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Llevo varios días dándole vueltas a esta noticia: una juez (¿jueza?) de Manresa le ha retirado la custodia de su hija a una mujer por predisponer a la niña en contra del padre. Y eso no es todo, sino que la sentencia no permite que la niña vea ni a su madre ni a ningún familiar materno en 6 meses. Le otorga la guardia y custodia al padre y, para que el golpe para la pequeña (de 8 años) sea menos duro, sentencia que durante los primeros meses vivirá con los abuelos paternos para que el padre (que, por otro lado, parece ser que no está preparado para hacerse cargo de su hija) pueda entrar en contracto de forma paulatina con la pequeña y que esta se acostumbre a su presencia.
Aparte de que les haya pasado el marrón a los abuelos durante una buena temporada, no sé yo si esta es la mejor manera de conseguir que la niña tolere a su padre. La jueza y la psicóloga contratada por el padre alegan en la sentencia que la niña padece el Síndrome de Alienación Parental (SAP), que al parecer fue ideado por un pederasta reconocido para justificar la continuidad del maltrato y el abuso sexual infantil alegando que los niños que sufrían abusos sexuales en realidad “inventaban” tales abusos inducidos por sus madres. Este síndrome ha sido recogido como la gran herramienta supuestamente “científica” por ciertos grupos de Padres Separados y Divorciados.
Por mi parte, lo cierto es que no me extraña en absoluto que la madre haya hablado mal de su ex a su hija, que llama papá al novio de su madre. Lo que sí me extraña es que, simplemente hablando mal de él, la niña haya llegado a cogerle tanta manía que se esconda al verle. La madre puede haberlo pintado como un monstruo, pero si cuando la niña está con su padre este la trata bien y la niña está a gusto… Vamos, que no me cuadra. Y, por otro lado, me pregunto: ¿qué clase de perrerías le habrá hecho el exmarido para que la madre le tenga tanta manía? Vamos, mejor no me cuenten que me lo imagino…
Y en todo esto estaba yo pensando, cuando me encuentro con esto: Un juez invoca a Dios y la importancia de la familia para dejar sin efecto una orden de alejamiento. Ole, dí que sí, con un par. Resulta que la madre maltrataba a la hija de 10 años y fue condenada a 6 meses de cárcel (!!!) y a no acercarse a la niña. Pero la jueza ha dejado sin validez la orden de alejamiento (y sin protección a la niña) alegando que «a pesar de las órdenes de alejamiento no se puede privar a los hijos de su madre ni a la madre de sus hijos. De que se tengan los unos a los otros, lo único que siempre nos queda es la familia». Pues esa familia, para la señora jueza, que en casos así mejor está una sola que mal acompañada. Dice que Dios no quiere que la madre esté separada de sus hijos. ¿Y Dios quiere que las madres peguen a sus hijos y los jueces no hagan nada por impedirlo?
Y, para acabar de fastidiarme la tarde, otro titular: Un hombre apuñala hasta la muerte a su ex mujer en Alicante, y cuando viene la policía a detenerle les dice que esto se veía venir. La mujer renunció a una orden de alejamiento y evitó tres condenas para el presunto agresor. Pues igual sí que es verdad que se veía venir. A lo mejor es que diox también lo quería así, pero a mí no me entra en la cabeza, no puedo entenderlo. Puedo entender la brutalidad de algunos salvajes, pero no puedo entender la dependencia que generan en sus víctimas, y el por qué estas no salen por piernas al primer guantazo, por qué no se hicieron valer la primera vez que sus verdugos les levantaron la voz. ¿Por qué siguen poniendo en peligro sus vidas? ¿Y por qué sigue habiendo quien lo justifica, argumentando que se lo merece? No lo entiendo, no puedo, me supera.
Como diría Toxcatl, es-peluznante, totalmente peluznante.
Blogomendación: os recomiendo el post de J. Coltrane sobre la historia de Marilyn. No quiero destriparos el final, pero trata de una chica que sufre malos tratos por parte de su marido y decide tomar una drástica decisión cuando ya no aguanta más. Y el comentario que le he dejado en la entrada:
Lo único que quería era volver a vivir la vida como hubo un tiempo en que la vivió. Si algo lamento, es que esta frase nunca se hará realidad para Marilyn, porque le esperan unos cuantos años de cárcel.
Aunque, de hecho, ya los haya pagado con intereses y por adelantado conviviendo en una cárcel a la que llamaba casa (porque a eso no se le puede llamar hogar) con el animal que tenía por marido. No sirven atenuantes. Nadie hizo nada por evitarlo. Marilyn doblemente víctima.
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Como os comentaba ayer, mi ex me debe pasta, mucha pasta. Solo me ha pagado una tercera parte de lo que me debe tras la separación de lo que había invertido en el piso que teníamos en común más las reformas, etc. y aún no tengo en mi poder los documentos que dicen que estoy liberada de la hipoteca que firmamos juntos, aunque él asegura que yo ya no consto en ellos. Estoy por llamarle y tirarle otra vez de las orejas, a ver hasta cuando se ha creído que me puede tomar el pelo.
Según dice mi madre que le contó este impresentable, pidió un préstamo para pagarme lo que me debe, pero como decía a mí me hizo una transferencia por una tercera parte, así que imagino que el resto de la pasta se la ha quedado él, para acabar la reforma inacabable (esa en la que, cuando vivía conmigo, se negaba a contratar a nadie para que la terminara y así se hizo eterna), para comprar nevera y lavadora que yo me llevé porque eran mías, o lo que sea. Él me dijo ofendidísimo que lo que no iba a hacer es quedarse sin un duro para pagarme a mí lo que me debe (por favor, faltaría más, notejode), y que el pastizal que falta todavía me lo iría dando poquito a poco (cuando cobre la paga extra, cuando cobre lo de hacienda, y así, sin estrés, en su línea, don pachorrón, así no me lo quito de encima ni dentro de cuatro años bisiestos). No he vuelto a ver un duro y él no da señales de vida.
Por puro interés morboso, me ha dado por mirar en la cuenta que teníamos en común, por la que nos pasaban la letra de la hipoteca para ver cuánto le clavan ahora con las últimas subidas del euribor. También es la cuenta por la que él cobraba la nómina: sigo figurando como titular, y el muy gilipollas sigue cobrando la nómina por ahí. Hace falta ser imbécil para seguir cobrando la nómina en una cuenta conjunta con tu ex, pero si por algo se caracterizaba el mío es por tener menos luces que una patera. El día que se me gire la pinza, me presento en la oficina del Santander más cercana el día uno, y le retiro los poco más de mil leuros que cobra. Igual así aprende y para el mes siguiente pide que le pasen la nómina en otra cuenta, pero ese mes le jodo vivo.
También le siguen pasando recibos por esa cuenta, y gracias a eso he descubierto que el mes pasado ya tenía conexión ADSL, y tengo incluso el número de teléfono de su casa (un número de teléfono con prefijo de El Prat, lo que indica que, como me temía, efectivamente está viviendo con La Tarada en el piso que él y yo compramos juntos, porque con su sueldo y con lo que le clavan de hipoteca, no llega para ponerse Internet, ni siquiera para comer todos los días). Ya puestos a hacer putaditas, ¿qué me decís de llamadas a las tres de la mañana a su casa, en las que una voz de ultratumba le diga algo así como paga, cabrón?
Todo esto no son más que ideas que probablemente nunca llevaré a la práctica. Ifoxe me dice que por qué no lo hago, y que en lugar de fantasear con lo que podría hacer, nos demos un homenaje a cuenta del sueldo y la paga extra de mi ex, ningún momento mejor que este ahora que cobrará la extra de verano. Si yo soy mala, él es malo y medio.
Y en cuanto al capullo de mi ex, que no me toque mucho los coxones, porque a estas alturas ya tendría que saber con quien se la juega.
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Hasta para cosas en las que no tengo la más mínima responsabilidad, llego siempre tarde. Me explico: Ahora que mi ex me había pagado una tercera parte de lo que me debía de cuando nos separamos, estaba yo pensando en aprovechar y sacarme de una puñetera vez el carnet de conducir. Y me entero de esto:
Tráfico prestará dinero a jóvenes entre 17 y 25 años para que se saquen el carnet de conducir. Este programa facilitará la concesión de préstamos bancarios a cambio de que los beneficiarios (entre 80.000 y 100.000 al año) participen en un programa de seguridad vial. El tipo de interés será del 0% y no habrá ningún gasto adicional. El joven elegirá el plazo de amortización que mejor le convenga en función de su capacidad de pago. El plazo máximo de amortización del préstamo será de 27 meses si el importe es inferior a 750 y de 36 meses si es superior.
Y pienso, ¡mierda, otra vez llego tarde! Pero esta vez no es culpa mía, que conste. Pero ya podrían haberlo aprobado en el primer año de legislatura, y no ahora que ya he cumplido los 26, y como no me voy a poder beneficiar de este préstamo no me va a quedar más remedio que pagarlo a toca-teja (por unos meses, cawentó… si es que me hago mayor…)
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Como os comentaba ayer, el fin de semana pasado estuvimos en Canet, un finde de sol, playa y pesca. Sobre todo sol. Tanto que Caramelito lleva con la piel quemada desde el sábado por la tarde cual churrasco de ternera. El sábado por la noche y el domingo parecía un langostino a la plancha, pero ahora está más bien como un filete a la barbacoa.
Es muy rubito, de ojos claros y tiene la piel también muy clara y sensible. No se puso crema protectora, era la primera vez que íbamos a la playa en años, y claro, se ha quemado la piel por el sol. Normal. Ha pasado un fin de semana horrible, no se le podía ni rozar, sobre todo son las piernas donde más le ha tocado el sol, de la rodilla para arriba, y claro, al caminar le tira la piel y le molesta muchísimo. Incluso el after sun que le puse el sábado por la noche le ardía sobre la piel, y eso que era para niños. Seguro que a partir de ahora no se olvida de ponerse crema protectora factor 30 como mínimo antes de volver a ir a la playa…
Es normal que se quemara. Lo que ya no es tan normal es que lleve desde el sábado por la tarde con la piel enrojecida y rabiando de dolor, y estemos a miércoles y siga igual. Lleva tres días de baja, teóricamente mañana tendría que ir a que le dieran el alta y poder ir a trabajar el viernes. Casi una semana fuera de juego por una quemadura solar. Suena fuerte, pero es para verlo. Le cuesta caminar, le duele al doblar las rodillas, se queja de que le pica muchísimo, le han tenido que poner una inyección para bajarle la inflamación, sprays para el enrojecimiento de la piel, pastillas… y aún así, 5 días después, continúa rojo como carne a la parrilla.
Me sabe fatal por él, quiero ayudarle, hacer que se sienta mejor, pero no sé como. Y mi propio estado de ánimo tampoco ayuda demasiado, la verdad. Ayer, por ejemplo, estaba bastante agobiada, fui de puto culo todo el día, sin parar, comimos casi a las 6 de la tarde, y cuando llegué a casa eran más de las 8, y eso que había salido del trabajo a las 3. Lo peor es la sensación de que no me cunden las horas, que no llego, que tengo muchas cosas por hacer y no me da tiempo a nada.
Estuvimos en el ambulatorio para que le pudieran dar la baja (el día anterior habíamos estado en urgencias), y fue todo un cachondeo, venga a llamar y a correr de un lado a otro, porque en los datos de la seguridad social él constaba todavía en la cartilla de su padre (flipante: hace más de 8 años que trabaja asegurado por su cuenta, y aún consta en la cartilla familiar como si fuese menor). Encima no tenía la tarjeta sanitaria porque le robaron la cartera hace unas semanas y no podían cambiar el número de afiliación por el correcto, y sin el número correcto no le podían dar la baja. Llama a su madre a ver si tiene la tarjeta sanitaria que le han enviado a casa al perder la otra, su madre no está en casa; llama a su hermana que vaya a buscarla, no puede; llama a la empresa para que en recursos humanos se lo miren, la persona de recursos humanos ha terminado ya su jornada; vuelve a casa, busca una nómina, vuelve al ambulatorio, cambia el número en recepción, vuelve a la consulta del médico, ya ha terminado su jornada (15 minutos antes de la hora, no le echa morro), vete a urgencias que allí te hago la baja… ¡Joder, qué estrés!
Por cierto, que el médico de cabecera de Ifo, el Doctor Cristóbal, me parece que ha visto demasiados capítulos de House. El tío iba de cachondo y de enrollado, pero lo primero que hizo al verle las quemaduras del sol fue soltarle un “pero será burro…” Vale que esto es la seguridad social, pero córtate un pelo, tío.
Cuando volvimos a casa, él decidió irse a casa de sus padres a buscar no sé qué cds que necesitaba para algo de un juego on-line. Dijo que quería dejarme sola un rato, para que descansara y me desestresara. Se lo agradezco, es un detalle por su parte, porque es verdad que necesitaba desconectar un rato, después del agobio de todo el día. ¿He dicho que le cuesta caminar y que rabia de dolor especialmente en la zona de las rodillas? Sus padres viven en un tercero sin ascensor. Me hizo cualquier cosa menos gracia: lleva varios días quejándose de que apenas puede caminar ni doblar las rodillas, y se sube tres pisos y se baja otros tres de escaleras en una finca antigua. Ole. Pues me sé yo de uno que hoy va a tender la colada, que si puede subir 50 escalones, puede tender unas cuantas camisetas.
Hoy, cuando salga del trabajo, iré a llevar el papel de la baja a su empresa, porque encima al puñetero fax de los coxxxs no le ha dado la gana de funcionar hoy. Debe estar planificando ya sus vacaciones y se desconecta solo. Genial. Pues me voy a quedar un rato en el Starbucks que hay al lado de su oficina leyendo el periódico, me hace falta relajarme un poco.
Necesito unas vacaciones ¡YA!
P.D. Acabo de escribir el post, y me dicen mis compañeras que hay un report en el fax. Parece que su baja al final sí se ha enviado bien. Me acabo de quedar sin excusa para ir al Starbucks. ¿Puede salir algo bien esta semana?
Album de fotos asociado.
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Después de una temporada con un bajón emocional importante, de tener miedo por cualquier cambio en el estado de ánimo (por insignificante que fuera) que pudiera detectar en mi pareja, de pasarlo realmente mal y de tener alguna que otra enganchada bastante gorda, por fin lo aclaramos todo.
Estuvimos hablando durante horas, me hizo una confesión que me partió el alma en dos pero no pude menos que comprenderle, su estado de ánimo y mi comportamiento tampoco le habían dejado demasiadas opciones. Ahora que lo hemos hablado y todo está aclarado, estoy convencida de que todo volverá a ser como antes: los mismos mimitos, los mismos besos, la misma pasión y el mismo comportamiento empalagoso que hasta que empezó el bajón.
Este fin de semana estuvimos en Canet, sol y playa. Especialmente sol, mucho sol. Tanto que él lleva desde el sábado por la tarde como un filete a la brasa, y yo tengo un moreno entre paleta y rojo vino. Y la rabia que da comprobar lo morena que me podía haber puesto si me hubiera quitado la camiseta y los pantalones piratas…
Nos pasamos el sábado en la playa con mi padre y mi hermano, pescando hasta la hora de comer. Había una corriente de la hostia, tanto que me mareé y me puse malísima, con unas ganas de vomitar en alta mar cosa escandalosa.
Las vacaciones las pasaremos allí, después de que se nos fastidiara el plan de ir a los sanfermines un fin de semana. Estaremos dos semanitas allí, los dos solos, en plan luna de miel reloaded. Tengo tantas ganas de irnos de vacaciones que hace días que no pienso en otra cosa, en el trabajo no me puedo concentrar. Desde la semana pasada estoy haciendo jornada intensiva, de 9 a 3, y son las 6 horas que menos me cunden en todo el día, estoy como en babia, conecto el piloto automático y ni me entero de lo que hago. El 16 de julio empiezan oficialmente nuestras vacaciones, pero desde el viernes 13 (Oops!) agarramos la maleta y nos largamos al solete del Maresme, a disfrutar de la piscina y del sol (con protector solar factor 30, mínimo, ¡y esta vez sin camiseta!). ¡Qué ganas tengo de empezar las vacaciones!
TODAS LAS FOTOS AQUÍ.
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Hasta hace relativamente poco tiempo, siempre tuve como máxima en el sexo que NUNCA nunca nunca haría nada que no me gustase o apeteciese. Pero desde hace unos meses he renunciado a esta máxima, y he hecho o he intentado hacer cosas que no me gustan, que me resultan desagradables o incluso dolorosas, para satisfacer a mi pareja. Pero, para mí, el sexo así no es divertido, sino todo lo contrario.
He sentido dolor, he hecho cosas que para mí eran desagradables… Y cuando me puse enferma creo que fue la gota que colmó el vaso. A partir de aquel momento, todo cambió, y mi actitud también. Desde aquel momento, el miedo puede conmigo, se ha hecho una gran bola en mi interior que crece cada día que pasa y me bloquea, y nuestra forma de encararlo está complicando aún más el asunto.
Ahora todo esto me está pasando factura emocionalmente y está afectando a nuestra relación de pareja. La semana pasada se lo confesé, le dije lo que no me gustaba, y que me había estado esforzando pero no puedo, y eso nos deja frustrados a los dos. El resultado ha sido peor de lo esperado: los dos estamos tocados emocionalmente, con la sensación de haberle fallado al otro, y sin saber cómo arreglarlo.
Ayer tampoco pude hacer el amor con él, volví a bloquearme. No me sentía preparada, no me apetecía (algo que él no puede entender, ¿cómo puede ser que no me apetezca hacer el amor con la persona que amo, fundirnos en uno y tocar el cielo con los dedos? Incomprensible), estaba cansada, y el hecho de que los dos (pero él mucho más que yo) estuviéramos quemados por el sol no ayudaba a aumentar mi líbido precisamente. Y la presión me superó. No pude continuar. Cuando me penetró me bloqueé, todo mi cuerpo se puso rígido y en tensión, y tuve que hacerle parar. No pude. Que crea que le he engañado o que me estoy desenamorando de él no ayudan precisamente a que me sienta mejor y a recuperar mi confianza perdida.
Yo no soy como esas chicas con las que él ha estado antes, y nunca lo seré. Tampoco quiero serlo. Me he esforzado por darle lo que quiere, lo que a él le gusta, pero no puedo, así no puedo. Él no está acostumbrado a encontrar a una princesita bajo las sábanas, y yo no sé comportarme de otra manera. No puedo, no me sale, no soy así, no me gusta.
Las alternativas son: o sexo aburrido y monótono para su gusto, o sexo frustrante y desagradable para el mío. Eso, en el caso de que lleguemos a ponernos de acuerdo y el amor no se nos rompa antes.
Maldita trinchera.
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A veces me comporto como una niña malcriada y consentida a quien se lo han perdonado siempre todo. No importa lo que haga, no importa que meta la pata hasta el cuello, porque siempre me lo van a perdonar todo, sea lo que sea. Y me comporto de manera irresponsable y egoísta, sin tener en cuenta los sentimientos de los demás.
Ayer volvió a ocurrir. No, mejor dicho: ayer lo volví a hacer.
Ayer, por primera vez desde hace días, él estaba animado, se sentía mejor, parecía que los unos tibios rayos de sol podrían abrirse paso entre los nubarrones… Y metí la pata otra vez. Aún no me explico cómo, pero el tiempo me pasó volando, me olvidé de todo lo que tenía a mi alrededor, estuve una hora trasteando con mi juguete nuevo (desesperada porque las estadísticas siguen sin funcionar, y porque he perdido las fotos del blog antiguo por toquetear lo que no debe, aunque espero poderlas recuperar en unos días).
No sirve de excusa decir que, por primera vez desde el momento en que hablé para decir lo que debería haber callado y aguantado yo solita (en lugar de cargarle el marrón a él), estaba relajada y podía pensar en otra cosa que no fuese lo mal que me he sentido desde ese día; que por primera vez en tres días podía aflojar el hilo de mis nervios que me mantenía en tensión constante y a la espectativa. Ví una sonrisa en sus labios dibujada durante toda la tarde, que se mantenía cuando llegamos a casa, y me quedé tranquila. Y a lo mío. Y a volver a cagarla, que también es lo mío. Si es que parece que no aprendo.
No me extraña que él tenga la sensación de que paso de él, y de que voy a la mía. Le quiero con locura, y sin embargo él tiene la sensación de que no me importa, de que no me preocupo de cuidarle lo suficiente. Y a veces tiene razón, voy tanto a mi bola que desconecto del mundo real. Y le hago daño. Una frase que me dijo anoche se me clavó como un aguijón: “no pasan ni 10 minutos sin que piense en tí… yo sí que estoy enamorado.” Yo también pienso en tí, te llevo en mi corazón, en mi mente y en mi piel. Pero con pensar en tí no es suficiente.
Si sigo así, se va a acabar hartando de mí, me va a acabar dejando por imposible. Y por imbécil. Porque con amar solo no es suficiente, si no le demuestras que le amas, si no se nota en las pequeñas cosas, en el día a día, en esos gestos como el de anoche en los que él espera que reaccione de una manera y yo actúo justo haciendo la contraria. O reacciono de una puñetera vez o te pierdo.
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Reich anunció hace casi dos meses que nos dejaba. Era una despedida sin lágrimas en los ojos, nos decía que mantener su blog “Buscando novio” le resultaba agotador y ya no le divertía, pero nos dejaba colgados de una esperanza: “Quizá vuelva con energías renovadas algún día a este blog (…) opto por dejarlo en “stand by” una temporada y esperar a ver qué pasa.” Han pasado ya casi dos meses desde el frenazo en seco de uno de los mejores blogs que he leído hasta ahora, así que más vale que me vaya haciendo a la idea de que Reich tiene otras cosas mejores que hacer.
Es una lástima, porque me encantaban sus historias, en muchas de ellas me he podido sentir reconocida, y otras me enternecían al tiempo que me regalaban una sonrisa. Reich tiene una forma de expresarse y de explicar sus historias que hace que enseguida le tomes cariño. Nos dijo que escribir Buscando Novio ya le empezaba a cansar, estaba forzando mucho las cosas y ya no le resultaba divertido. No me extraña, regalarnos una historia diaria no debe ser fácil, y Reich no fallaba nunca. Los que nos habíamos convertido en adictos a su blog encontrábamos todos los días nuestra dosis de ternura y cariño en sus palabras.
Quizá (y solo quizá) el origen del cansancio y del aburrimiento de Reich radique en que su blog había dejado de ser solo suyo, y en los últimos tiempos escribía más para nosotros, sus lectores, que para sí misma. La habíamos convertido en nuestra presa. Escribir a diario una bonita historia, casi como una obligación rutinaria, estoy segura de que llega a cansar. Ya no escribía por placer sino por obligación, y llega un momento en que se convierte en una carga demasiado pesada y quieres huir de ella. La entiendo perfectamente, aunque su despedida deja un hueco que difícilmente podrá nadie llenar. Creo que estas vacaciones me imprimiré el blog al completo de Reich, lo encuadernaré, y me dedicaré a leerlo entero desde el primer día. Estoy segura de que será una experiencia interesante.
Otra que también nos ha dejado, en esta ocasión sin previo aviso, es Campanilla. No sabemos qué ha pasado, pero hace casi dos meses desde su último post. Quizá el nuevo trabajo tenga algo que ver en su parón, aunque espero que vuelva pronto a su blog: su crítica ácida y su sinceridad descarnada me encantaban. Ella fue la primera persona que dejó un comentario en este blog, y también una de las primeras en hacerse compañera habitual de nuestras andanzas, así que le tengo un cariño especial.
No sabemos qué es lo que le ha pasado, pero por los últimos posts, imagino que debe ser por la sobresaturación del nuevo curro, porque ya no podía postear desde la oficina y tenía que mantener el blog desde casa (y eso da bastante más palo…), y espero que no por ningún problemilla con su J2 que la haya dejado sin ganas (por lo que comentaba, parece ser que últimamente las cosas no iban todo lo bien que deberían). ¡Espero que todo te vaya muy bien, wapa!
Para, por favor, creo que voy a vomitar, se quejaba en su blog de la implacable Ley de Blogger, según la cual todos los blogs que le gustan, tarde o temprano se terminan agotando y desfalleciendo. Da mucha rabia cuando un blogger que te gustaba mucho decide dejar de escribir, tiene razón. Ahora que se acerca el veranito, muchos de nuestros amigos blogueros seguramente no regresarán a nuestras pantallas tras las vacaciones, y su blog se quedará colgado on un último post de despedida estival.
Como decía antes, creo que un blog se hace aburrido cuando una deja de escribir para sí misma y empieza a escribir para los demás. Entonces mantener el blog se convierte casi en una obligación rutinaria, que requiere demasiado esfuerzo para la satisfacción que te aporta, como cualquier obligación. Es por eso que yo prefiero tomarme el mío como mi propio diario personal, pienso seguir escribiendo para mí misma sin imponerme obligaciones de ningún tipo. Y si a alguien le interesa lo que escribo, bienvenido sea.
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En ocasiones, me gustaría ser como la niña burbuja, perderme en el rincón más remoto de la galaxia, ser una gota de agua y fundirme en el océano.
Si es que, a veces, es mejor callar que hablar, sobre todo cuando sabes que lo que tienes que decir hará daño a la persona que amas.
¿Qué necesidad tenías de que te echara nada en cara? Si no te lo dije en su momento y preferí callar y guardármelo, aunque me hiciera daño, es porque no hay necesidad de que sufran dos: con que lo pase mal uno de los dos ya es más que suficiente, por eso no te dije nada.
Ahora debes estar pasando un infierno, tratando de asimilar mis palabras. Yo no quería decírtelo, por muy desesperado que estuvieras. Sabía que sería peor, que te haría aún más daño. No quiero echártelo en cara, no lo hice en su momento y no veía necesario hacerte ningún reproche pasado el tiempo, pero tú necesitabas saber qué era eso que me estaba haciendo tanto daño, que me estaba destrozando por dentro. Querías poner remedio, pero yo sabía que si te lo contaba sería peor, te haría aún más daño. No me dejaste, y te lo tuve que confesar. Y no sabes cómo me arrepiento.
Me arrepiento de habértelo contado, me arrepiento de hacerte sufrir, me arrepiento de todo el daño que te hicieron mis palabras, me arrepiento de no haberme podido negar a tus súplicas, me arrepiento de no haberte podido evitar todo este sufrimiento que ahora te corroe las entrañas y no te deja pensar.
¿De qué vale tanto orgullo,
tanta estúpida pelea,
y perder en un segundo
lo que has buscado una vida entera?
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Parece ser que el post que escribí ayer sobre las molestias que me ocasionan los futboleros cuando se juntan en manada y tienen ganas de armar jaleo me ha hecho ganar fama de cascarrabias, o incluso de amargada. Cuando gente que no me conoce de nada se permite el lujo de criticarme de esa forma por exponer una queja sin haber hecho el ejercicio de ponerse en mi lugar, me siento ofendida. Así que hoy les propongo que practiquemos la empatía en grupo, a ver qué tal. ¿Se atreverán? ¿Tendrán la valentía suficiente para acompañarme? A ver quienes son los valientes que se apuntan a ello.
Supongamos que en el bar de Manolo organizan un torneo de futbolín. Mi pareja y yo nos apuntamos, y tras varios meses de competición, ganamos el campeonato de futbolín. El domingo pasado fue la emocionante final, casi de infarto. Mi hermano, mi sobrino, mi cuñado, y sus respectivas, han venido a animarnos al bar, y han celebrado cada gol que marcaba mi equipo con litros de cerveza. Cuando acaba el partido, estamos todos emocionados, la ilusión nos embarga, y queremos compartir nuestra felicidad con todo el mundo. Son más de las 12 de la noche, pero no nos importa, es junio, hace calor, la noche es joven y ya nos llegará a todos el momento de dormir miles de años.
Cogemos cada uno su coche (¿he mencionado ya que hemos celebrado cada gol con varios litros de cerveza?), y nos dirigimos en procesión a la avenida más céntrica de la ciudad. Esa avenida tiene una rotonda en cada extremo, lo que nos permite pasarnos horas y horas, hasta bien entrada la madrugada, dando vueltas a la avenida, dando rienda suelta a nuestra alegría, dando bocinazos porque estamos felices. Si no entienden qué relación existe entre nuestra felicidad y los bocinazos, no se preocupen, no le busquen explicación: simplemente, únanse a nuestra felicidad.
Llevamos varios coches, estamos alegres, damos gritos, despertamos a los vecinos (a los que, por cierto, nada les importa el campeonato de futbolín del bar de Manolo, y en su mayoría al día siguiente tienen que madrugar para ir a trabajar), y la policía, muy amables, corta las calles que acceden a la avenida para que nadie nos moleste mientras nosotros nos dedicamos a molestar, perdón, a expresar nuestra alegría. Llevamos varias cervezas de más, pero no nos hacen ningún tipo de control, es más: nos cierran amablemente las calles de acceso para protegernos y que podamos circular tranquilamente dando gritos y bocinazos, no vaya a ser que tengamos una desgracia. Que ya se sabe que cuando uno está contentillo, no puede hacer dos cosas a la vez: tocar el claxon y estar atento a los cruces.
Algunos vecinos protestan, no les gusta que no les dejemos dormir con nuestros bocinazos y nuestros gritos. Dicen que tienen que madrugar al día siguiente para ir a trabajar, que estamos molestando su derecho al descanso sin motivo justificado (¿no les parece suficiente justificación nuestra victoria? ¡somos los campeones de futbolín del barrio, caramba! ¡un poco de comprensión por nuestra alegría!), que a ellos no les importa nuestra victoria al futbolín, y que busquemos la manera de celebrarlo sin incordiar a los demás. Hablan de convivencia, de civismo y de derecho al descanso. Son unos cascarrabias que parecen bastante amargados. Al fin y al cabo, nosotros solo estamos siendo felices.
¿Que con nuestra felicidad estamos molestando a los demás? Daños colaterales. ¿Civismo? ¡Esta me la sé! Es una isla griega.
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