El jueves pasado estuvimos en el concierto de Melendi. Uno de esos conciertos gratuitos que el ayuntamiento de Barcelona organiza para hacerse el enrollado una vez al año, con motivos de las fiestas de la Mercé.
Este año tocaban en Plaza Catalunya el primer día Coti y Melendi. El resto y en los demás escenarios, no tengo ni idea, porque ni fui ni me quedaron ganas de repetir. Como cualquier momento es bueno para una reflexión, hoy quiero compartir con vosotros lo que me pasó por la cabeza durante la media hora que estuvimos esperando el cambio de escenario de un concierto al siguiente, en medio de una aglomeración humana como hacía mucho tiempo que no me hallaba.
Para empezar, concierto de un cantante como Melendi (sí, ése del anuncio de Twix que dice “Este es el chocolate que más me pone“…), y gratis, viene a ser algo así como “¡Cojonudo! Me ahorro la entrada, más pasta para costo”. La gente iba puesta hasta las cejas. Lo más light era una combinación de cerveza, calimotxo y marihuana.
No voy a ser yo quien le diga a nadie qué tiene que hacer con su cuerpo. Ya somos mayorcitos todos, y por mí que cada cual haga lo que le dé la gana. Tampoco consiento que nadie me diga a mí lo que puedo hacer y lo que no.
Ahora bien, si me preguntan si es rebelde fumarse un canuto, pues les responderé que lo siento, pero a mí no me lo parece. La fase rebelde sin causa hace como 10 años que la superé. Si algunos aún no lo han hecho, es su problema. Pero es que ni con 14 años, en plena fase rebelde sin causa que hemos pasado todos cuando éramos adolescentes (menos Aznar, que ya se estaba preparando para las oposiciones), ni siquiera en aquélla época he encontrado nada revolucionaro en fumarse un porro. Creo que yo almenos me buscaba alguna causa para mi rebeldía, y en la marihuana nunca la encontré.
¿Me explican qué hay de revolucionario en liarse un canuto en una plaza? ¿Me cuentan qué hay de revolucionario en llegar borracho un domingo por la mañana ¡a casa de tus padres!? Ni lo veía entonces, ni lo veo ahora. Así que no puedo entender porqué se creen tan rebeldes esos niñatos de llavero del Che Guevara y papel de fumar con la foto de Bob Marley. Es más, si me apuran, les diré que ni la marihuana ni el calimotxo me parecen revolucionarios, más bien contraproducentes. Un revolucionario no debe caer en la tentación de las drogas alienantes, que nublan el sentido, te hacen perder de vista la realidad. Un revolucionario debe tener los pies en el suelo, y no la cabeza en las nubes, si realmente quiere cambiar la sociedad en la que vive. Ese tipo de drogas son fomentadas por la sociedad capitalista alienante en la que vive el revolucionario de pin de estrella roja, y de la que se quiere evadir en lugar de luchar por cambiarla. Es demasiado agotador. Es mucho más divertido reír como un imbécil después de la tercera calada.
Corolario: A mí que no intenten venderme ese acto de cobardía, esa evasión de la realidad, como un acto de rebeldía, porque no cuela. Pandilla de niñatos.
Rollo maoísta que me he marcado. Mi Libro Rojo ya tiene un párrafo más.Y les iba a exlicar cómo fue el concierto, en general, pero no merece la pena: empujones de gente borracha y grupitos de niñatos haciéndose los graciosos; caídas de idiotas tan mamados que ni se tenían en pie; vomitonas por doquier de todos los que ya tenían más alcohol que sangre circulando por sus venas. Sobra decirles que no nos quedamos hasta el final del concierto. Una lástima, porque podía haber estado bien.
No les diré lo que tienen que hacer a todos esos niñatos descerebrados, pero sí me permitiré darles un consejo: Si no sabes beber, no bebas; si no sabes fumar, no fumes. Y si quieres beber, si quieres fumar, ¡practica en casa y no molestes!
En esta entrada hablo de: famosillos, idiotas, Sociedad
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