Boicot. Y si no lo es, se le parece mucho. Es que no se me ocurre otra palabra para describir lo que nos están haciendo (sobre todo a mi jefa) unos compañeros de trabajo de otro departamento. No tengo toda la información, no sé qué es lo que se cuece en las “altas instancias“, pero veo lo que ocurre a mi alrededor y cada día alucino más.
Desde hace ya no sé ni cuanto tiempo (creo que llevamos toda la vida metidas en harina) estamos trabajando en un proyecto muy importante, que reflejará nuestra imagen de cara al exterior, y que implicará cambiar la forma de trabajar de más de 500 personas, muchas de ellas voluntarias. El trabajo es abrumador, y hay 4 personas, de dos departamentos diferentes: mi jefa y yo, y dos personas de otro departamento, para sacar adelante el proyecto. Más todo el equipo en las diferentes empresas contratadas especialmente para desarrollarlo y ponerlo en marcha. Nos estamos dejando las pestañas para coordinarlo, para que los diferentes equipos funcionen como un reloj… y mientras tanto lo único que nos encontramos es una zancadilla tras otra.
No puedo asegurarlo, pero creo que ayer mi jefa se fue a casa llorando de frustración y de impotencia. Y es que la situación ha llegado a un límite en que no es para menos. Ayer yo me sentía como si estuviera en el camarote de los Hermanos Marx, y a ella las miradas asesinas la delataban.
Nosotras dos somos las que hemos estado en todas las reuniones de seguimiento del proyecto, yo me he encargado de la redacción de las actas y de controlar las tareas pendientes; y ella se lee los documentos que yo le paso, los compara con sus apuntes, lo comentamos y corregimos lo que toque. Como podéis imaginar, tenemos bastante controlado lo que se acuerda en las diferentes reuniones y los temas pendientes que corresponden a cada equipo. Sin ninguna duda, lo tenemos todo mucho más controlado que aquéllos que ni siquiera tienen la decencia de venir a las reuniones, claro.
Porque la otra mitad del equipo se pasa por el forro más de la mitad de las reuniones; es habitual que, cuando se deciden a venir a una reunión a la que estaban convocados, se marchen a la mitad y nos dejen a medias, o ni siquiera se presenten aunque saben que les necesitamos para poder avanzar en el proyecto. Y cuando finalmente se deciden a honrarnos con su presencia, nos cambian los acuerdos que ya habíamos cerrado en reuniones anteriores, con lo que tenemos que volver a empezar. Obviamente, esto hace que vayamos muy mal de tiempo, que las empresas contratadas se mosqueen con esta dinámica de trabajo tan caótica y porque no se cumplan los plazos que a ellos sí les exigimos con puntualidad británica, y que nosotras dos nos encabronemos con nuestros compañeros, que no nos lo ponen nada fácil.
Como ya hemos detectado que se escaquean con sorprendente regularidad (de cada 4 reuniones, vienen a 1 y media), hemos optado por acorrarlarles en su departamento y tener reuniones preparatorias, al menos para poder seguir avanzando aunque ellos no estén. Y en esas reuniones preparatorias si no nos hemos acabado tirando de los pelos es porque somos gente diplomática y preferimos insultarnos, que queda más digno. Como os decía antes, tenemos controlados los acuerdos a los que llegamos en cada reunión, porque los tenemos por escrito, y tenemos documentados también los cambios de criterio que se producen de una reunión a otra. Bueno, pues si les hacemos notar que eso no fue lo que acordamos, nos encontramos con sonrisas sardónicas y frases del tipo:
¿Cómo no va a ser eso lo que acordamos? Os veo un poco despistadillas, ¿eh?
Dan ganas de matarlos. Nos miramos la una a la otra y con la mirada nos preguntamos:
¿Qué prefieres? ¿Homicida o cómplice?
También nos hemos encontrado con tapones a la hora de conseguir información. Necesitamos que nuestros compañeros nos pasen información, y se tiran días para dárnosla, nos dicen que eso que les pedimos es muy complicado y que van de culo y no tienen tiempo, con lo cual el proyecto va todavía más retrasado aún. Pero lo que pasó ayer es que clama al cielo. La información que nos habían estado pasando con cuenta-gotas, a trozos y con días de retraso… resulta que no es fiable. Y se dan cuenta ahora. Ayer por la tarde fue algo caótico intentando cuadrar los datos de los distintos ficheros que nos habían ido pasando y obtener algo mínimamente coherente. No estoy muy segura de que lo hayamos conseguido.
En cualquier caso, ayer el boicot fue ya evidente. Y que es imposible trabajar con este grado de bloqueo por parte de nuestros propios compañeros.
No sé qué ocurrirá después del verano, mi jefa está convencida de que ella no continuará, y de que todo esto probablemente tenga consecuencias para nuestro departamento (sí, encima somos nosotras las que nos vamos a comer el gran marrón), lo que me implica a mí personalmente. No sé si se cargarán nuestro departamento, y qué pasará conmigo en ese caso. Y me jode, me jode mucho porque el curro me encanta, cuando entré aquí ya dije que esto era el Trabajo con mayúsculas. Aún no estoy en el área, con las funciones y la responsabilidad que me gustaría, pero tengo un gran futuro por delante, y además me encanta mi trabajo, me encanta mi jefa (tan diferente de otras que he tenido, por cierto…), me encanta lo que hago, me encantan las condiciones de trabajo, me encanta la gente con la que trabajo y me encanta trabajar aquí.
Lo último que me apetece es volver de luna de miel, y encontrarme con que estoy el paro, la verdad, y todavía me jode más que sea por culpa de unos incompetentes que nos están haciendo la vida imposible en este proyecto, en el que nos estamos teniendo que comer un marrón detrás de otro que ni siquiera son responsabilidad nuestra, dando la cara por ellos, y que nos la jueguen de esta manera.
La vida es injusta, y el mundo laboral todavía más.
En esta entrada hablo de: cabreo, idiotas, mentiras, navajazos, trabajo



