Hasta las 6 de la tarde he estado espachurrada en el sofá con el pijama de Snoopy, que todavía no me he quitado, demasiado hecha polvo como para plantearme un movimiento que implicara poner en funcionamiento más allá de 10 o 12 músculos (lo justo para cambiar de canal en la tele, y limpiarme la babilla si acaso, pero no más). Si hace 10 años me hubiera encontrado en este lamentable estado, probablemente a estas horas estaría repitiendo como un mantra:
No vuelvo a beber en mi vida, no vuelvo a beber en mi vida…
Pero no es resaca, es simple agotamiento laboral, y eso fastidia más. Al fin y al cabo, sarna con gusto no pica, que decía mi abuela, ¿no?
La semana pasada ya estaba para el arrastre, el sábado me tocó trabajar (nada, apenas 3 horitas, de 9 a 12, pero lo justo para darte por saco por tener que levantarte temprano, y ya ir el resto del día desquiciada por no haber podido dormir a pata suelta hasta las tantas), y el domingo a mi marido le pareció que sería divertido celebrar los 3 meses de casados en Port Aventura. Otro madrugón y todo el día de trote. El lunes ya no podía con mi alma, y he llegado al viernes casi arrastrándome y en un estado lamentable. De hecho, ayer fue uno de esos días en los que me habría encantado ir a trabajar en chándal, o mejor aún, quedarme en casa en pijama y zapatillas y hacer teletrabajo.
Así que anoche me quedé dormida en el sofá escuchando a la madre de Belén Esteban poner verde a su ex-consuegra (la madre del impresentable de Jesulín, no me gustaba hace 10 años cuando las mujeres le tiraban las bragas a la plaza y todo el mundo le ría las gracias, ni me gusta ahora que se ha convertido en un sieso. Si me apuras, hasta me cae mejor la Campanario que él, fíjate lo que te digo). Total, que me quedé dormida viendo el programa del Cantizano hasta que Ifo vino a buscarme para llevarme a la cama. Y hoy me he despertado a las 10 y no podía con mi alma. Me he arrastrado casi a cuatro patas al comedor, me he preparado mis cereales, y a marmotear hasta la hora de la comida; un bol de pasta y al sofá otra vez.
Y no te creas que me he despegado del sofá por un súbito ataque de dignidad, ¡qué va! es que tengo un dolor de cabeza insoportable y un calor horroroso. Y el estampado del sofá marcado en la cara.
En esta entrada hablo de: cotilleos, famosillos, Ifoxe, matrimonio, trabajo
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