la central hasta que nos cogen el teléfono) y el taxista no se digna a presentarse…
Mira, casi que mejor subimos de nuevo por donde podamos (que es por ningún sitio, tenemos que hacer como si volviéramos a entrar en la tienda pero cargados con la pieza que no nos cabe en el coche), volvemos a hacer la enésima cola del día, y pedimos que nos lo envíen a casa. Hasta este viernes no tendré mi mesa nueva completa en casa y podré empezar a montarla. ¡Con las ganas que tenía y me tendré que esperar una semana!
Yo acabé el día destrozada, pero Ifo aún más debido al esfuerzo físico “extra” que tuvo que hacer y del que yo me libré Desde luego, me debe querer mucho para aguantar una tortura así.
Otro meme que tenía pendiente, y con esto termino los deberes atrasados (¿verdad? ¿o me dejo algo que no recuerdo?). Straja me pasa un meme cuyo funcionamiento no acabo de comprender del todo. Creo que la idea consiste en enlazar a la cabrona amiga que te ha puesto en esta situación, citar 6 manías o hábitos que una tiene y pasarle la bola a otras 3 pringadas amigas. Bueno pues allá va:
1º Soy una dormilona, y le he copiado este punto a Elena para saber por dónde empezar. Pongo MI despertador 15 minutos antes de la hora y lo dejo sonar 3 veces cada 5 minutos. Y eso contando que Ifo ha puesto su despertador 1 hora antes, lo ha hecho sonar un buen rato, se ha duchado, ha encendido la luz, se ha vestido, me ha gritado que me quiere desde la puerta y se ha marchado. Y a pesar de todo, casi siempre llego tarde al trabajo (de hecho, llego tarde a todas partes casi por sistema). Tengo un horario flexible, puedo entrar entre las 9 y las 10 a la hora que me dé la gana, pero siempre apuro hasta el último minuto, y muchas veces llego tarde. Soy una impresentable, lo sé. Y lo peor es que encima me despierto de mala leche.
2º Soy un animal de costumbres fijas, y me fastidia que me obliguen a saltármelas. Cada poco tiempo me aburro de mí misma y las cambio yo solita porque me apetece, pero si son circunstancias ajenas las que me obligan a cambiar mi rutina, me coge una mala leche de mil pares. Por ejemplo, últimamente me ha dado por desayunar un croissant de camino al curro. Hace unas cuantas semanas me dio por los donuts, pero ahora estoy enganchada a los croissants. Bueno, pues hace unos días el pobre Ifo que, si recordáis, no tenía tarjeta de crédito porque se la habían robado, me cogió 5 euros que tenía en el monedero, y me avisó (mientras yo luchaba por no despegar las pestañas por la mañana). Yo estaba convencida de que tenía además algo de calderilla para poder comprar el desayuno, pero al ir a buscar las monedillas sueltas, no las encontré y le armé al pobrecillo la de diox es cristo por teléfono, por dejarme sin un duro. ¿He dicho ya que me despierto de muy mala leche? Pobrecito mío, el rapapolvo que se llevó…
3º Estoy dejando de morderme las uñas. Llevo años dejando de morderme las uñas, pero hay ocasiones en las que no lo puedo evitar y entonces la emprendo con los dedos anular y meñique de cada mano. Son los que tienen las uñas más feas de mis manos. El resto, más o menos los respeto salvo que esté muy muy muy nerviosa. Cuando me estreso (y me estreso con demasiada facilidad últimamente), me pilla un tic nervioso en el ojo derecho. Es realmente molesto, pero no puedo evitarlo.
4º No soporto a las cuarentonas (y de ahí en adelante) que van de divinas por la vida. Modelo Ana Obregón, pero a partir de 20 años menos. Son esa clase de tipas que van demasiado apretadas, con ropa que pretende ser de marca, y con una actitud que va diciendo a gritos mírame, estoy buenísima de la muerte, mírame, ¿a que estoy buena? Un poquito de dignidad, señoras. Esa actitud en la adolescencia es de un petardeo insoportable, pero a partir de los treintaymuchos, es simplemente patético.
5º Últimamente salgo del trabajo a las tantas, y cuando llego a casa me gusta tener un rato para mí a solas, ver la tele espatarrada en el sofá, hacer zapping sin que nadie me robe el mando a distancia y, sobre todo, no pensar en nada y desconectar. Es un rato que necesito para mí, para liberar la mente y el cuerpo de tensiones, estar a solas conmigo misma. Sé que a Ifo le duele que le excluya de ese momento de desconexión neuronal, pero es un momento al que no puedo renunciar o me subiría por las paredes.
El viernes fuimos a ver al cura de nuestro pueblo. Toda una experiencia. ¿Que para qué? Para pedirle permiso para casarnos en una iglesia que no es la que nos correspondería. Sí, yo también lo flipo: tenemos que ir a ver a un tío al que no conocemos de nada, que no nos ha visto en su vida y que probablemente no nos vuelva a ver, para pedirle permiso para casarnos donde nos da la gana. Y encima solo atiende los miércoles y los viernes, de 5 a 7 de la tarde. No se canse, buen hombre. Absurdidades de casarse por la iglesia, darían para un capítulo entero.
Aunque, bien mirado, la cosa tiene su lógica: el cura del Santuario donde nos casaremos nos pide 250€ para las flores. Ya, claro. Teniendo en cuenta que organizan 4 bodas diarias (dos por la mañana, dos por la tarde), y que a cada pareja le clavan 250€, salimos a 1.000 leuros para pagar las flores que compartiremos, y que no podemos elegir. Magnífico. No hace falta que os dé más datos, ¿verdad?
Llevábamos días dándole vueltas al tema, ¿y qué le decimos si nos pregunta que por qué queremos casarnos?
Yo lo tengo claro:
Porque desgrava, padre, porque desgrava…
Y él no lo tiene menos claro:
Porque mi futura señora no cree en las relaciones prematrimoniales, y estoy harto de matarme a pajas…
Vaya par. Casi mejor que el cura no nos pregunte y se limite a darnos su bendición, porque si no no solo no nos deja casarnos sino que nos excomulga hasta la tercera generación.
Y aquí es donde empieza nuestra peregrinación por las Iglesias de la provincia de Barcelona, porque no son pocos los requisitos y documentos que tenemos que presentar para que nos dejen casarnos (casi tantos como para que te cambien de domicilio la conexión ADSL). A ver, hagamos recuento. Necesitamos:
Nuestras respectivas partidas de bautismo (las de nacimiento, curiosamente, no nos las piden…), que cada uno debe recoger en la iglesia en la que fue bautizado (él en Sabadell, Vallés Occidental; yo en El Prat, Baix Llobregat).
Fotocopia de nuestras hojas en el libro de familia de cada cual
Fotocopia de nuestros DNI’s
Certificado de buena conducta firmado por nuestras madres
Declaración jurada de que hemos rezado el jesusito de mi vida, eres niño como yo por lo menos hasta los 18 años
Informe de nuestros pecados actualizado, mecanografiado en Arial 10, a doble espacio y una sola página
Más o menos. Y mañana hablaremos del cusillo prematrimonial, que esa es otra.
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