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Ya me he cansado. Ya os conté la sorprendente historia del Nescafé Menguante, pero es que desde que compartimos sala de descanso con todos los compañeros de la oficina, ahora el asunto es todavía más grave porque ocurre lo mismo con la leche. Vamos, que hay alguien (o álguienes) que se bebe impunemente la leche que yo compro todas las semanas para prepararme mi café de media mañana, y en lugar de tirar la botella, no se le ocurre nada mejor que volverla a guardar en la nevera con un culillo de leche. Así que cuando yo voy a la mañana siguiente a hacerme el café, me encuentro con que se han bebido _mi_ leche ¡y no han dado ni las gracias! Vamos, que yo compro la leche, se me la beben otros, y cuando voy a hacerme el café me encuentro con que para mí no hay. Alucinante: encima de puta, pongo la cama.
Yo no sé si es que se piensan que la leche semi-desnatada es un detalle de la organización, o algo… Me ha pasado varias veces, pero como ya estoy hasta las pelotillas, las dos últimas las he documentado:
Esta foto es del 23 de septiembre, hace apenas un par de semanas:

Y esta es de hoy:

Como os podéis imaginar, no me hace ni puñetera gracia: ir a preparme mi café y encontrarme con que no me queda leche, a pesar de que la he comprado yo. Y la persona que se la bebe y vuelve a guardar la botella vacía en la nevera ni siquiera tiene el detalle de buen gusto de darme las gracias. Así que de decidido declararme en huelga: no vuelvo a comprar leche. A partir de ahora, la gorreo. A ver qué se han creído. Aquí, o follamos todos, o la puta al río.
Nota: estoy _muy_ cabreada. Pero ya verás tú la de visitas que me va a traer este post, buscando cada salvajada…
[EDITO] A todo esto, hoy se organiza el Día Mundial por un Trabajo Digno. ¡Pues empezad por no mangarme la leche, coño!
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Trasteando entre álbumes de fotos antiguas encontré algunas de cuando era bebé. La verdad es que era una bebé monísima, y a las fotos me remito, que no me invento nada. Y además, en contra de lo que pueda parecer, me portaba muy bien. Quizá por eso me ha sorprendido encontrar esta foto, de la que probablemente fuese mi primera gamberrada infantil. Hasta haciendo trastadas era adorable
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A veces le digo a mi marido, medio en broma - medio en serio, que no importaría divorciarme para volverme a casar (con él, claro), porque nuestra boda fue una experiencia tan bonita, tan romántica, me lo pasé tan bien, que me parece muy injusto que solo se pueda vivir una vez en la vida. A él, en cambio, no le hace tanta gracia y es que la organización, sobre todo los últimos meses, fue una auténtica locura. ¡Parecía que tantas cosas estaban destinadas a salir mal en el último momento! Un breve recuento, porque en su momento ya lo expliqué en detalle:
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Las semanas antes a la boda no dejaba de llover y ya empezaba a amargarme pensando que podría llover el día de nuestra boda,a unque al final por suerte hizo un sol radiante, hasta el mismo día no lo tenía nada claro. Los días antes, al verme tan depre por el mal tiempo, las compañeras de trabajo me decían: “No te preocupes, mujer, si ya lo dice el refrán: novia mojada, novia afortunada“. ¡Y una mierda! Eso solo lo dicen para consolarme si al final el vestido acababa empapado y el peinado deshecho. Al final por suerte hizo un sol radiante, pero hasta el mismo día no lo tenía nada claro. ¡Y eso que al final no nos dio tiempo a llevar huevos a las monjas Clarisas, que dicen que ellas consiguen como nadie que no llueva el día de tu boda!
- La florista decía que no me haría el ramo como _yo_ quería, porque a _ella_ no le gustaba. Yo quería un ramo de rosas blacas con orquídeas rosas. Y quería expresamente que las rosas estuviean bien abiertas, que no estuvieran cerradas en forma de capullitos sino que se vieran bien las rosas, que hicieran bulto. Pero la florista decía que así parecería que las flores estuvieran pansidas y que no me las iba a poner porque a ella no le gustaba el efecto. Al final yo creo que quedó bonito, ¿verdad? pero tuve que insistir lo mío para que me hiciera caso.

- La organización de las mesas era como hacer el cubo de rubik, y hasta una semana antes no tuve la confirmación de todos los invitados de Ifo. La locura.
- El viaje de novios estuvo pendiendo de un hilo hasta casi casi el último día, porque como lo habíamos contratado en la agencia de viajes en la que trabajaba él, y estaba a punto de cambiarse de curro, no sabíamos si le harían la putada de anularle la reserva hecha como empleado, o alguna otra putada.
- Mis uñas estaban hechas una puta pena, aunque conseguí tooooodo el mes anterior a la boda sin mordérmelas, las tenía tan pequeñitas y hechas polvo que la esteticista tuvo que hacer milagros para que la manicura francesa me quedara medio bien.

- La peluquera que elegí en un primer momento resultó ser una auténtica imbécil. Para peinar, cortar y maquilllar para el día a día, muy bien, pero en cuanto a pintar a una novia, era una auténtica pedorra. Cuando tuve la penúltima prueba del vestido, fui el día de antes a la peluquería, para hacer la prueba del peinado. Le recalqué que quería que el peinado me durara hasta el día siguiente, que ya me las ingeniaría yo para que se mantuviera por la noche, pero que tenía al día siguiente la prueba del vestido y quería verme con el peinado. Le llevé hasta el tocado para que pudiera hacerme la prueba con todos los complementos. ¿Y qué hizo la tipa? Me alisó el pelo, me hizo unas ondas con las tenacillas, no me puso ni laca ni nada, ¡y me cogió una coleta! Me dijo que más o menos así es como me vería. Pero, a ver, ¿no te he dicho que quiero que me hagas un peinado semi-recogido, que me dure hasta el día siguiente? ¿PUES-QUÉ-COÑO-ES-ESTO? Así que al final cambié de peluquera, y ¡menos mal!
Así que, claro, las semanas antes de la boda, estaba atacada de los nervios. Ifo no hacía más que repetirme que no me preocupara, que todo saldría bien, y que si no salía todo a la perfección, pues tampoco pasaba nada. ¡Sí, claro! Si no sale todo a la perfección, nos volvemos a casar y aprendemos de los errores, ¿no?¡Qué fácil lo ves tú!
Al final salió todo perfecto. Tanto, que ¡¡quiero repetir!! Quiero volverme a casar otra vez, quiero volver a vivir esa experiencia. No es justo que algo tan bonito solo se pueda vivir una vez en la vida.
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Esta es mi moto, mi niña, mi pequeña. Esta tarde, al ir a buscarla, no estaba donde la había aparcado.

He buscado, desesperada, las pegatinas triangulares que deja la grúa pegadas en el suelo si se lleva algún vehículo, aunque estaba bien aparcada en la zona de motos de la estación de Sabadell Norte, pero no había ni rastro de ninguna pegatina ni nada parecido.
He llamado al 091, pero nadie cogía el teléfono. ¿No funciona en Catalunya? No tengo ni idea, pruebo suerte con el 092. Allí sí me atienden, les explico la situación y me pasan con el depósito municipal, por si acaso. Allí me dicen que en el ordenador no les consta, pero que me pase de todas formas, también por si acaso.
Nos acercamos primero a la comisaría de la Policía Nacional para denunciar el robo. Nos dicen:
Aquí no, tenéis que a la de los Mossos d’Esquadra.
Pues vale. Más de una hora y unos cuantos rifi-rafes con un mosso bastante borde después, salimos de can mossos con la denuncia en la mano, aunque sé que para lo que me va a servir… No obstante, el agente me ha hecho firmar un folio donde se me informa de mis derechos. Uno de esos derechos me resulta curioso. Dice así:
Tiene derecho a reclamar la restitución de la cosa, la reparación de los daños o la indemnización por los perjuicios que el delito le haya causado.
Lo que no dice es _a quien_ tengo derecho a reclamarle, claro. Pues mira qué bien.
Siguiente parada, depósito municipal de Sabadell, más que nada a ver si suena la flauta. Aquéllo es para echarse a llorar y no parar: motos apelotonadas, unas encima de otras, tiradas de cualquier manera, al aire libre en una especie de descampado, en un suelo de tierra ideal para hacer motocross. ¡Qué ironía! Pero ni rastro de mi moto allí tampoco.
Cunde el desamparo. La última opción es preguntar a la funcionaria del mostrador, en el interior de la comisaría de la urbana, a ver si hay suerte… Pero tampoco. Le pregunto a la funcionaria, aferrándome a un hilo de esperanza, si quizá la grúa se ha llevado mi moto y todavía no ha llegado al depósito… Pero no: solo hay una grúa municipal en Sabadell, y está estropeada. Cojonudo, gracias por la información: ahora ya sé que en los próximos días podré aparcar en los vados sin miramientos, ¡qué guay! Hay que joderse.
En fin, que me vuelvo a casa cabreada como una mona. Siento una profunda tristeza, porque no es solo una moto, es el símbolo de mi independencia personal, es lo que me permitía no depender de nadie para ir a donde me diera la gana cuando quisiera. La compré hace 10 años, al poco de cumplir los 18 y casi a escondidas porque mi madre no quería. Tuve que ahorrar mucho para pagar casi la mitad en efectivo, y el resto lo financié en La Caixa, fue mi primer crédito y sudé tinta el primer año para pagarla. Con ella iba cada día a trabajar, y después a la universidad. Volvía a casa a las 11 de la noche y salía a las 8 de la mañana. Me ha acompañado durante todo lo poco que llevo de vida adulta. Para una persona que no tiene carnet de conducir, mi moto era mucho más que una moto. Era mi niña, y ahora siento que me han arrancado una parte de mí. De hecho, me siento en carne viva, como si me hubieran arrancado la piel a tiras. Frustrada, impotente, con una rabia que me quema por dentro… y sin poder hacer nada.
Me siento gilipollas, muy gilipollas. Porque llevaba un mes aparcada en Sabadell, y no la había ido a recoger por pereza, porque la tuve que dejar al no conseguir arrancarla. Llamé al RACC para que me enviaran una grúa, pero como me dijeron que tardaban una hora, eran casi las 4 de la tarde y hacía un calor horroroso, decidí irme a casa, dejarla allí y pasar a recogerla otro día. Este martes la íbamos a ir a recoger, a ver si había suerte y esta vez podía arrancarla, o en su defecto esperar a la grúa, pero nos olvidamos los cascos en casa, y como teníamos que volver igualmente al día siguiente, pues tampoco le dimos mayor importancia. Hoy hemos vuelto, dos días después, y ya no estaba. Y me estoy tirando de los pelos por lo gilipollas y lo descuidada que he sido, porque estaba cantado que algo así sucedería, así que me siento la persona más idiota sobre la faz de la tierra.
Tengo la sensación de que Ifo no entiende cómo me siento. Cuando he visto que no estaba aparcada donde la había dejado, se me ha escapado un grito, y él me ha dicho que tampoco era para ponerse así… Si alguna vez sientes este dolor lacerante, esta desesperación, esta impotencia, me lo cuentas, y entonces veremos si yo te digo que tampoco es para tanto y que no hace falta ponerse así. He intentado que se ponga en mi piel, pensando en cómo se sentiría él si le robaran el coche. Pero me ha contestado que él el coche lo usa a diario para ir a trabajar y que lo usamos los dos, lo que me ha parecido un golpe bajo: por el mismo precio me podría haber dicho que para mí mi moto no es más que un capricho y que tampoco es para tanto; me habría dolido igual. Cualquiera diría que él tiene un Opel Trigra que deseaba desde que iba al instituto, y que cuando le digo que para mí el coche solo es una máquina que me lleva y me trae, y que no hace falta que sea un modelo determinado, que con que no me deje tirada tengo bastante, se pilla unos cabreos de no te menees. Una vez le cayó una especie de líquido corrosivo en una esquina del alerón que le estropeó un poco la pintura, y por poco se echa a llorar. Y ahora que me han robado la moto, que no es que se haya hecho un rallajo, es que me la han robado, él no entiende cómo me siento.
Ha estado muy frío y distante durante toda la tarde, cuando más necesitaba que estuviera junto a mí, sentirle más cerca que nunca, y he sido yo la que no ha entendido ese comportamiento, cuando normalmente es tan cariñoso. Hemos acabado peleándonos, no entiende que yo ya no tengo ganas de hablar y que quiera estar sola y llorar. Llorar por la pérdida de mi moto, de mi independencia y por lo gilipolllas que me siento. Se ha enfadado y hace horas que no entra en mi habitación ni me dice nada.
Pienso que a estas horas, mi moto debe estar ya desguazada y alguien se debe estar forrando vendiéndola a piezas a los quinquis del barrio. Tiene narices la cosa, que cuando estaba nueva en mi barrio, que era de lo peorcito de Barcelona, ni se la miraran, y ahora que vivo en Pijolandia, me la roben cuando la pobrecita tiene 10 años y está para el arrastre. Sé que no va a ocurrir, pero si me encuentro al hijoputa que me ha robado la moto, lo desguazo yo a él. 
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A cualquier cosa Ifo le llama situación de crisis… En fin, os cuento: Nos hemos comprado una nevera y un lavavajillas nuevos, la primera porque la vieja estaba a punto de cascar, hacía unas cantidades de hielo espectaculares y me congelaba la comida en vez de simplemente enfriarla, un desastre; y el segundo, porque no resistió la primera mudanza, del piso de mi ex que se quedó mi ex por toda la cara a mi pisito de soltera, lo último que lavó fue la batería de cocina y la cristalería que mi abuela me regaló con mi “ajuar” (lo que me plantea interesantes comparaciones que ahora no me voy a molestar en exponer). Ya tengo lavavajillas nuevo, Querida Enemiga ya no me da envidia.
Antes
 
Después
 
Aparte de que la nevera nueva es un palmo más baja que el hueco que tenemos en la cocina, lo cual me ha provocado el primer disgusto del día, obviamente hemos tenido que sacar toda la comida de la nevera y del congelador del frigorífico viejo. Además, hemos tenido que esperar tres horas antes de poderlo enchufar y poner en marcha, por aquéllo de no sé qué del gas al venir tumbada. El caso es que, entre una cosa y otra, hemos tenido la cocina empantanada todo el día, y mal que bien nos las hemos apañado para cocinar sopa de pera y pato a la naranja (que dirás, y con la cocina patas arriba, ¿no podías haber cocinado un huevo frito con patatas? ¡Pues no! Puesto a liarla, o se hace a lo grande o no se hace). Una vez puesta en marcha (a eso de las 3 y pico de la tarde), como es obvio, no se ha enfriado de repente sino que necesita unas cuantas horas para que el interior se ponga a la temperatura adecuada.
El resultado de todo lo anterior es que todo lo que teníamos en el congelador y que no cabía en el fregadero se ha descongelado a lo loco (con 30º a la sombra, tú me dirás) y ha empezado a soltar agua a chorro sobre la encimera de la cocina. El problema es que entre las patatas fritas, las varitas de merluza Capitán Pescanova y las pechugas de pollo congeladas habían también dos botes de helado de vainilla y nueces de macadamia, tipo Häagen Dazs pero del Mercadona. Y claro, después de tantas horas cociéndose por el calor, uno de los helados deshizo el cartón con el que está hecho el bote, y empezó a pringar de vainilla todo lo que encontró a su paso.
Para solucionar el desaguisado, le pedí a Ifo que me pasara un vaso lo más rápido que pudiera mientras con una mano mantenía en alto y boca abajo el bote para evitar que siguiera manchando, y con la otra intentaba limpiar el estropicio. Por el agujerito que el líquido hizo en el bote traspasé el helado derretido al vaso, se lo pasé Ifo y le pedí otro más para poner el resto del helado. Cuando me giro para ver por qué tardaba tanto en pasarme otro vaso, ¡lo pillo vaciando todo el helado por el fregadero! Para matarlo. Y encima me dice, todo ofendido:
- ¡¿Y qué querías que hiciera?!
- ¡Pues comértelo, hijo mío! O, en su defecto, dejarlo para que me lo coma yo…
- ¡Ay! ¿Qué quieres que haga? He reaccionado como he podido: estábamos en una situación de crisis…
lol Pa mear y no echar gota…
Lo que yo te diga: a cualquier cosa Ifo le llama situación de crisis… Luego se mosquea si le digo que se ahoga en un vaso de agua. La buena noticia es que al menos he podido salvar la mitad del helado 
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Es subido a nuestro canal de Youtube algunos de los momentos más emocionantes y divertidos de la boda, como la lectura del poema por parte de Toni en mi casa, cuando cortamos la tarta nupcial, el momento en que pasamos por las mesas con los detalles de las amigas, o la última sorpresa que nos tenían preparada nuestros padres. Son momentos muy especiales, y me alegro mucho de poderlos tener en vídeo para verlos tantas veces como quiera, y poderlos compartir.
Toni lee el poema:
Ifo y Pimkie cortan el pastel
Los regalitos a los amigos.
Nota: me olvidé de regalarles las rosas a Mirian y Sheila, y al final me sobraban dos rosas ¡y no sabía qué hacer con ellas! Supongo que por eso al final desentona un poco las dos últimas personas. ¡¡Perdón, wapetonas!!
La última sorpresa (¿quizá debería decir “la última putada”?):
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Como te lo cuento. Una barbaridad. 1395 fotos son las que hizo Mery, nuestra fotógrafa, el día de la boda, ¡y eso que éramos apenas 70 invitados!
¡Y me gustan todas! Ha sido más fácil descartar unas pocas fotos en las que salíamos con caras raras o con los ojos cerrados, que elegir qué fotos me gustan. Ahora el problema lo tengo para seleccionar sólo 120 fotos de estas más de 1.300, para ponerlas en el álbum digital definitivo. Es una crueldad, no puedo descartar a tantas…
Para que os hagáis una idea, ya me las han pasado en baja resolución y las he subido a mi Flickr, así que aquí podéis echarles un vistazo a todas:
He hecho una breve selección de fotos de nuestra boda, las que más me gustan, aunque ha sido muy difícil.
Las he separado por momentos, y como siempre, si clickas encima de ellas, se amplían (aunque no mucho, porque el CD que me han pasado de momento los fotógrafos está en baja resolución). En los títulos de cada momento he puesto un enlace al álbum de Flickr correspondiente para ver todas las fotos de ese momento.
Después de ver las fotos, supongo que entenderéis porqué en el restaurante la familia no gritaba aquéllo tan típico de “¡Que se besen! ¡Que se besen!” Nos lo pasamos estupendamente, estamos enamoradísimos, y creo que eso en las fotos se nota. Para los dos fue un día mágico, que no olvidaremos en la vida.
Fotos en casa de la novia:
  
  
  
  
 
Fotos en casa del novio:
  
  
  
 
Fotos de la ceremonia:
  
 
 
  
  

  
  
Reportaje en el jardín:
  
  
  
  
  
  
  
  
 
 
 
Fotos en el restaurante:
  
  
 
  
 
  
 
 
 
 
 
 
  
 
 
 
  
 
  

Fotos del primer baile:
  
  
  
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El día de nuestra boda, mi madre me dedicó una canción durante el banquete antes de los postres, que me emocionó, me hizo llorar a lágrima viva y todavía me pone los pelos de punta.
 
 
 
En realidad, a todos los presentes se les puso la piel de gallina y un nudo en la garganta, y acabamos mis padres, mi hermano y yo llorando a moco tendido. Al finalizar el banquete, varias personas se acercaron a mi madre para pedirle el título y el grupo que la cantaba, porque estaban también emocionados con la letra.
La canción es del dúo Pimpinela, y se titula Aquí estoy yo. No he podido encontrar la música, aunque os he subido el vídeo de la boda al respecto, y aquí os copio la letra, creo que es un momento muy emotivo y vale la pena.
Cuando sientas miendo
aqui estoy yo
cuando tengas penas
aqui estoy yo
si se nuble el cielo
en tu corazon
yo tan solo quiero que sepas
que aqui estoy yo
aqui estoy yo
aqui estoy yo
aqui estoy yo
aqui estoy yo
en el fin del mundo
en cualquier rincon
hijo de mi alma
tu sabes que estoy yo
y siempre estare contigo
cuando me llame tu corazon
por que no hay nadie en el mundo
un amor tan grande como tu amor
y cuando llege el dia
en que la vida
nos diga a dios
cuando me haya ido
busca en tu alma hijo querido
que ahi estoy yo
si te sientes solo
aqui estoy yo
si te ves perdido
aqui estoy yo
cuando no hayas nadie
a tu alrededor
no te olvides nunca
hijo de mi corazon
que aqui estoy yo
aqui estoy yo
aqui estoy yo
aqui estoy yo
para dar la vida
para darte amor
para lo que pidas
tu sabes que a qui estoy yo
y siempre estre contigo
cuando me llame tu corazon
por que no hay en el mundo
un amor tan grande como tu amor
y cuando llege el dia
en que la vida
nos diga adios
cuando me haya ido busca en tu alma
hijo querido
que ahi estoy yo
hijo de mi vida
hija de mi amor.

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Finalmente llegó el día de la boda, y todo salió genial. La boda fue preciosa, encantadora, muy emocionante, las dos familias estaban como locas, nuestros padres se aguantaban la emoción y las ganas de llorar como podían aunque sin mucho éxito… Todo el mundo se divirtió muchísimo, nos lo pasamos genial y fue todo de lo más bonito y muy romántico.
Al final, por suerte, no llovió, que era una de las cosas que más miedo me daban, sino que nos hizo un día radiante.
Algunos momentos empañaron el día, como por ejemplo que el cura no nos dejara leer los textos que habíamos preparado previamente, y casi al final de la ceremonia, aunque habíamos hablado con él antes y le habíamos advertido de mis recelos, nos coló en su discurso una referencia insoportablemente machista. El cura dijo:
Tú, Ifoxe, cuida de Pimkie; y tú, Pimkie, cuida de la familia…
Aún no he visto el vídeo, pero es probable que en ese punto se oiga un agudo “Quéééééééé???!!!!” Durante ese momento, Ifo tuvo que agarrarme la mano con fuerza, como diciéndome:
Tranquila, no le saltes al cuello al cura ahora, que esto ya casi se ha acabado…
Tampoco nos gustó cuando el encargado del restaurante, en el momento en que estábamos repartiendo los regalos, quisiera hacernos un comentario sobre algo que no estaba previsto en un momento en el que íbamos bastante apurados de tiempo y no tocaba abrir una discusión al respecto; o el puñetero vestido de Pronovias, que me dejaron tan estrecho que apenas podía moverme, ni siquiera darle un abrazo en condiciones a mi marido, y los tirantes del vestido me hicieron unas heridas que me han durado toda la luna de miel y de las que todavía tengo marcas (así no se hacen las cosas, he quedado bastante decepcionada con ellos). O el vestido blanco y cortito de mi cuñada… es que es para matarla.
Por lo demás, todo genial. Mi hermano intentó ligarse a la fotógrafa desde el momento en que entró por la puerta. Mi padre no sabía cómo aguantarse las lágrimas de la emoción. Durante la lectura del poema que había escrito Ifo para mí, Toni me arrancó las primeras lágrimas, y una de las primeras carcajadas con aquéllo de “pero chiquilla, ¡espabila! que el novio esperando está…“. La fotógrafa, al llegar a la Iglesia, le dijo al novio, “¡esa casa es un caos!” y con toda la razón, porque en mi casa habían más de 20 personas, la mitad de las cuales se cambiaron de ropa directamente allí (tenían más de una hora en coche desde el pueblo de mi familia hasta mi casa, y no quisieron salir vestidos de su casa para no llegar con los trajes arrugados), todo el mundo quería intervenir, salir en todas las fotos (sobre todo mi hermano), cotillear a ver qué pasaba, ver cómo me maquillaban, me vestían, me peinaban, me hacían las fotos en mi habitación… bueno, un auténtico caos, pero divertidísimo.
Mi hermano se comportó de una forma muy emotiva, estuvo muy cariñoso, quería salir en todas las fotos, participar en todo, no quería quedarse al margen de nada. Me dijo un montón de veces lo guapa que estaba, que parecía una princesa, se puso nerviosísimo cuando le tocó leer a él su texto en la Iglesia (después me dijo que estuvo a punto de hacer “Testigo a la fuga“, de los mismos nervios …), lloró en el restaurante…
Al final de la ceremonia acabamos todos dando rienda suelta a todas las emociones contenidas, llorando y abrazándonos. Genial la peluquera y maquilladora, que nos maquilló a mi madre y a mí con maquillaje resistente al agua, porque si no antes de la una del mediodía habríamos tenido las dos la cara negra como un tizón.
 
Dos momentos muy emocionantes fueron cuando mi padre me dejó junto al altar, al lado de Ifo, y le dijo:
Aquí te la dejo, cuídala bien.
O cuando mi suegro, justo al acabar la ceremonia, entre besos y abrazos, me miró con los ojos en lágrimas y me dijo:
Bienvenida a la familia.
Mi suegra compró dos ramos adicionales para la Iglesia, enormes, aunque si os soy sincera, sé como son por las fotos, porque desde luego una vez allí ni me fijé en ellos. Mi suegra me preguntó por ellos, me dijo que si me habían gustado, y le dije que sí, que eran preciosos, ¿qué le iba a decir, si ni los había visto, pero ella lo había hecho de corazón? Ifo me confesó después que él había le había dicho lo mismo porque ni se había fijado… También contrató a un violinista sin decirnos nada, para que nos tocaran música de violines durante la ceremonia, y a la salida tocara el Virolai. Si os soy sincera, esta es la única parte que no me hizo gracia del todo, porque aunque se trataba de una sorpresa, la música de salida de los novios nos la podía haber consultado, ¿no? Bueno, en cualquier caso, se lo agradezco muchísimo, fue un detallazo por su parte y la verdad es que la música ponía los pelos de punta de la emoción dentro del templo.
Tanto a su madre como a la mía les debe haber costado horrores mantenerse al margen y no organizar más cosas, porque lo cierto es que ambas nos han dejado hacer a nuestro antojo, nos han dado consejos e ideas pero no se han metido más que para lo que nosotros las hemos llamado.
Mi madre nos puso un nudo en la garganta a todos los invitados en el restaurante y a mí me hizo llorar como una Magdalena con la canción que nos dedicó, una de Pimpinela titulada “Aquí estoy yo“ con una letra que todavía me hace llorar de la emoción.
 

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