Vainilla, mora, manzana verde, coco… Son los olores con los que perfumo mi casa, con aceites esenciales y un quemador, o a veces con incienso y velas perfumadas. Antes no podía hacerlo, porque a Joan le molestaba bastante, pero una de las ventajas que tiene el vivir sola (aparte de ser la dueña y señora del mando a distancia, que eso no se paga con dinero) es poder perfumar mi casa como me da la gana, sin que nadie se me ponga de morros.
También he jubilado las toallas azules que me traje cuando me mudé a vivir aquí, y las he sustituido por unas mucho más agradables al tacto, y de color rosa fosforito. Ahora mi cuarto de baño es una auténtica fiesta de colores: las toallas rosa fosforito, el albornoz amarillo piolín… ¡hasta el agua de la cisterna es de color azul!
Aromaterapia, colorterapia, comer porquerías en el sofá, el mando de la tele solo para mí, quedarme dormida viendo Dolce Vita y que nadie me mire por encima del hombro… ¡Me encanta vivir sola!
En esta entrada hablo de: apartamento de soltera, ilusión, independencia, piso
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